jueves, 30 de agosto de 2012

Cuando la vida se ve de otro color: niños en rosa, niñas en azul

Por Manuel Antonio Velandia MoraAgosto de 2012, España

¿Qué pasaría, señor padre o señora madre de familia, si su hijo de 8 años en vez de pedirle de cumpleaños un balón de fútbol, le pide la última Barbie Veterinaria? ¿Regañaría usted a su niña si en vez de pedir una muñeca Bratz le pide un futbolín (juego de madera que simula un campo de juego de fútbol)?

Bueno, realmente estas no son preguntas retóricas, algo similar le sucedió a Jenna Lyons directora creativa de J. Crew, la marca con la que suele vestirse Michelle Obama. Jenna decidió aceptar la solicitud de su hijo, pero fue un poco más allá, no sólo le concedió el deseo sino que además se hizo una foto familiar con él y su regalo, y la publicó como parte de una estrategia comercial de J. Crew, la cual ha motivado un sinfín de artículos en diferentes medios de comunicación en el mundo, entre ellos Revista Semana que publicó este lunes 20 de agosto el artículo titulado  “Los niños rosados”.

La imagen en cuestión es esta que aparece a continuación, fue difundida en el último catálogo de J. Crew, bajo el título "El sábado con Jenna". En la foto, Lyons ríe con su hijo Beckett de 5 años, de quien sostiene sus pequeños pies en la mano; al lado aparece un frasco de esmalte para uñas que era lo que él quería de regalo; es del mismo tono rosa, del que el niño tiene pintadas las uñas de sus pies. En el texto que aparece al del esmalte se lee "Por suerte para mí, terminé con un niño cuyo color preferido es el rosado. Pintarse las uñas es mucho más divertido si se hace en rosa neón". La ilustración fue tomada del artículo “J. Crew and Jenna Lyons' pink toenail controversy”, publicado el pasado 13 de agosto en Los Ángeles Times.

Lo interesante de la publicidad promovida por J. Crew es que da cabida a un tema del que poco se habla, ha existido desde siempre, pero que es cada vez menos oculto en la sociedad: las variaciones de la vivencia del género en los niños y niñas.

El papá o la madre que ahora conoce el deseo de su hijo o hija puede optar por varias alternativas: 1º. Dárselo y sentirse tranquilo con su respuesta; 2º. Regañarle por “marikón” o “arepera” y darle un regalo que "corresponda a su género"; 3º. Meterlo al clóset comprándole el regalo pero prohibiéndole que lo muestre en público; 4º. Hacerse el pendejo haciéndose el/la que no oyó; y, 5º. Entender que el niño o la niña actúa desde su inocencia y movido por su “querer ser” y no porque ha visto a Oscar marikiando en Protagonistas de novela.

El punto álgido en la respuesta que se le da a los hijos es el debate moral que se plantea en quien enfrenta esa situación, debate que se extiende a la familia, la escuela, los amigos y en el que se mete hasta el cura del barrio o el pastor.

¿Qué tiene de malo que un niño quiera usar un vestido? se titula un artículo publicado el pasado 8 de agosto por Ruth Padawer en el The New York Times NYT. En él se habla del blog Pink Is for Boys cuyo autor escribe desde enero de 2010 sobre la experiencia particular con su hijo. En este blog existen vínculos a otros blog igualmente escritos por padres y madres que han decidido apoyar a sus hijos en su proceso identitario, un proceso que no necesariamente culmina en un tránsito identitario de género o en la homosexualidad, la lesbianidad o la transexualidad, como suele creerse popularmente.

Algunos de los padres y madres que han decidido acompañar a sus hijos en esta experiencia se han vuelto más permisivos con sus hijos, más abiertos mentalmente y más respetuosos de los procesos que viven sus hijos/as y otras personas. Uno de los padres entrevistados por Padawer dice “¿Cómo podía el juego de mi propio hijo - algo que ordinariamente es tan alegre de ver – agitar algún tipo de molestia, por qué ha de molestarme que él quiere llevar un vestido?”

Sarah Hoffman “ama de casa” de profesión, mejor dicho una mujer de esas que fuera de su trabajo doméstico tiene tiempo para otras cosas como escribir sus reflexiones en su blogsaluda a sus lectores diciendo “Si has encontrado mi sitio tal vez su hijo es un niño de rosado también, o su sobrino, nieto, vecino, estudiante o un amigo. O lo eras tú siendo un niño. Tal vez usted lo está siendo en este momento. Es probable que si usted sabe o es un niño como este conozca todo acerca de las burlas en el parque infantil, el acoso, o peor, usted sabe las luchas que las familias experimentan cuando tratan de apoyar y proteger a sus hijos y la falta de aceptación que los niños rosados enfrentan cada día. Todos deseamos que estas cosas sean diferentes”.

Hoffman fue quien acuñó el término "niño rosado", en uno de sus post ella dice: “Mi hijo le encanta el color rosa. Llevaba un vestido en preescolar, lleva años fingiendo que es una princesa, y ahora, como un estudiante de tercer grado, hace tiempo que fluye con su pelo, su afición por lo suave, lo brillante y el rosa. Él es un chico rosa, sólo es un niño diferente”.

También el tema se investiga en las universidades: Christia Spears Brown, Ph.D., profesora asociada de Psicología Evolutiva en la U. de Kentucky, estudia los efectos de los estereotipos de género entre niños y adolescentes, en su artículo “Más allá del rosa y azul” publicado en Psychology Today, el pasado 16 de agosto, afirma “Una cosa que me gusta de estas historias de niños que luchan con sus roles de género predefinidas es que ponen de relieve lo perjudiciales que pueden ser para los chicos las rígidas formas de las normas de género… Más importante aún, existen normas rígidas de género para los chicos que se extienden mucho más allá de no usar vestidos o pintarse las uñas. Los niños siguen siendo disuadidos de jugar con muñecas, un tipo de juego que fomenta rasgos sobre la crianza, el cuidado de personas y la toma de perspectiva… la gama de emociones que son aceptables para los varones es mucho más estrecha”.

En este debate aparecen conceptos como gender-fluid” (género líquido), “gender boxes” (cajas del género). Conceptos que dicen que el género no es un “cajón” de medidas exactas en el que todos debemos casar perfectamente, sino que el género es una idea fluida, es decir una especie de cuerpo gaseoso o líquido que toma la forma del recipiente, una forma que es única e irrepetible y que aun cuando tiene elementos en común con otras ideas de género, se explica, se experiencia y se emociona de manera particular en cada ser humano.

Yo afirmo que el género es un punto en un continuo en el que los extremos son la masculinidad y la feminidad, extremos que son móviles dependiendo del tiempo, la cultura y el espacio social y geográfico. En este sentido no existe una masculinidad o una feminidad sino tantas masculinidades y feminidades como sujetos se piensen masculinos o femeninos. Las personas pueden pensarse en la masculinidad y actuar en la feminidad o también viceversa, siendo en esta circunstancia cuando se habla de “género fluido”.

Las personas también pueden transitar de la masculinidad a la feminidad (también viceversa), tanto en su identidad de género como en los comportamientos que de dicha identidad se derivan, es a esto a lo que se denomina “tránsito identitario de género” y “personas transgénero” a quienes lo experiencian.

En el momento existe muy poca o ninguna evidencia sobre si las intervenciones terapéuticas logran cambiar la trayectoria de la identificación de género de un niño o la orientación sexual.

Tampoco hay suficientes estudios sobre si el apoyo y permisividad de los padres termina reafirmando una identidad de género que de pronto no es una necesidad vital del niño o la niña o si la negativa es la respuesta para que se ajusten a los roles preestablecidos, a ese “deber ser” de la masculinidad y la feminidad que posibilita que los chicos tengan más poder y las niñas deseen tenerlo.

Como afirma Spears Brown “Esto puede ser tan leve como la chica que no se siente lo suficientemente femenina o el niño que no es bueno para los deportes” o algo realmente más profundo. Es muy difícil saber a dónde dirige la petición de un regalo y su aceptación o negativa.

La mayoría de los niños y niñas cumplen fácilmente con usar ropa típicas de su género y rara vez los padres tienen conversaciones acerca de qué pronombre deben utilizar en la descripción de sus hijos, pero el hecho de sentir esta situación como algo lejano no debe permitirles “dormir sobre los laureles” porque los estudios evidencian que una cuarta parte de los varones muestran 10 o más conductas consideradas atípicas para su género; basta recordar al típico bogotano quien para un costeño colombiano siempre resulta amanerado, para darnos cuenta que las masculinidades y feminidades se vivencian de formas muy particulares.

Vive y deja vivir o “haz lo posible por joder a tus hijos”

Hay algo que no solemos tener en mente, se llama “prejuicio de impacto”. Nuestro cerebro frontal nos hace pensar siempre que lo que pensamos es la mejor alternativa, pero olvidamos que esta se fundamenta en nuestros prejuicios, nuestros temores y una falsa conciencia de la realidad; para quienes ya han vivido la experiencia, su “prejuicio de impacto” cambia, de ahí que existan blogs, artículos, libros e investigaciones que se fundamentan en dichas experiencias que les permiten ver, sentir, explicar y vivir el mundo desde otra perspectiva.

Es esto precisamente lo que le falta a algunos cristianos que se niegan a aceptar que otros pueden ser felices, tanto o más felices que ellos y por eso son tan obstinados en recomendar desde su ignorancia vivencias que para quien las recibe, desde el “prejuicio de impacto”, son la evidencia que les demuestra que son realmente felices.

Quien asume situaciones propias del “querer ser” suyas y de su hijo/a no logra entender por qué esos otros, que no han tenido el beneficio del impacto, no comprenden que su experiencia los llevó a procesos cognitivos y emocionales que les ayudaron a cambiar sus propias visiones del mundo y así poder sentir-se mejor en el mundo en que viven.

Aquí un ejemplo de lo que algunos padres hacen: Nils Pickert, apoya a su hijo vistiendo falda públicamente.

90-60-90, “#esposastrofeo"


Por Manuel Antonio Velandia MoraAgosto de 2012, España

La decisión de Sergio Fajardo, el gobernador antioqueño, de prohibir reinados escolares ha logrado el beneplácito de nuestro Monseñor-Procurador Alejandro Ordóñez y la satanización por parte de la ex presentadora más famosa en Colombia en la presentación de los mismos, Pilar Castaño  quien considera que "quitar esto de los colegios es dejar a un lado el cuidado personal".
Se me hace interesante la decisión de Fajardo, una sandez sin medida el comentario de doña pilarcita, pero sobretodo me pone a pensar el procurador, pues me hace interrogarme sobre qué será lo que oculta con su apoyo este santo varón.
Sé de antemano que con este post algunos homosexuales se me vendrán lanza en ristre o más bien secador cual arma contundente en mano, porque para algún asesor de belleza y mariKada parecen ser sinónimos y atacar los reinados es similar o casi más grave que meterse con lo que guardan bajo sus cobijas. De todas formas mi interés no es congracias con nadie.
La Gobernación de Antioquia mediante el decreto 1888 de agosto 3 de 2012 prohíbe los desfiles de moda, concursos, reinados de belleza y toda clase de eventos que resalten o premien los atributos físicos de las niñas y adolescentes que cursan sus estudios en los establecimientos educativos oficiales de los municipios no certificados del departamento”,
El comunicado oficial, según El Colombiano, informa que esos eventos no aportan a la formación ética ni al desarrollo del talento y las capacidades de las jóvenes y que, por el contrario, son una actividad “discriminatoria, humillante y atentatoria de la dignidad femenina”.
Por supuesto que la empresa privada no está muy de acuerdo con el tema, pues la preparación de las niñas como objetos sexuales para el placer de los hombres no puede entrar en la categoría de juego sino de adoctrinamiento del “deber ser” de la feminidad.
Los reinados y otros eventos “culturales” en las instituciones educativas privadas se convierten en un negocio donde la institución recibe aportes adicionales por la organización de tales eventos, que casi nunca redundan en la mejora de la calidad educativa.
Algunos relacionan los reinados en las instituciones educativas con el juego y otros los ven como un acto lúdico. Error craso.
La función principal del juego es proporcionar entretenimiento y diversión, aunque también puede cumplir con un papel educativo. Se dice que los juegos ayudan al estímulo mental y físico, además de contribuir al desarrollo de las habilidades prácticas y psicológicas.
Aprender los roles más tradicionales de la feminidad exacerbada  nunca será un juego educativo sino un instrumento de poder al servicio de la masculinidad, el machismo y la falocracia. Un reinado infantil no ayuda para nada al estímulo físico y en el mental solo ayuda a estimular lo más desagradable de la competencia. Centrar los valores del ser humano en la belleza física no solo conduce a las mujeres a la bulimia y la anorexia sino que además las prepara para el 90-60-90  medidas de los “patrones ideales del cuerpo femenino” que nada tiene que ver con nuestros cuerpos de ancestros indígenas y españoles.
La lúdica es guerra y disfrute, la guerra de la que se habla en la lúdica es la conquista para la filosofía, las artes y las ciencias no para esclavizar a los humanos; así que los reinaditos tampoco son lúdicos.
Tiene razón Felipe Gil, secretario de educación de la gobernación, que considera que lo que educación quiere es “potenciar el talento de los jóvenes de Antioquia. Creemos que ese tipo de acciones (desfiles por ejemplo) generan temas más superficiales, que realmente estigmatizan y segregan y queremos otro tipo de actividades en el espacio educativo”.
En la controversia algunos hilan muy fino; se han escuchado apreciaciones como las de Carlos Eduardo Botero, presidente de Inexmoda, quien opina “Estamos de acuerdo en el tema de que hay que dignificar la imagen de la mujer por encima de cualquier cosa. Lo importante es que esto no lleve a que la gente le coja pereza a la industria de la confección, porque desde chiquitos se la están prohibiendo”. Que Botero le explique al país como llegó a semejante conclusión, porque más tiene que ver con la moda que los jóvenes tengan que  usar uniformes en los colegios.
"Me gusta la idea. En principio la cultura la hedonista, la vida fácil, es una de las causas del progresivo deterioro de las ideas y de los valores", ha dicho Monseñor-Procurador. Quien públicamente ha aceptado que sin conocer la propuesta ha opinado al respecto.
Monseñor-Procurador considera que "La juventud fue hecha para el heroísmo, más que para el placer. El heroísmo debe ser un norte, un ejemplo para lograr generar informar nuestra clase dirigente del mañana. Que logre crear escenarios proclives para el ejercicio de las virtudes cívicas".
Ah carajo: ¡heroísmo!  Según el DRAE heroísmo es “Esfuerzo eminente de la voluntad hecho con abnegación, que lleva al hombre a realizar actos extraordinarios en servicio de Dios, del prójimo o de la patria”. Mejor dicho, en los colegios hay que preparar para la guerra (defender la patria); jugársela por la religión, como él hace aun sirviendo como laico en un cargo público… Pero, lo que más me preocupa de esta visión guerrera de la educación es que se eduque a las personas para que les interesen los otros por heroísmo y no por solidaridad, respeto o lealtad.
Y después algunos se quejan porque en Colombia no se investigan los asesinatos de mujeres, se rebajan penas a los que confiesan sus feminicidios, se usa a las mujeres como botín de guerra y algunos que escriben como comentaristas en este post afirman ser heterosexuales porque tienen claro que todas las mujeres son para “comérselas”, menos sus mamacitas, olvidando que otros machos piensan lo mismo.
“#esposastrofeo"
No es de extrañar que muchas mujeres que desde pequeñas se educaron en la tiranía del 90-60-90 pasen de reinas infantiles a reinitas mantenidas por narcos, paramilitares, gamonales y políticos cuando no de hombres homosexuales que las usan como escudo para tapar lo evidente. Mujeres que estos hombres escogen para lucirlas como otro mueble por el que se paga un buen precio.

domingo, 26 de agosto de 2012

30 años haciendo historia periodística y sexual en Colombia


En los 30 años de Revista Semana se celebran también 30 años de pensamiento independiente en Colombia. Semana fue la primera revista en abrir sus páginas a la diversidad sexual y los estudios sobre sexualidad en Colombia.
El primer artículo solicitado por una revista de amplia circulación, a una persona homosexual en Colombia, apareció en el Nº 16 de Revista Semana, el 09/20/1982, se tituló “Hacia una liberación gay”, fue escrito por mí. http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=64307

Hace 20 años (03/10/1986), en el Nº 197 de la misma revista, respondiendo a la pregunta ¿Qué circunstancias y factores permitieron que la homosexualidad adquiriera carta de ciudadanía en el país? elaboró el primer informe sobre el tema a nivel nacional: “Colombia gay”. http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=56387

Semana fue el primer medio en solicitar artículos para ser publicados en la Web, el primero de ellos se tituló “Política Sexual en Colombia” lo escribí y salió a la luz pública el 09/03/2001 en la edición Nº 1005, en la sección denominada “Opinión on line”. http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=18291

Semana inició los estudios del sexo de los colombianos en1995, en junio de 2004 la revista le solicitó a Velandia que hiciera un análisis de parte de los contenidos del estudio de ese año. El artículo se llamó ¿Disfrutan los colombianos su vida sexual?  http://www.semana.com/especiales/disfrutan-colombianos-su-vida-sexual/79823-3.aspx

Dejémonos de maricadas en semana.com, este en el que usted está leyendo, fue el primer blog homosexual en Colombia. Se publicó por primera vez el 11/10/2006 y su título fue “Salir o no salir: esa es la cuestión” http://www.semana.com/wf_InfoBlog.aspx?IdBlg=29&IdEnt=612

sábado, 11 de agosto de 2012

Amores de maestros y estudiantes se entierran todos los días

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, agosto de 2012


Dos semanas atrás un lector quien firma Indagador escribía este comentario: “En ciertas ocasiones leo con atención sus artículos, me parecen interesantes y muy ilustrativos, muchas veces estamos de acuerdo, otras no... Pero bueno, coincidimos en muchas cosas... sin embargo, yo hoy me encuentro en una crisis, pues me debato entre argumentos de vida más liberales y otros más conservadores. Usted podría escribir un artículo, o darme su respuesta sobre asuntos tan específicos como las relaciones amorosas, sexuales y o afectivas que a veces surgen entre docentes y estudiantes.”

“Esto que le pregunto Sr. Velandia - dice Indagador - tiene que ver con fuertes debates internos que afronto, sobre liberalidad o tradicionalismo, incluso entre ser creyente o no ser creyente... Y eso me confunde un poco respecto a opiniones que ya tenía claras sobre múltiples debates, la idea de familia, la moralidad, los juicios y las opiniones.”

Antes de responder

Debo recordarles a todos que yo escribo en este blog sobre actualidad, derechos humanos, educación y salud con relación a la sexualidad; que no acostumbro dar respuestas personales porque mi consulta no se atiende por este medio, pero que aprovecharé esta solicitud para escribir sobre las relaciones amorosas y sexuales que a veces surgen entre docentes y estudiantes, porque me parece un tema interesante y controversial, ya que como dice Indagador “estas disputas entre liberalidades y conservadurismos siempre van a existir, e incluso, creo pueden darse al interior de un cuerpo mismo, de una mente misma”.

De fidelidad, promiscuidad y familia

Otra persona, esta vez Tous, me pide que explique algunos conceptos… No profundizaré aquí sobre lafidelidad, esa cualidad que solo tienen los equipos de sonido de muy alto e inalcanzable precio y que se pierde con cualquier pequeño desajuste y no se arregla por más de que le llevemos al “terapeuta” o “sanador” de equipos. El DRAE define fidelidad como “Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona”. Así que por definición se puede tener relaciones extra-pareja si no se pierde la fe, El problema grave es perder la fe en sí mismo.

Tampoco lo haré sobre la promiscuidad porque originariamente la palabra tan solo se usaba para hacer referencia a un noble que se mezclaba indiscriminadamente con un plebeyo y porque actualmente según el DRAE es “Mezcla, confusión; convivencia con personas de distinto sexo” en razón de lo cual todos somos promiscuos.

Menos aún me centraré en la familia, pues bien puede ser un tema que se merece un post por sí mismo. En especial, porque si salimos de la visión religiosa y entramos a la del diccionario muchos se rasgarían las vestiduras: “Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas; Conjunto de personas que tienen alguna condición, opinión o tendencia común”.

La ruptura del “deber ser” para vivir el “querer ser”

No me interesa presentar aquí explicaciones de orden religioso, tan solo lo hago desde la cultura, la filosofía, la sociología, la antropología y el derecho.

Los seres humanos nos debatimos cotidianamente entre el deber ser, el querer ser y estar siendo.

La cultura nos trasmite una serie de modelos de vida, de formas de actuar, de entender y de emocionarse a las que llamo el “deber ser”. Cada uno de nosotros se traza frente a ese modelo tradicional su propio “querer ser”, un modelo que no es una ruptura total con aquel pero en el que cada cual pone para construcción de sus propias necesidades, intereses, contradicciones, expectativas, desacuerdos, con los que explica, vivencia y se emociona… En la práctica son muchas más las personas que se acercan a su propio “querer ser” y pocas las que viven el “deber ser”; a este proceso de acercarse y alejarse cotidianamente de las propias expectativas es a lo que llamo el “estar siendo”.

El “deber ser nos dice que no podemos enamorarnos de personas del mismo sexo, con mucha diferencia de edad (en especial si la persona mayor es mujer), de condición socioeconómica diferente, de otra cultura, etnia, religión, posición política o nivel de escolaridad. Desde el “deber ser” no se ve con muy buenos ojos que un maestro se enamore de su discípulo o que un estudiante tenga relaciones genitales con su profesor.

Desde muy pequeños aprendemos los roles de la masculinidad y la feminidad, el machismo, el sexismo, la LGTBIfobia, la falocracia que otorga un poder superior a quien posee un pene, el matrimonio como institución heterosexual, la dependencia de la mujer, la violencia física y emocional como una forma de poder; aprendemos que somos “media naranja”, seres incompletos y necesitados de complemento sexual, afectivo, erótico y genital, incapaces de vivir en el aislamiento y la soledad e incluso se nos cohíbe en el deseo, la fantasía, el placer y el disfrute.

Basándose del “deber ser” los padres y madres nos “educastran” y nos imponen formas de actuar, sentir, gozar e incluso nos “orientan” hacia una profesión, religión, grupo político, equipo de fútbol (véase el caso de la niña bautizada recientemente como Santafecita….) y los hacen de tal forma que muchos se forman en su cerebro una especie de “perro guardián” que les ladra cada vez que intentan una ruptura del modelo y que les “muerde” generando complejos de culpa cada vez que trasgreden lo que su “relleno mental” les dicta.

El “deber ser” tiende al conservadurismo, se transmite culturalmente, se refuerza en la familia, la escuela, los medios masivos de comunicación (en especial la publicidad) y por supuesto la iglesia. Nunca se abandona totalmente el “deber ser”.

Con el paso del tiempo, pero también desde muy chicos, nos damos cuenta que ciertas “verdades” transmitidas por los guardianes de la moral y las buenas costumbres propias del modelo del “deber ser” no son verdaderas y mucho menos inamovibles y nos autorizamos a fantasear, experienciar o a vivir el ideal que cada cual se construye para sí, es decir su “querer ser”.

Iniciamos nuestra liberación personal, nuestra trasformación vital por cosas pequeñas como no querer usar las prendas que los padres escogen, el corte de cabello impuesto, los accesorios sugeridos, la comida o los horarios de ésta; luego pasamos a situaciones más identitarias como la profesión, el cuerpo, el deseo, la genitalidad… para muchos es tan fuerte la presión ejercida por el “perro guardián” que la única alternativa que les queda para aproximarse a su “querer ser” es el corte espacial relacional por lo que terminan viviendo en otra ciudad o país y construyéndose su propia neofamilia.

Para muchos la ruptura introspectiva, social y total es difícil y entonces se permiten ciertos cambios sin alterar demasiado el “orden establecido”, lo hacen por momentos y únicamente ante algunas pocas personas porque no siempre desean explicar, sentir o experienciar. Las personas que por momentos “están siendo” algo cercano a su “querer ser”, cuando se sienten algo seguras hacen su coming out aun cuando intentan regresar por momentos cortos o largos al “deber ser” (el coming out ó “salir del clóset” no solo aplica a los gais y no sólo se aplica en lo sexual).

Lo interesante es que todas aquellas “mínimas rupturas” que las personas se autorizan a vivir cambian sus propias explicaciones y emociones. No hay un camino de regreso porque toda nueva experiencia se convierte en su acervo cultural desde el que en el aquí y el ahora concibe y vive la cotidianidad. Nunca se experiencia totalmente el “querer ser”.

Como dice nuestro comentarista él “ya tenía claras sobre múltiples debates, la idea de familia, la moralidad, los juicios y las opiniones”, pero en la medida en que ha vivido su “querer ser” aquello que era “claro y que había vivido como fruto de su educación” ya es turbio y digno de cuestionamiento, especialmente cuando al experienciarlo ha encontrado momentos de felicidad y bienestar que le interrogan sobre su propio derecho a ser lo que por sí mismo desea. Estos cambios existenciales dependiendo de la educastración lograda producen crisis emocionales y fuertes depresiones en algunos pocos y en la gran mayoría una situación de alivio y bienestar.

Es por esto que creo que Indagador tiene conflicto: Quiere hacer algo que su “deber ser” le prohíbe hacer. No obstante, mi estimado Indagador, es más factible que usted sea feliz si se aproxima a su “querer ser”, siempre y cuando en ese "estar siendo" no vulnere los derechos de otra persona, no lo hace con una persona menor de edad y no hace nada que no haya pensado y decidido con anterioridad (no actúe por impulso) y para lo que ya se siente emocionalmente preparado.

Puedo decirle por experiencia que la vida es mejor y más plena cuando uno hace y se emociona en concordancia con lo que uno quiere y piensa y no para seguir al pie de la letra los parámetros que los otros le impongan.

De maestros, estudiantes y amores

En Colombia existe el Estatuto de Profesionalización Docente, Decreto Ley 1278 de 2002, en este se lee en el Artículo 42. Prohibiciones. "Además de las prohibiciones establecidas en la Constitución y la ley, y en especial en el Código Disciplinario Único, para los servidores públicos, a los docentes y directivos docentes les está prohibido: l. Realizar o ejecutar con sus educandos acciones o conductas que atenten contra la libertad y el pudor sexual de los mismos, o acosar sexualmente a sus alumnos".

Estoy plenamente de acuerdo con que se prohibida en el caso de los/las menores de edad y para mí no hay ninguna diferencia a considerar desde el tipo de orientación sexual de las personas que se relacionan; creo que lo anterior ni siquiera merece que dé una explicación, aun cuando es evidente que un(a) menor de edad no participa con pleno consentimiento en una relación afectiva, genital o erótica con una persona mayor de edad, así considere que sabe lo que hace, ya que para poder consentir se requiere el ejercicio de la autonomía y la autodeterminación, situaciones que sabemos una persona de esta edad no tiene porque está en su proceso de desarrollo.

En el caso de estudiantes mayores de edad, aun cuando haya consentimiento informado, autonomía y autodeterminación una de las dudas es si existe o no acoso sexual.

El artículo 29 de la Ley 1257 de 4 de diciembre de 2008, tipificó en Colombia la conducta de acoso sexual, la que fue incluida dentro del Título IV, Capítulo Segundo del Código Penal, como un acto sexual abusivo, configurando el Artículo 210 A. La conducta delictiva consiste específicamente en que: “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos[1], a otra persona, incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años”. Mayor información al respecto está disponible aquí.

Dice el abogado Enrique Del Rio González que “La conducta del acoso sexual nos enfrenta a grandes complicaciones de tipo dogmático, pues es muy difícil deslindar la conducta acosadora del sano e indiscutible derecho del enamoramiento o galanteo. Los límites se encuentran en el uso de una posición de poder con la intención netamente sexual. Esto en apariencia puede resultar fácil, pero en la realidad podría entenderse como la negación del derecho a enamorar que tiene o puede llegar a tener una persona que ostente una relación de poder con respecto de otra que no lo tiene, o que se encuentra subordinada. Puede entenderse la tipificación del acoso sexual, como el bloqueo definitivo al galanteo entre desiguales enrolados dentro de una relación de poder. La exigencia de la finalidad sexual no muestra una real solución, entendiendo que no puede ser delito, como lo hemos dicho, el enamorar con una esperanza o intención sexual”.

Desde mi punto de vista, las relaciones afectivas, eróticas o genitales no debieran darse entre maestros/as y estudiantes así sean honestas, éticas y moralmente adecuadas.

Una relación docente/estudiante es un complique emocional y laboral en el que no es conveniente meterse porque cuando la relación se da todo parece ir bien, pero cuando termina mal (algo bastante frecuente) entonces el mundo se vive, explica y siente de otra manera, y es aquí cuando el/la estudiante suele alegar relaciones de autoridad o de poder derivadas de la edad, el sexo y especialmente de la posición laboral.

El acoso sexual sólo lo puede cometer un superior dentro de la relación de poder así que legalmente no puede decirse que un estudiante acose a su docente.

Como afirma el abogado Del Rio, “el acoso sexual deja la puerta abierta para las injusticias, pues (…) brinda la posibilidad de encuadrar conductas socialmente adecuadas y aceptadas, dentro de este marco delictual”.

En general suelo asistir al “funeral” de los amoríos de docentes con alumnos. Como maestro he visto muchos casos. Todo empieza con el irresistible sabor de lo prohibido y termina en una desabrida relación desbalanceada de dos personas en momentos muy distintos de la vida con pocas posibilidades de equilibrarse: Una persona mayor con costumbres arraigadas (mañoso, “chocho” así no sea viejo) y un plan de vida establecido, y el/la otro/a una persona menor apenas descubriendo quién es y qué quiere hacer con su vida. Todo un cóctel para el desastre a mediano plazo: El primero se suele aburrir de la “inmadurez” del segundo, y este último suele descubrir que el primero no es lo que realmente quiere para su futuro.

Existen algunas pocas historias de pupilos/as que encontraron en su maestro/a un/a compañero/a de vida o una relación afectiva o sexual plena, satisfactoria y duradera, y suele ser cuando las dos personas no están en momentos tan diferentes en sus vidas (edades cercanas, intereses en común), sin embargo invito a Indagador a que más que preguntarse si está “moralmente” bien o no enamorarse de un(a) profesor(a) o de un(a) estudiante, mejor se cuestione si con esa persona es feliz o no… la respuesta tal vez le sorprenderá. Es mejor escoger ser feliz.

martes, 7 de agosto de 2012

Qué hubiera pasado si ese “pecaminoso” video lo hiciera un viceministro, no Karina Bolaños

Por Manuel Antonio velandia Mora
España, Agosto de 2012

Es bien sabido en el ámbito de las empresas que si el jefe es dictatorial, tiránico, adicto al trabajo, irrespetuoso, se le suele considerar como un “ejecutivo que sabe lo que quiere”, pero si es una mujer se dice que es “una bruja maldita”. Si un hombre coqueto, es “perro”, pero si es mujer, es “perra”. Esto mismo sucede con la forma en que la opinión pública crucifica a las mujeres envueltas en escándalos sexuales.
El caso de la viceministra Karina Bolaños de Cultura y Juventud de Costa Rica quien estaba en su cargo desde el inicio de la administración de Óscar Arias Sánchez, en mayo del 2006 y quien fuera destituida por causa de un vídeo erótico (grabado en 2007 cuando ella estaba temporalmente separada de su esposo, según declaró a CNN) que se subió a YouTube como fruto de un chantaje, nos demuestra que las diferencias entre una “mujer pública” y un “hombre público” no solo son cuestión de semántica sino también de contenidos sociales, culturales, sexuales y ahora políticos.

Cuestión de semántica y cultural: toda mujer “pública” es prostituta

Recordemos que la Real Academia de la Lengua Española (RAE) al hacer la adición de nuevos artículos o acepciones para el diccionario se pasa por un proceso por el que se registran las palabras en sus distintas acepciones y utilizaciones, todas ellas convenientemente documentadas, antes de cohonestar su existencia. Son palabras cuyo uso se ha apropiado cultural y socialmente, que tienen orígenes tan diversos como medios masivos de comunicación, habla popular o alta y baja literatura.
El diccionario de la Real Academia DRAE con relación a la mujer une a la palabra “perdida” la palabra “pública” y “Mujer perdida o pública” aparece como sinónimo de prostituta.
En el caso de la definición de “Hombre perdido”, dice que este es un “Hombre sin provecho y sin moral”, pero no identifica este concepto con prostitución, aun cuando acepta que hay prostitución masculina. Un “Hombre público”, es “el que tiene presencia e influjo en la vida social”. Dicha presencia e influjo no se reconoce en la mujer.
Nuestro idioma por tanto le da el beneficio de la duda a los hombres, mientras que a las mujeres las condena. Y esto parece que también aplica a los escándalos sexuales de los políticos: Los hombres quedan con la reputación intacta y las mujeres, solo con las seis primeras letras de esa palabra (Bill Clinton: como flamante ex presidente ahora da conferencias, mientras que Karina quedó ante el mundo como “esa pecaminosa viceministra de brasier generoso”).

Cuestión de política

Inmediatamente el vídeo de Karina se difundió por la red las represalias de los políticos y la iglesia no se hicieron esperar. Manuel Obregón, su jefe dijo a los medios que “si bien las informaciones que han circulado están estrictamente relacionadas con la vida privada de Bolaños, y no con su quehacer como funcionaria pública, la separación de su cargo se dará para que ella pueda enfrentar este caso desde el ámbito privado”. (…) “No tengo nada que reprocharle dentro del ámbito laboral, es una buena viceministra. Esto compete puramente al ámbito privado en el cual yo tampoco tengo injerencia”.
No es una decisión mía, es una decisión que deberían ustedes consultar con la presidenta. Nosotros simplemente recibimos el acuerdo y redactamos el comunicado de prensa”, complementó. “Si fuera de mi competencia tendría que valorar los pros y los contras, pero en este caso no es una decisión mía”.
La respuesta del ministro, que decidió lavarse las manos ante los medios, era “necesaria”; el gobierno costarricense está desprestigiado y aprovechó la situación para llamar la atención hacia temas que le permitían salir por un momento de la agenda mediática.
Lo contradictorio y sexista de este asunto es que los hombres públicos cuyos asuntos sexuales salen de la esfera privada no suelen verse obligados a renunciar a sus cargos, hay cientos de ejemplos, los más sonados siguen siendo los de Mussolini, Roosevelt, Mao Tse Tung, John Profumo, John F. Kennedy, Ted Kennedy, Príncipe de Gales, Bill Clinton, Berlusconi, Schwarzenegger, Strauss-Kahn y Julian Assange o más cercanos como Lusinchi, Carlos Andrés Pérez o Juan D. Perón. ¿Por qué Silvio Berlusconi, presidente de Italia acusado de prostitución de menores sigue en el cargo mientras que Karina fue sacada del gobierno? Quizás porque el italiano es un “perdido” y la costarricense… una “perdida”.

Insolidaridad de Gremio o pasaporte político

Siendo una mujer la Presidenta de Costa Rica Laura Chinchilla, quien ha bajado de forma sistemática en su popularidad, no dudó en destituirla, pues según el acuerdo que la destituye le hizo un favor sacándola del cargo. “La separación de su cargo se dará para que ella pueda enfrentar este caso desde el ámbito privado”, cita el Acuerdo N.° 634-P-P, firmado el 30 de julio por la mandataria.
“No voy a referirme al tema. ¿Alguna otra pregunta?” dijo la Presidenta, cuando los periodistas le pidieron justificar la destitución.
Algunos sectores de la opinión pública apoyaron a Bolaños asegurando que este es un problema personal que no debe interferir con su vida laboral. Los más moralistas han afirmado que ella debía dar ejemplo, especialmente por trabajar con la juventud.
La defensora de los habitantes, Ofelia Taitelbaum, dijo sentirse “consternada” por la decisión, de la presidenta Laura Chinchilla, de destituir a la viceministra.

Poder, sexo y arte en Colombia

En el ex país del Sagrado corazón son varios los escándalos sexuales protagonizados por hombres, basta recordar los de la Marichuela y el Virrey Solís (quien después se arrepintió y se metió a cura); el General Mosquera y su jurgo de amantes; Rafael Núñez registra cuatro señoras en su vida. Empezando por doña Dolores Gallego, Gregoria de Haro, y --algo que tenía que dejar en casa -- una prima y una tía, doña Pepita Vives; Guillermo León Valencia, en fin... escándalos que tampoco pasaron a más.
La pintora Beatriz González retrató de forma irónica la realidad social colombiana en su obra titulada “Decoración de Interiores” en la que utilizó una fotografía del presidente Julio César Turbay Ayala en una fiesta privada, quitándole así todo el peso institucional al reducir la imagen a una función decorativa. Fiesta de la que fue publicado un análisis por el entonces columnista de El Tiempo, Daniel Samper Pizano en octubre de 1981
Turbay en una visita en Cúcuta, en 1981, asistió a un banquete en el que protagonizó actos escandalosos con las damas presentes. La propia sociedad cucuteña, liderada por un grupo de señoras, respondió enérgicamente. El caso creció hasta llegar al pulpito del entonces obispo, Pedro Rubiano, quien lanzó una homilía de protesta por los vulgares actos.
La gran diferencia es que en Colombia, por una parte, constitucionalmente a partir de 1991 no se puede hablar públicamente de la intimidad de las personas (recuerden las demandas que inhabilitaron a la Negra Candela) y por otra, que la doble moral esté presente tanto en los políticos como en los jerarcas de las iglesias e incluso en los editores de los medios, en especial cuando de personajes públicos se trata.

Detesto a la loca de Oscar


Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Julio de 2012

Muchos se rasgarán las vestiduras y muchos más estarán de acuerdo conmigo, pero esta frase coloquial está de moda en Colombia. Él es un personaje de un popular reality cuya producción es bien elemental y de bajo costo pero que ha sabido aprovecharse de la homofobia y el racismo para hacer millones.

No se sabe si el personaje en cuestión es gay, no necesariamente todos los amanerados en exceso son marikas ni todos los machos remachos son heterosexuales. No me importa si Oscar es homosexual, si algún expresidente lo es o si su mujer es lesbiana, creo que cada cual puede hacer de su trasero o su vagina un candelero si le provoca.

Lo que sí me parece tenaz es que en el país sea más preocupante que alguien “mechonee” a Oscar, que el tema de la semana sea la violencia física y verbal entre los protagonistas de un programa de TV, y que en cambio nadie debata sobre la vulneración de los derechos de los indígenas por parte de los agentes del Estado, de los guerrilleros, de los paramilitares, de las empresas privadas extranjeras y nacionales o que los feminicidios que se están destapando todos los días no merezcan más que una tibia reacción en la opinión pública.

Inclusive ha tenido más controversia algo tan trivial como por ejemplo que al himno de Colombia se le haya escogido como uno de los más feos del mundo (con toda la razón además, porque es muy preocupante que todavía se le cante a vírgenes que se arrancan los cabellos y que se sigan enalteciendo los ríos de sangre).

También es inquietante que Oscar se haya convertido en el chivo expiatorio del odio hacia lo gay; parece que expulsarlo del programa "por loca" es más importante que hacerlo porque sea mal actor o mal compañero.

Es increíble que algunos/as LGTB incluso hayan seguido el juego a la empresa privada y hayan decidido participar en las votaciones vía celular o internet, apoyando así a una situación que no busca ir a la raíz de la homofobia sino ganarle a la competencia, una serie mejor producida y que ayuda a comprender la realidad del “ex país del sagrado corazón”.

Creo que no solo Óscar está de terapia, sino que es el país el que ha entrado en una era de despiste del que me temo no podamos regresar.