Mostrando entradas con la etiqueta Machismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Machismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de noviembre de 2013

Cuándo cesará la Violencia contra la Mujer

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, un compromiso de tod*s pero que algún*s poc*s quieren asumir.

Cada día cientos de miles de mujeres en el mundo son maltratadas, las violencias las ejercen hombres que dicen amarlas y que en un “arrebato de amor” las asesinan, las
torturan, les echan ácido en sus rostros, las golpean, las secuestran; hombres que en nombre de la paz construyen la guerra y para quienes ellas se convierten en un botín más, es una afrenta sexual a sus enemigos combatientes; hombres que asumen que el cuerpo de la mujer es un objeto sexual a su disposición y para su gusto, hombres que incluso publican documentos sobre como maltratarlas sin dejar huellas, algunas veces patrocinados por fundamentalistas, iglesias cristianas y de otras religiones; hombres que teniendo el poder en sus manos como personajes públicos prefieren ser un ejemplo de
violencia.

Fundamentalismo religioso

La fuerza de los fundamentalismos religiosos ha crecido globalmente,  se encuentran en todas las regiones y religiones, e incluso han querido introducirse en el sistema internacional de derechos humanos. Son absolutistas e intolerantes; anti-mujeres, patriarcales y anti-derechos humanos; tienen que ver con la política y con el poder; son
literalistas y pasados de moda; son violentos. A los fundamentalismos religiosos se los caracteriza como movimientos ideológicos que contradicen las políticas democráticas y la visión de una sociedad igualitaria.
La pobreza nacional es uno de los factores más importantes por detrás de su auge. La agenda de la privatización le está dando espacio a la religión porque el estado quiere transferirle sus funciones a las instituciones religiosas. ¿Quién tiene la capacidad y los
recursos que hacen falta? ¡Las instituciones religiosas! Cuando hay mujeres que no pueden recurrir a los fondos públicos, ¿quién les puede dar refugio y alimentación?

Que violencia tan macha

La violencia física y sexual contra la mujer está muy extendida en América Latina y el Caribe. En un estudio realizado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en doce países de la región, en el que participaron más de 180.000 mujeres, la mitad de ellas ha sufrido violencia física o sexual.
Entre el 28 y el 74% de las víctimas no hablan de ello, no denuncian y cuando lo hacen las denuncias no resultan en una investigación, el temor a la falta de medidas eficaces hace que las mujeres no se sientan cómodas ni seguras denunciando.
Los papeles rígidos de genero deben cambiarse si se pretende eliminar la violencia contra las mujeres, de ahí la importancia de cambiar los roles, de educar en las escuelas y en las familias y de informar en los medios sobre nuevas formas de relacionarse hombres y mujeres.
Hay una estrecha relación de la violencia contra los niños y la violencia contra la mujer. Niñas que crecen en familias violentas tienen mayor posibilidad de sufrir posteriormente
violencia ellas mismas, y los chicos en convertirse en maltratadores.
Las formas violentas de disciplina son un preámbulo a la violencia física y mental de las mujeres. Al respeto le invito a oír esta entrevista

Ley de papel

En Colombia la ley 1257 del 2008, reclama que a las mujeres víctimas de maltrato se les asegure un acceso adecuado a la protección y medidas de ayuda establecidas. Sin embargo la ley ha quedado en el papel, hasta el punto de que miembros del Comité de la ONU para la eliminación de la discriminación de la mujer, han exigido recientemente al Gobierno de Juan Manuel Santos mayor protección a las mujeres que todavía son víctimas de la violencia sexista, igualmente a que se investiguen dichos casos pues según dicho comité continúan impunes.
En este momento en que se está negociando un eventual acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC, la ONU llamó la atención sobre la necesidad de velar en él por los casos de violencia sexual contra la mujer.
En Colombia la lucha en contra de violencia contra la mujer es histórica. En 1981 se celebró en Bogotá, Colombia, el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, donde se decidió marcar el 25 de noviembre como el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres, recordando el asesinato en 1960 de las hermanas Mirabal, tres dominicanas que se opusieron fervientemente a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
¿Qué hago yo frente a esta violencia tan macha? Sólo Usted tiene la respuesta, es hora de actuar o de seguir haciéndolo.

lunes, 17 de junio de 2013

“Busco hombre acuerpado y cero plumas”


Manuel Velandia. Foto: Juan Sanz
¿A qué le atribuye la discriminación que se dice existe entre algunos hombres homosexuales por razón de su apariencia o comportamiento?
Con Leonardo Davinci surgió un patrón ideal de belleza masculina. Ese hombre ideal no existe en la realidad. Los primeros modelos atléticos aparecieron en “Physique Pictorial” y desde esa revista se fortaleció la idea del hombre masculinizado en el gimnasio como el modelo del cuerpo deseado por los hombres homosexuales. Por otra parte, el peso de la homofobia internalizada lleva a la discriminación, no solo de sí mismo, sino del otro que es percibido como la imagen amanerada de lo que se teme proyectar. Emerge así el temor a la “pluma” o más concretamente a la “pluma propia”, como algo que el otro le recuerda. Mientras no nos reconozcamos como seres únicos, no reconoceremos al otro como un auténtico otro.

¿Existe entre buena parte de hombres homosexuales un “culto al cuerpo”?
La publicidad se ha valido del imaginario de la masculinidad física con músculos como símbolo de la belleza. Con ese patrón, algunos hombres homosexuales se miden a sí mismos y a los otros. Los cuerpos masculinos también se entienden como mercancía y como tal se promocionan y se adquieren, porque en muchos casos el otro es un objeto, una cosa para mostrar, para consumir. Al pensarse como mercancía, el hombre homosexual transforma las redes sociales en un escaparate y su imagen en una representación de la mercancía que pretende ofertar. No todos los homosexuales tienen el mismo patrón de belleza, también hay osos, cazadores, cachorros, admiradores, reinonas, etc. Hay una gran diversidad de imaginarios, representaciones y modelos. Creo que lo importante es ser consientes de qué se quiere ser y por qué y no resultar siendo o exigiendo a los demás por negación a sí mismo.

¿Qué opina de la manera en que algunos hombres homosexuales se anuncian (con fotos de la zona genital, de los glúteos o sin ropa) en grupos y redes sociales concebidas para concretar encuentros entre ellos?
Quien frecuenta las páginas de encuentro no suele hacerlo por azar sino porque sabe lo que quiere, aún cuando algunos llegan allí por casualidad se quedan porque lo desean. Cada cual se promociona como le plazca y está en su derecho a optar por ello. Yo no pongo fotos de mi pene, creo que lo más bello de mí está en mi cerebro y no en el culo, por ejemplo. Pero si la persona cree que tiene una verga que saca la cara por él, pues tiene derecho a mostrar su mejor imagen.
Los hombres gays suelen tener un valor sobre el cuerpo diferente al que le dan las mujeres: antes que gays son machos y, como tales, algunos consideran que la masculinidad está relacionada con ser un semental. Los hombres en general tienen un mayor número de parejas sexuales que las mujeres, pero la moralidad judeocristiana olvida que en el intercambio genital hay erotismo, deseo, placer, sensibilidad y goce.
Las personas deberían tener el número de relaciones genitales que necesitan siempre y cuando no vulneren a los demás para conseguirlo y no nieguen sus propios valores cuando lo hacen. Cada cual sabe cuánto y qué necesita y, si para ser feliz lo logra, me parece bien. El problema es que solemos dar más valor al “qué dirán” que a ser honestos con nosotros mismos y con los otros.

¿Qué tan frecuente es el matoneo entre los hombres gays cuando no se cumple con ciertos parámetros físicos o manera de vestir, por ejemplo?
Existen varias éticas: la que cree que el otro solo es valioso en cuanto más poder económico tenga y por la que se rechaza al pobre. La que valora el intercambio en la que solamente se da algo si se recibe algo a cambio. Está la ética que asume al otro como cosa y como tal se le trata: cosa fea, cosa bonita o cosa “bien vestida”. En esta ética, el otro es una mercancía y tiene un valor de uso y de cambio. También hay una ética en la que el otro es reconocido como un ser auténtico.
Cada cual vive en una de esas éticas o en una mezcla de una y otra. El matoneo se presenta cuando desde la ética particular, el otro no es reconocido en sí mismo sino desde esa cosa, mercancía, pobreza o belleza con la que se mide al ser humano. El matoneo es más frecuente de lo que se cree, pero menos visible de lo que debiera ser, tal vez porque estamos acostumbrados al rechazo, al estigma y a la discriminación y, mientras no nos sintamos víctimas, no nos afecta lo que le sucede al otro.

¿Cuál sería su propuesta para empezar a superar esos “mandatos” como que los hombres gays deben ser “masculinos” o “cero plumas”?
La sociedad ideal solo existe como modelo. Mientras alguien se asuma como mercancía no le afectará tratar al otro en iguales condiciones. Yo abogo por el derecho a la “pluma”, al amaneramiento masculino o femenino, a querer compartir el culo, a penetrar solamente o a tener prácticas orales. No somos más o menos maricas por hacer lo uno o lo otro, pero somos peores seres humanos cuando le negamos al otro el derecho a ser lo que quiere.

lunes, 26 de marzo de 2012

¿Para ser Militante LGBT Hay que ser machista y misógino?

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, marzo de 2012

Se suele creer que a los homosexuales solo les interesa comprar productos de diseñador, machificarse en el gimnasio y endiosar el tamaño del pene, sin embargo creo que hay que agregar que hay mucho marica que además es sexista, machista y misógino.

Parte de exagerar su sexismo y de evidenciar su misoginia es una marcada aversión a ser relacionados en cualquier sentido con las mujeres, incluso las lesbianas. Claro está que cuando de aparentar ser machos se trata, entonces pasan de rechazarlas a utilizarlas para su beneficio.

Dirán muchos lectores que eso era antes, que cada vez hay más militantes y que las organización es LGTB promueven relaciones diferentes. Esto es cierto pero no es verdad. Primero, los militantes son pocos; segundo, muchos entre ellos suelen comportarse como cualquier marica no militante; y, tercero, son pocos los que tienen trabajos comunes con otras organizaciones que luchan por los derechos de otras minorías como indígenas, trabajadores, mujeres, campesinos, desplazados, trabajadores/as sexuales, sindicalistas…

Tal vez por ello las feministas que antes veían en la gente gay como a sus aliados (hombro a hombro iniciamos con ellas la lucha por los derechos sexuales), han visto que es necesario organizarse por aparte y así dedicarse a sus propios problemas, situaciones que no son solo de mujeres sino de la comunidad LGTBI. En Colombia las mujeres LBT han expresado esta situación de muchas maneras pero es también evidente que no siempre son escuchadas.

En muchas reuniones con mujeres he oído siempre la misma queja por parte de ellas “los hombres hablan y no oyen”. Es verdad que la estructura cerebral de hombres y mujeres tiene algunas diferencias, pero también lo es que no es verdad que unos sean de Marte y las otras de venus. Se dice que las mujeres son más emocionales que los hombres pero los estudios más recientes han demostrado que no es verdad que los hombres sean más lógicos, sino que ambos somos seres emocionales que actúan y - algunas veces, no siempre - pensamos.

La construcción de la convivencia entre los seres humanos y especialmente entre las minorías de diverso orden requiere no solo de apertura mental sino específicamente de un ejercicio positivo del lenguaje (de ahí la importancia de la reciente discusión sobre la Academia de la lengua y el uso del lenguaje en lo relacionado a los géneros) y de unas actitudes emocionales en las que prime más el amor, nada el rechazo y menos aún, la indiferencia.

Además, la unión hace la fuerza: la voz de las organizaciones feministas, sumada a la de las lesbianas, de las trans en conjunto con todos los grupos que luchan contra el machismo en Colombia si lograran pronunciarse al unísono, retumbarían mucho más duro que la de un puñado de hombres gay haciendo "sindicato" un sábado en la tarde en un bar.

sábado, 17 de marzo de 2012

De maricas, nenas y gallinas

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Marzo de 2012

Aunque es preocupante, no sorprende el hecho de que hay mucho marica misógino, sexista, lesbofóbico y machista. Lo que sí es contradictorio es que esta situación también la vivan algunos de los llamados militantes y más extraño aun, algunos de los llamados líderes gay.

En los jóvenes la cosa es diferente. Los que tienen entre 21 y 25 años, andan con las nenas (así llaman a las mujeres) de arriba para abajo, conversan todo el tiempo con ellas en facebook y son ellas las que los mariquean a ellos, hasta los tratan en femenino. Salen al cine, a las rumbas y se toman fotos juntos y se taggean. A nadie le preocupa que un “man” llegue de la mano con otro “man”. En los menores de esta edad la cosa es mucho más ligera.

Misoginia y endodiscriminación














Los homosexuales entre más mayores más han separado la vida gay de la vida social, incluso en sus épocas de juventud y aún ahora sigue siendo raro que anden con mujeres. En este post me refiero en especial a los que pasan de los 30 o se comportan como tales.

En el reciente día de la mujer trabajadora escribí un artículo denominado Corrección gramatical Versus reconocimiento de las mujeres y otras minorías sexuales el cual envíe a mi lista de correos, por supuesto esta se amplía a los grupos Yahoo y ahí es donde ha aparecido la situación que quiero comentar.

A pesar de que el texto hablaba de las minorías sexuales, algunos que de política sexual solo conocen la sigla LGTB no lograron ir más allá del título y se vinieron lanza en ristre poniéndole su energía misógina, sexista, lesbofóbica y machista a una serie de insultos que me fueron remitidos por llenarles el correo de “cosas de mujeres”, “problemas de género que no me interesan” y de “discursos españoles que traslado a Colombia”, eso sí en varios el denominador común fue llamar gallinas a las mujeres. Precisamente en este tipo de actitudes he sentido la brecha generacional.

Ah carajo, como si en el país no tuviera peso el diccionario de la RAE y la exclusión de las mujeres no fuera un problema propio del que se padece aun en muchas organizaciones mal llamadas LGBT. Porque creo que la “L” la ponen de adorno y para no desentonar con la “competencia”.

Por otra parte, el problema no solo es gramatical, sino que es mucho más sustancial, es de comprensión del mundo, de la manera de contemplar las relaciones de poder y de vivir la convivencia con nuestras congéneres. En los más jóvenes probablemente es que no se evidencia en la escritura porque no tienen ahora el lio del género al escribir porque todo lo escriben resumido, sin vocales... ps n s marik.

Incluir a las mujeres en la gramática cotidiana y especializada es una forma de reconocer que mujeres y hombres tenemos los mismos derechos, ya sean estas mujeres biológicas o neomujeres transitadas; es especial cabe recordar que estas últimas son aún más estigmatizadas y vulneradas al interior de las asociaciones, en especial cuando resumen en su existencia identitaria el reconocerse translesbianas.

Mientras ellas, las mujeres, esas “otras” (si, con a, en femenino) no sean reconocidas como seres auténticos que no merecen ser excluidas del lenguaje cotidiano, las luchas de los varones GBT no tienen ningún sentido, porque no es posible construir derechos si estos excluyen a una parte significativa de la población. 

martes, 6 de marzo de 2012

¿Por qué los homosexuales hablan como hablan?

Por Manuel Antonio Velandia Mora Ph. D.
España, Marzo de 2012

Esta pregunta me la encontré en un foro en Internet. Quien pregunta afirma: Ya saben, ese tono tan peculiar…  no es exactamente por imitar el tono de las mujeres, lo puedes distinguir en cualquier idioma ¿será algo hormonal, genético o algún código de iniciación?

Bueno, para ser honesto yo también me he preguntado algo similar, porque no son todos los homosexuales, sino solo algunos entre ellos. He llegado a la respuesta de que los amaneramientos de género tienen un gran contenido cultural.

Recordemos que los hombres bogotanos típicos suelen ser algo “amanerados” en el movimiento de sus manos y que para quienes somos oriundos de otras regiones del país y recién llegamos a Bogotá, solemos imaginar que ellos son homosexuales, sin embargo no es así, hay muchos más amaneramientos de ese tipo en los heterosexuales; es lógico, son la mayoría.

Cuando yo llegué a España lo hice a San Sebastián, en el País Vasco. Yo pensé que había un número mayor de lesbianas comparativamente con otras ciudades en muchos otros países del mundo que he visitado (39 exactamente), pero luego de unos pocos días pude darme cuenta que era una falsa apreciación, que culturalmente las mujeres suelen vestir y usar accesorios que en mi lectura cultural eran considerados algo o bastante masculinos. Es decir la lesbianidad de la lectura estaba en mí y no en la vivencia de esas mujeres.

Lo mismo me sucedió con los hombres en Madrid. Fue evidente que esos Amaneramientos femeninos no eran tales sino que en Colombia no es tan frecuente que los hombres se depilen las cejas o vistan pantalones y camisas en colores rosados, amarillos… mejor dichos en colores propios del verano y más específicamente en colores propios de una temporada en la moda que es estacional.

Ahora bien, con la entonación en la voz creo que es aprendida en el gueto. Cuando los homosexuales no han construido su proceso del coming out (salir hacia afuera en su proceso identitario de  orientación sexual) junto a otros homosexuales que ya previamente han tenido una aprendizaje similar, no aprenden dichos amaneramientos.

Por otra parte algunos teóricos consideran que también se puede aprender cuando se convivido exclusivamente con mujeres. A lo que yo agregaría que dicha situación se incrementa en el contacto con el gueto.

Esto de la maricada además es ecosistémico, es decir la pluma es local. Aun cuando hay ciertas plumas que parecen ser universales.

En conclusión si el amaneramiento se aprende, igualmente se puede desaprender, ah carajo pero bien difícil que es; bueno tan difícil como puede ser para algunos machificarse en el gym, que es también otro amaneramiento gay. 

domingo, 10 de enero de 2010

El machismo mata

Manuel Antonio Velandia Mora
España, Enero de 2010


Muchas mujeres siguen muriendo en Colombia a causa de la violencia machista ejercida por novios, maridos o ex cónyuges, las organizaciones se interesan en el tema y crean estrategias, pero las mujeres siguen muriendo ¿Qué hay que hacer?

Existen similitudes y diferencias entre la violencia de géneros y la violencia sexual, aun cuando cualquier ser humano puede ser víctima de ambos tipos de violencia, que puede ser ejercida tanto por personas del mismo como del otro sexo. La violencia de género se manifiesta de múltiples formas, especialmente en la violencia doméstica o intrafamiliar y en la violencia sexual, donde la mayoría de las víctimas son mujeres. Estas violencias tienen un impacto directo sobre la salud de las personas, situación estrechamente relacionada con la Salud sexual, la salud reproductiva, los derechos humanos y los derechos sexuales.

No me referiré aquí a la violencia sexual heterosexual, lésbica u homosexual, sino a la violencia de género que se ejerce de los hombres hacia las mujeres y específicamente a la violencia que se evidencia en muertes de mujeres a manos de sus novios, maridos o ex cónyuges.

Colombia es importante en la historia de la denuncia de la no violencia contra las mujeres, pues fue precisamente en Bogotá , donde en 1981 se celebró el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, evento que determinó el 25 de noviembre como el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres.

12 años después (1993) la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, en la que se definió la "violencia contra la mujer" como todo acto de violencia basado en el género (en este caso femenino) que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vía pública o en la vía privada.

En dicha Asamblea se reconoció que era necesaria "una clara declaración de los derechos que se deben aplicar para asegurar la eliminación de toda violencia contra la mujer en todas sus formas y un compromiso de los Estados y de la comunidad internacional en general para eliminar la violencia contra la mujer."

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Demografía y Salud, de Profamilia, del año 2005, dos de cada tres mujeres consultadas, contestaron que sus esposos o compañeros ejercían o habían ejercido situaciones de control contra ellas; dos de cada cinco mujeres alguna vez casadas o unidas, reportaron haber sufrido agresiones físicas por parte del esposo o compañero; el 16 por ciento del total de mujeres entrevistadas manifestó haber sido objeto de violencia física por parte de una persona diferente al esposo o compañero; el 85 por ciento de las mujeres que han sido objeto de agresión física por parte del esposo o compañero, ha sufrido de secuelas físicas o psicológicas como consecuencia de la golpiza.

Las mujeres ejercen violencia como respuesta
Bien es sabido que la violencia genera violencia. El 63 por ciento de las mujeres agredidas físicamente por sus esposos o compañeros, responde agrediéndole. Las mujeres que menos responden de esta manera, son las mayores de 40 años, las casadas, las del área rural, las que viven en los antiguos Territorios Nacionales y las que no tienen educación. El porcentaje de las mujeres que reportan agredir físicamente al esposo o compañero, cuando él no lo está haciendo, aumenta de 13 en la ENDS 2000 a 47 por ciento en la ENDS 2005; sin embargo, la última cifra incluye no solamente la agresión física, sino también haberlo insultado, controlado o celado.

La gravedad de la violencia física no está sólo en los golpes, si no en la incapacidad de las mujeres de denunciarla. 78 de cada 100 mujeres que son golpeadas no hace nada por cambiar o denunciar esa situación. Sólo 22 de cada 100 mujeres se atreven a quejarse. Una tercera parte de las mujeres contestó que, sus esposos o compañeros las amenazaban. La amenaza más frecuente es abandonarla (21 por ciento), seguida por quitarle los hijos (18 por ciento) y quitarle el apoyo económico (16 por ciento).

El grupo de investigadores que trabajan en la Unidad de Vida de la Fiscalía explican que cerca del 70% de los casos de crímenes pasionales que se registran, por lo menos en Bogotá, son ejecutados por el esposo. La razón es que normalmente la mujer toma un arma como símbolo de protección, pero rara vez con la intención de usarla."

Colombia ha recibido apoyo en el tema de la violencia de género, especialmente de la violencia del hombre hacia la mujer. El 16 de mayo de 2008 se dio inicio al Programa Conjunto “Estrategia Integral para la Prevención, Atención y Erradicación de todas las formas de Violencia de Género en Colombia”, con el cual las Naciones Unidas, a través de agencias como UNIFEM, UNFPA y OIM, apoyan los esfuerzos nacionales –estatales y de la sociedad civil- de lucha contra la violencia hacia las mujeres, en particular aquellas manifestaciones de violencia de mayor prevalencia como son la violencia de pareja, la violencia sexual, la trata de personas, la violencia producida por actores armados ilegales y las prácticas tradicionales que atentan contra los derechos de las mujeres indígenas.

Pero parece ser que los programas no son suficientes probablemente porque las normas legales existentes no disuaden a los agresores y porque la ley no cambia la cultura y por tanto, no hay una transformación en las relaciones sociales, de las relaciones interpersonales y mucho menos de los procesos afectivos y las practicas y emociones que se generan.

El tema de la violencia de género masculino contra el femenino ha tenido cierta presencia en lo que va corrido del año porque el empresario barranquillero Samuel Enrique Viñas Abohomor asesinó con dos tiros a su ex esposa Clarena Acosta Gómez y sin embargo, el homicida fue dejado en libertad. Paradójicamente, el escándalo se desató más porque este hecho demuestra la ineficiencia de las autoridades y las instituciones encargadas del cumplimiento de la ley que por el asesinato mismo.

Las cifras de violencia, de las que poco se habla en los medios, son alarmantes. Veamos un ejemplo: en los siete departamentos caribes durante 2009 se cometieron al menos 28 muertes de mujeres a manos de sus novios, maridos o ex cónyuges. De acuerdo con la Fundación Plan, una ONG dedicada a la infancia y adolescencia, cada hora 20 niñas son víctimas de maltrato y diariamente 100 mujeres son golpeadas por sus parejas. Según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en el año 2007 se registraron 46,2 casos de violencia sexual por cada 100.000 habitantes. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que la violencia sexual contra las mujeres y las niñas colombianas “es alarmante y tiene tendencia a incrementar”.

Por otra parte, “a más de un año de la sentencia de la Corte Constitucional que ordena al Estado investigar los casos de violencia sexual cometidos en el marco del conflicto armado que vive Colombia y desarrollar una política pública para las colombianas desplazadas, no hay un sólo fallo condenatorio y los programas están muy retrasados.”

Posibles respuestas
María Clara Galvis de la Corporación Humanas considera que las víctimas de violencia sexual en Colombia no tienen acceso adecuado a tratamientos médicos y psicológicos. El acceso a dictámenes médico legales sólo es posible en los municipios del país con presencia del INML que es la única institución que practica el peritaje médico/legal. Este dictamen, sin embargo, no asegura el acceso a tratamientos médicos o psicológicos, debido a las deficiencias en la información que brindan a las víctimas quienes practican estos exámenes, que inciden en que las víctimas no comprendan la necesidad de asistir al servicio de salud al que se encuentren afiliadas; y aún cuando fueren adecuadamente informadas, no acuden a los servicios de salud dado que en Colombia un número importante de personas carece de estos servicios.

Para dicha autora los obstáculos que enfrentan las mujeres víctimas de violencia sexual para acceder a la justicia está relacionada con que: en Colombia la garantía de tomar decisiones libres, voluntarias e informadas durante el trámite del proceso se asegura a los procesados pero no a las víctimas; la publicidad del proceso prevalece siempre sobre la dignidad de la víctima; la falta de representación legal de los intereses de las víctimas; la protección de la libertad del procesado con desprotección de la seguridad de la víctima; la complejidad de la prueba; y, la ausencia de garantías procesales para hacer efectivo el derecho a la reparación.

Lo anterior pone en evidencia una serie de desafíos para las instancias judiciales, los órganos de decisión política y para los medios de comunicación. Mientras no se enfrenten tales desafíos, la violencia seguirá aumentando. En España, los medios han jugado un papel importante en la disminución de este tipo de violencia. Cada vez que una mujer es víctima mortal se hace evidencia del número de mujeres asesinadas, pero ello va sumado a que se estimula la denuncia, las autoridades investigan los casos, se da protección a las mujeres, se obliga a los hombres a tomar distancia por medio de ordenes de alejamiento y en especial a que las mujeres han tomado cada vez más un papel activo en la denuncia. Sin embargo, la evidencia también demuestra que cuando las mujeres retiran la denuncia, suelen convertirse en víctimas mortales.

1. Resolución 48/104. Asamblea General de Naciones Unidas. Aprobado el 20/12/1993. Publicado el 23/02/1994.
2. http://colombia.unfpa.org/proyectos/icbf.htm
3. Suarez, Mariana y Diego Alarcón. El Espectador. Bogotá 16.08.08
4. http://www.observatoriogeneroyliderazgo.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=2275

jueves, 11 de diciembre de 2008

Mujeres invisibles

Por Manuel Velandia Mora
24.11.08. España

“Mi marido no me quiere, ya ni siquiera me pega. Desde que tengo el sida ya no le importo para nada… antes por lo menos peleaba conmigo, me maltrataba, pero ahora es como si yo no existiera, como si fuera invisible. Él viene, come, se cambia y vuelve a salir”.

Esta frase que me dijo una mujer mujer santandereana de 27 años, en la investigación colombiana sobre el sida denominada “María Esperanza: una historia de amor”, me recuerda que la violencia contra las mujeres es un hecho cotidiano para muchas de ellas, tan presente en sus vidas que cuando no la tienen, les hace falta.

Cuando pensamos en mujeres y derechos, generalmente lo hacemos teniendo en mente a mujeres visibles como ciertas liderezas políticas, feministas reconocidas, imágenes públicas, pero olvidamos que en nuestros espacios más cotidianos hay mujeres comunes y corrientes, mujeres casi invisibles que no salen en los medios sino cuando ya es demasiado tarde porque ya se han perpetuado hacia ellas las formas mas violentas de agresión como los son las mujeres asesinadas por sus parejas sexuales, las mujeres desplazadas por la guerra, las mujeres victimas del conflicto armado, las mujeres campesinas cuyas voces se ignoran, cuyos gritos no escuchamos, u otras mujeres citadinas, cuyas “rebeldías” nos parecen poco importantes y cuyas efímeras vidas ni siquiera cuentan plenamente para sus hijos.

Por supuesto, no podemos negar que ciertas acciones afirmativas por los derechos de las mujeres, por erradicar toda forma de violencia contra ellas, son bien importantes; pero me pregunto si todas esas actividades, marchas, conciertos que se organizan en su nombre son tan sólo un paño de agua tibia y un alarde informático de ese feminismo institucional desde el que los gobiernos y gobernantes se comprometen a actuar sobre las denuncias de las distintas violencias que se ejercen hacia las mujeres: estrategias comunicativas que se quedan en maravillosos anuncios mediáticos, pero que no logran transformar la cotidiana violencia del que son victimas muchas de nuestras mujeres.

Mi invitación es para que nos tomemos unos segundos para recordar a por lo menos una de esas mujeres que conocemos, que han sido violadas, maltratadas, asesinadas, golpeadas, humilladas por hombres comunes y corrientes, quienes desde su falocratita existencia machista asumen que las mujeres son seres inferiores y entienden que la violencia es el único medio de evidenciar un poder desde el que y con el que se vivencia una relación heterosexual, machista, falocrática y misógina como algo natural.

Cuando digo recordar, lo que pretendo es que no haya posibilidad de que se borre de nuestra memoria que la violencia no siempre es ejercida por aquellos a quienes consideramos violentos, sino que generalmente lo es por hombres comunes y corrientes, quienes desde su propia ignorancia y temores ven en las diferentes formas de violencia doméstica una manera de apaciguar su propia ignorancia y de vengar su propia debilidad.

No nos permitamos asumir y aceptar que existe cierto tipo de agresiones “naturales”, porque el hecho de que son aceptadas social y culturalmente como una manera de relacionarse entre hombres y mujeres.

Erradiquemos de nuestro actuar cotidiano ciertas actitudes y frases a las que recurrimos frecuentemente y con las que ridiculizamos y desvalorizamos a las mujeres; permitámonos repensar y cambiar ciertas manifestaciones de celos, y comprendamos que el maltrato emocional y físico, los insultos, gritos, amenazas y discusiones, la desconfianza, la descalificación, la ridiculización en privado y en público son otras formas de fomentar y aceptar que la violencia de genero es un hecho natural.

Lo único realmente natural es que somos diferentes, pero entre los hombres y entre las mujeres, unos/as a otras/os igualmente somos diferentes porque somos únicos, irrepetibles, tenemos una historia y un desarrollo igualmente particulares. En nuestra unicidad está nuestra grandeza y en el reconocimiento de dicha posibilidad en el otro y en la otro, el germen de una convivencia realmente solidaria y democrática.

!Que las mujeres sean visisbles todos los dias¡

lunes, 6 de agosto de 2007

Los hombres juegan a ser machos

El temor a no ser reconocido como “macho” en un país eminentemente machista como Colombia es una de las situaciones emocionales que más traumatismos crea en los hombres; estos, sin distingo de su orientación sexual, temen no ser machos.

Esta es la razón por la que algunos heterosexuales no se posibilitan participar de las fantasías sexuales de su pareja, cuando ellas desean estar en medio de dos hombres.

La moda determina los lineamientos de lo que es un cuerpo perfecto, que no necesariamente es un cuerpo sano, de ahí que una marcada tendencia en la moda corporal sean los procesos de “machificación”.

Me pregunto ¿Por qué muchos hombres tiendan a exagerar su ser “macho”?, ¿será este un recurso de los homosexuales para poder relacionarse sin ser excluidos socialmente?

Las especies animales se dividen en machos y hembras. En los humanos al macho socializado afectado por la cultura se le denomina hombre y a su actuar, la masculinidad. Se ha dicho que la posibilidad de hacer construcciones lógicas parece ser inherente al hombre y que las mujeres tienden a ser más emocionales. Igualmente, que quien desarrolla pensamiento tiene el poder, y estos se atribuyen primordialmente a los hombres.

La masculinidad es un imaginario, “deber ser” influenciado en su construcción social por la cultura, las interacciones sociales y las maneras de explicar el mundo relacionado con la sexualidad, que en Colombia tiene un marcado acento judeocristiano. Podemos afirmar que hay tantas masculinidades como seres que las asumen o desean asumirla; no es específica de los hombres sino también de los trangéneros, quienes habiendo nacido mujeres y criadas en la feminidad transitaron hacia lo masculino, y de aquellas otras quienes en su transito identitario abandonaron el modelo masculino para aproximarse y “estar siendo” en lo femenino.

El machismo es una construcción ideológica, una forma de actuar e intercambiar socialmente, de ejercer poder directamente emparentada con el ejercicio del modelo de masculinidad imperante en la cultura. A quienes vivencian ésta situación desde su ser hombres se les denomina machos. El macho o quienes pretenden estarlo siendo se asumen seres superiores a quienes no lo son.

Los machos apoyados por las mujeres y sus proceso de endoculturación en la familia, la escuela, enmarcados por la cultura y las relaciones sociales han construido los imaginarios sobre cómo “debe ser” el comportamiento apropiado para la especie (ya sean hombres o mujeres) y excluyen, estigmatizan, vulneran y marginan a quienes no socializan como típicamente machos.

La separación social entre machos, machos no tan machos, mujeres machas y mujeres por supuesto no es fruto de un desarrollo racional, sino consecuencia de procesos emocionales, lo que nos llevaría a confirmar el supuesto de que el machismo -y sus consecuencias- son el resultado de la emocionalidad y no de la racionalidad.

El poder autoreferenciado del macho, aceptado por algunas mujeres y homosexuales, ha dado a los hombres, y en especial a los “machos”, una serie de posibilidades para el relacionamiento que se derivan en formas de poder, que se auto y heteroafirman en el poseer uno de los elementos representativos de la imagen corporal del cuerpo del animal macho -el falo. Este pone a quien lo posee en la escala superior de su especie, en lo que se ha denominado falocracia.

En ésta, tanto las mujeres como los hombres que no asumen el machismo como su referente pleno, son entendidos y asumidos socialmente como grupos a quienes se puede estigmatizar, vulnerar, agredir e incluso, se les considera faltos de hormonas: afirmando que “es la testosterona y no la emocionalidad lo que lleva a los hombres a la aproximación carnal”.

La explicación biologicista del ejercicio de la falocracia olvida que en el proceso de socialización y por los efectos de la cultura los hombres, al convertirse en adultos, aun cuando se afirmen como seres racionales no pueden negar su parte emocional e instintiva. El machismo niega la emoción como una posibilidad condicionada cerebralmente y excluye a todo aquel que aparezca como sensible o exprese su emocionalidad, más aún en situaciones en las que “todo hombre debe ejercer su autocontrol”, como en el duelo, el dolor y en la expresión de los afectos.

Los hombres homosexuales que tienen problemas en la construcción de su identidades de sexo y masculinidad han encontrado dos alternativas para socializar: primero, fingirse “machos” para ser aceptados; y, segundo, asumirse como sujeto-objeto de exclusión, y en consecuencia permitirla y autoexcluirse. Alternativas a las que recurren ciertos heterosexuales igualmente en crisis identitaria.

Los primeros como una manera de “resolver” dichas contradicciones se construyen para sí mismos y los demás un cuerpo “machificado”, ya sea por el desarrollo extremo de su musculatura por medio del ejercicio físico, o por la ingesta de substancias, como los esteroides. Otros menos interesados en hacer del gimnasio su espacio para la “machificación” prefieren estrategias más rápidas y menos exigentes como la aplicación cosmética de prótesis (implantes de silicona y otros materiales que emulan la musculatura hipertrofiada).

Algunos pocos hombres prefieren, con ayuda medica y a veces de un simple vendedor de medicamentos no formado para ello, construirse ciertos rasgos secundarios con la aplicación de hormonas como la testosterona, con lo que logran cambios significativos en la tersura de la piel, en la estructura muscular e incluso, el aceleramiento de la alopecia, considerada por algunos como otro símbolo en la imagen del macho y la presencia marcada de vello.