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martes, 14 de febrero de 2012

¿Será posible que los mejores maridos siempre sean los de los otros?

Por Manuel Antonio Velandia Mora
Publicado en: http://www.bogotarosa.com/nuevo/es/blogs/manuel-velandia/index2.html

Sería de esperarse que los seres más atractivos de las diferentes especies fueran las hembras, pero que va, la naturaleza es algo extraña y son los machos los más atractivos, y lo son aún más, en la época de apareamiento.

Los seres humanos están preparados para el apareamiento de manera permanente y no tan solo para algunas épocas, razón por la que el macho humano ha tenido que desarrollar ciertas potencialidades, capacidades y elementos de consumo para lucir atractivo por más tiempo. Se ayuda de la moda, los maquillajes, accesorios, los procesos de “machificación” en el gimnasio, la capacidad adquisitiva.

No se sabe por qué razón el macho humano se torna aún más atractivo cuando sostiene una relación de pareja de esas que pudiéramos llamar “estables”. Pudiera ser el instinto de sobrevivencia, el de competencia o la simple vanidad la que nos lleva a querer mostrar orgullosamente como presa o trofeo de caza a aquel que previamente se nos había mostrado como fiel e indiferente; por supuesto ser “infiel” es también una posibilidad de reconocerse atractivo, deseable e inclusive sexualmente vigente. La infidelidad únicamente es posible si existe previamente una relación de pareja y esta  tiene diferentes valoraciones dependiendo del tiempo, el tipo de intercambio genital que se presente  y la solidez de la vinculación: se puede ser por ejemplo, amigos, amiguito, amigo compatible sexualmente, noviecito, amante, pareja, esposo, un rato, un “sobrino”, amante, usuario e inclusive “tinieblo”.

Los hombres homosexuales o no, tenemos la fantasía de tener una pareja estable pero al mismo tiempo respondemos al patrón social de “macho latinoamericano” preparado para “entrenarse” y así, cumplir bien con las “funciones matrimoniales”. El modelo que tenemos de pareja es heterosexual, en él los roles están plenamente preestablecidos así que de alguna manera cuando nos emparejamos nos vemos “obligados” a seguir con aquello que la cultura “nos impone”.  El temor a vernos coartados en nuestra libertad nos lleva a considerar que la fidelidad, como todas las normas, es para transgredirla.

En una pareja homosexual son dos hombres los que se relacionan y en última instancia son dos machos quienes comparten. Ello representa una contradicción con el “deber ser” socializado que igualmente nos ha indicado que la vinculación afectiva es tan solo uno de los elementos que consolidan la pareja ya que otros aspectos como los hijos, la economía conjunta, la seguridad social y familiar son otros aspectos determinantes en la pareja heterosexual.

Pero entonces, ¿Cómo lograr la estabilidad en las uniones entre dos hombres? Una unión legalizada no es precisamente la alternativa aun cuando no puede negarse que ayuda un poco y es especial en cuestiones de economía y salud. Considero que más que la posibilidad de establecer un “contrato notarial” o el “matrimonio” lo que se necesita en el país es la ruptura con el modelo cultural, social y sexual tradicional. Recordemos que en el debate de la ley de parejas en Colombia ha primado la derecha y el pensamiento de la  iglesia católica.

No pretende imponer la idea de que nos sigamos comportando como “machos” tradicionales pero tal vez tendríamos que preguntarnos si la  fidelidad es una cualidad de  ciertos equipos de sonido con un costo muy elevado o si por el contrario el amor es suficiente como para optar compartir la vida con un hombre que parece llenar todas nuestras expectativas y decidir tener nuestra exclusividad sexual con él.

No es precisamente por aquello de que más vale malo conocido que bueno por conocer, o por aquel otro dicho que es mejor pájaro en mano que ciento volando, pero ahora que estoy “soltero” de nuevo tengo claro que la estabilidad emocional ayuda significativamente a la estabilidad sexual; también he descubierto que la separación incrementa el deseo significativamente, no porque en una relación de pareja el “sexo” se vuelva costumbre sino tal vez porque en una relación consolidada son muchos otros aspectos los que mutuamente se aportan para ser felices.

Por supuesto lo que algunos llaman “la cama” es bien importante pero la ternura, la solidaridad, la compañía e inclusive los encuentros y desencuentros de otros ordenes  son  tanto o más satisfactorios en el devenir de la vida cotidiana. La permanente compañía que se tiene cuando se vive con alguien no es tan satisfactoria como el encuentro pasajero con ese sujeto del que no sabemos si tan siquiera mañana volveremos a encontrarnos.

domingo, 10 de enero de 2010

Excitación, orgasmo masculino y riesgo de infarto

Manuel Antonio Velandia Mora
España, Enero de 2010


¿Cuál es el riesgo de Infarto agudo del miocardio o Muerte súbita durante el acto sexual, en personas sanas o en cardiacos? Se preguntan los expertos y las personas del común que temen por su vida con relación a su vida sexual. Manuel Velandia basado en diferentes estudios y las opiniones de expertos en el corazón responde a estas preguntas.

Desde que los estudios de Masters y Johnson, encontraron elevaciones importantes de la frecuencia cardiaca (FC) y de la presión arterial (PA) durante las relaciones sexuales investigadas en estudiantes y profesores voluntarios, ha habido preocupación sobre el riesgo cardiovascular que implica esta actividad .

Master y Jonson, dividieron la respuesta sexual humana en las fases de excitación, meseta, orgasmo y resolución.

Excitación: La excitación es una reacción ante un estímulo sexual efectivo, ya sea de tipo psicógeno o físico. Este estimulo es selectivo de acuerdo con el organismo que lo recibe y procesa y varía en intensidad según la ocasión o situación. Si las condiciones son favorables, la excitación continua, si, por el contrario, existen eventos adversos, ésta puede interrumpirse de manera abrupta y tajante.

La excitación comienza en el cerebro cuando un hombre se excita por algo real o imaginario. Las experiencias de un hombre lo condicionan con rapidez; objetos y circunstancias relacionados con el sexo también pueden provocar la excitación. De esta manera, y sin contacto físico alguno la excitación masculina se produce rápidamente.

Informa sexología.com que además de causar la erección del pene, el aumento de flujo sanguíneo provoca el enrojecimiento de la piel aproximadamente en la cuarta parte de los hombres. Este flujo sexual comienza en el abdomen inferior y se extiende sobre la piel del pecho, cuello y rostro. Puede aparecer en los hombros, antebrazos y muslos. Después de la eyaculación, el flujo sexual desaparece con gran rapidez: primero en hombros y extremidades, luego en el pecho y, finalmente, en el cuello y en el rostro.

El pecho del hombre responde a la estimulación sexual. Aunque el patrón es inconsistente, con frecuencia tiene lugar una hinchazón y erección del pezón que puede desarrollarse sin contacto directo y durar hasta una hora después de la eyaculación. Razón por la que el pecho, pueden convertirse en zonas erógena si se le da la estimulación suficiente. El promedio de latidos del corazón masculino se incrementa con la excitación sexual; también se acelera su ritmo respiratorio y se eleva la presión sanguínea.

Meseta: se intensifica la tensión sexual y de continuar la excitación, el organismo, llega a un orgasmo. En el caso de la respuesta sexual masculina, según sexología.org una vez que se alcanza un determinado punto de excitación, conocido como el momento de eyaculación inminente, no hay vuelta atrás y aún en el caso de detenerse la estimulación, el paso al orgasmo acompañado de la eyaculación es inevitable. La fase de meseta consistirá en el mantenimiento de la excitación, y por lo tanto de la obtención de la tensión sexual necesaria para llegar al orgasmo manteniéndose las reacciones antes descritas.

Orgasmo: liberación de la tensión sexual. La sensación es subjetiva, se concreta inicialmente en los órganos genitales y más adelante se percibe como una reacción generalizada que compromete todo el sistema muscular. El orgasmo es la descarga mediante una serie de contracciones más o menos regulares, de la tensión o acumulación sanguínea alcanzada durante la excitación y meseta. Esta respuesta va acompañada de una sensación física de placer intenso, vivida psicológicamente de forma distinta por cada persona.

Resolución: con la relajación o detumescencia del pene, descenderá la erección paulatinamente. En este periodo el hombre debe esperar un tiempo prudencial para lograr una nueva excitación, situación que variará en función de la edad y las características físicas del varón. Pasado este tiempo puede volver a haber erección acompañada nuevamente de orgasmo aunque la eyaculación será menos abundante o inexistente.

Existen dos situaciones diferentes y paralelas en el acto sexual: la excitación y el esfuerzo físico. La respuesta cardiovascular y metabólica está relacionada a ambos, pero más preeminentemente a la excitación.

El esfuerzo físico realizado durante el coito, de manera usual, en hombres de edad media, tiene un costo fisiológico modesto, con máximas frecuencias cardiacas no muy elevadas y de corta duración. Es necesario tener en cuenta que existen amplias variaciones en los gastos energéticos durante el acto sexual dependientes de factores como el estado físico del paciente y su pareja, de la excitación, de la ingesta abundante de comida antes de la actividad sexual, de si la relación es extraconyugal, etc. La mayoría de estudios establecen que en personas jóvenes el equivalente metabólico de una relación sexual muy vigorosa puede llegar hasta un máximo de 6 METS (consumo de oxígeno expresado en equivalentes metabólicos), aunque hay variabilidad entre las personas según Sánchez-Palacios. Por ejemplo caminar 2 millas/hora requiere 2 METS, la actividad sexual preorgasmo 2-3 METS, la actividad sexual durante el orgasmo 3-4 METS, montar bicicleta 10 millas/hora 6-7 METS. Por dicha razón se ha considerado que la actividad sexual en forma regular es beneficiosa y aumenta la sobrevida.

Es importante establecer que el grado de excitación también juega un rol importante. Cantwell en un estudio con monitoreo electrocardiográfico de 24 horas encontró que con la pareja usual, la FC subía de 72/min a 92/min, mientras que con una pareja eventual ascendía de 96/min a 150/min. Lo mismo se ha descrito para el ambiente en donde se lleva a cabo. En conclusión, lo inusual aumenta la excitación. A raíz del estudio de Ueno sobre muerte súbita , diversos autores asocian un mayor esfuerzo cardiaco con relaciones extramaritales.

No existen estudios sobre los gastos energéticos en las relaciones homosexuales. De lo que sí hay constancia es que la automasturbación, o la realizada por la pareja, elevan la frecuencia cardiaca en menor proporción, por lo que se considera como una alternativa en determinadas situaciones sociales o cardiológicas.

A las personas que les han diagnosticado una enfermedad cardiovascular pueden tener relaciones sexuales. La actividad física que requiere una relación sexual se compara con la necesaria para subir dos pisos de escaleras. Considera fundaciondelcorazon.com que si usted es capaz de subir dos pisos de escaleras sin tener dolor en el pecho o fatiga excesiva, será capaz, desde el punto de vista físico, de mantener relaciones sexuales plenas.

Incluso si la persona acaba de sufrir un infarto puede volver a mantener relaciones sexuales. La actividad sexual en los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio puede ser lo más normal posible y, en muchos casos, absolutamente similar a las personas sin enfermedad coronaria. En líneas generales, puede reanudarse a las dos semanas del alta hospitalaria, pero se recomienda que consulte siempre con su médico.

Es normal que se tenga miedo a la hora de enfrentarme a la vida sexual luego de un infarto, pero la actitud que se ha de tomar es la de hablar con sinceridad a su pareja de sus miedos e inquietudes, y solicitar la ayuda de un especialista si es necesario. No se sienta nunca avergonzado ni rechace pedir ayuda o apoyo, porque la existencia de una enfermedad de este tipo puede ser una causa psicológica que nos lleve a limitar o, incluso, a renunciar a nuestra vida sexual.

Bibliografía
Sánchez-Palacios Paiva, Miguel (2001). Actividad sexual: Mito o realidad. En: Diagnóstico. Volumen 40, Nº6, Nov 2001
Cantwell, JD. Sex and the heart Med Aspects Human Sexuality 1981; 15:14-23.
Ueno M. The so-called coition death. Jpn J Leg Med 1963; 17: 333-340.
De Busk RF. Evaluating the cardiovascular tolerance for sex. Am J Cardiol 2000; 86(Supl): 51F-56F.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El temor a no ser masculino o femenina

El temor a dejar de ser homosexual o lesbiana o a dejar de serlo.
Por Manuel Velandia
España, julio de 2009


Los padres, las madres, los maestros y maestras, los sacerdotes, las monjas, chamanes, popes, pastores, científicos tienen el temor de que no seamos hombres masculinos o mujeres femeninas y heterosexuales, pero algunos/as maricones y bolleras temen que a los homosexuales se les identifique como afeminados y a las lesbianas, masculinizadas.

Su temor se fundamenta en una ideología sexista, machista, falocrática, heterosexista y misógina que ha permeado a todas las culturas, hasta el punto que en todas se ha reproducido un “deber ser” del cuerpo, del sexo, del género, de la sexualidad, del placer e incluso, del “deber hacer” con el cuerpo, los genitales, la palabra y hasta el pensamiento de los hombres y de las mujeres.

Toda transgresión a ese modelo, en el intento de “estar siendo” lo que hemos “querido ser”, se condena con la cárcel, la muerte, la exclusión social, la sanción social, el desplazamiento forzado, el asesinato y otras formas más refinadas de crímenes de odio.

Se nos ha imbuido a creer que dicha ideología es la verdadera y en consecuencia, defendemos, actuamos y exigimos que otros/as/es la asuman y la vivencien; pero el género como todo elemento ideológico es una construcción social, un acuerdo espacio temporal propio de una cultura, e incluso, construido en una subcultura. Lo que es masculino aquí y hoy, no necesariamente lo será mañana, ni lo fue ayer. Lo que está siendo masculino hoy y aquí, no necesariamente lo es en otro lugar, en este mismo país, en otro país o en otro continente. Lo que es masculino aquí, puede ser parte de la feminidad en otra cultura.

Masculinidades y feminidades tienen variaciones tan particulares que puede afirmarse que hay tantas masculinidades y feminidades como seres humanos se asumen masculinos o femeninos.

Por qué tendríamos que ser masculinos o femeninos, por qué tendríamos que jugar en ese binarismo masculino-femenino. Por qué no podemos transitar hacia la masculinidad o hacia la feminidad, por qué no vivir en la androginia, por qué no podemos ser hoy esto y mañana aquello.

Los pensamientos judeocristiano y positivista (aun cuando parezca redundante) nos llevan a pensar que sólo hay una opción posible, pero si fuéramos realmente autoconstruidos, autodeterminados, sujetos plenos de derechos entenderíamos la importancia que tiene experimentar otras emociones, otras vivencias, otras explicaciones en las que el único límite es la felicidad.

La sociedad rechaza a quienes transitan ya sea en el género, en el cuerpo, en la orientación sexual o en sus expresiones comportamentales sexuales, porque estos seres autónomos y autoconducidos son/somos peligrosos por negarnos a aceptar el estatus quo de la sexualidad oficial, desde el que se pretende olvidar que el género es una construcción biopolítica y cultural.
Las situaciones de discriminación por las que pasa quien transita en el género se basan en el poder que se le otorga a la masculinidad.

La sociedad acepta los tránsitos corpóreos cuando estos ratifican el imaginario popular del deber ser para el cuerpo-genero; por ello generalmente no sorprenden los tránsitos que ha hecho con sus tetas Pamela Anderson o el cuerpo machificado de Cristiano Ronaldo, pero por esa misma lógica tampoco ha de asombrarnos que ni los/as mismos/as LGB acepten los tránsitos de aquellos/as a quienes identifican/mos como “trans” o las diversidades de sus congéneres LGBTTTIQ.

Hay una multiplicidad de posibilidades en el cuerpo. Como afirma Beatriz Preciado, no hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales, cromosómicas, genitales, sexuales y sensuales. Algunos autores consideran que decidirse por una orientación sexual, un sexo, un género o por una forma específica de obtener placer sexual coarta la libertad para “estar siendo” lo que se desea ser. Yo me ubico en esta posición teórica y experiencial: para mí la identidad es cultural, política, relacional, por tanto móvil y se transforma en el tiempo, en el espacio, con el tipo de relaciones y re-descubrimientos que hacemos.

Desde la otra óptica, la lineal positiva, se considera que se es homosexual, lesbiana, bisexual o heterosexual y que se es para toda la vida; sin embargo, la sexualidad es tan móvil y tan única como el ser humano. En nuestro continuo “estar siendo” estamos en la posibilidad y en la necesidad de probarnos a nosotros/as mismos/as y esa permanente ansia de descubrir-se nos lleva a darnos cuenta de que aquello que creemos que somos puede dejar de serlo en un siguiente momento.

Los/as seres humanos somos deseantes… algunos estaremos siendo homodeseantes, bideseantes, heterodeseantes o lesbicodeseantes, pero no por estarlo siendo somos homosexuales, lesbianas, heterosexuales o bisexuales. La identidad de orientación sexual es una construcción en la que la persona va re-descubriendo-se poco a poco; algunas veces ese proceso se hace muy rápido, otras es demasiado lento, pareciera que hay un punto final en el que la persona conoce hacia quien orientar tus afectos, erotismo y genitalidad y que ya tiene definida su orientación sexual.

En dicho momento se considera que se han definido cuatro aspectos -deseo, erotismo, afectividad y genitalidad- que se conjugan hacia alguien del mismo sexo, y a partir de ello si a dicha persona se le ha identificado socialmente como mujer y se orienta por un hombre, entonces su orientación sexual será hetero y se le hetero-etiqueta heterosexual, pero si su sujeta es otra mujer entonces se asume que es lesbicodeseante, lesbicoafectiva, lesbicoerótica y lesbicogenital, y en consecuencia se le hetero-etiqueta lesbiana, pero aun esta persona tan solo se auto-identificara lesbiana hasta cuando se asuma identitariamente y para sí misma como tal. Igual sucede con un hombre al que se le hetero etiquete homosexual porque se le asume homodeseante, homoafectivo, homoerótico y homogenital, tan solo será homosexual hasta cuando él se asuma a sí mismo e identitariamente como tal.

Sin embargo no todos los seres humanos se auto-identifican bajo uno de los rótulos de las orientaciones sexuales, porque no se identifican como homosexuales, lesbianas, bisexuales o heterosexuales, sino que pueden experienciar-se en posibilidades tan diversas como por ejemplo, auto-identificarse bideseantes, homofectivos/as, bieróticos/as y heterogenitales
y ser auto y hetero-definidos como heterosexuales o simplemente, no auto-definirse en una orientación sexual determinada.

Entonces cabe preguntarse, por qué la necesidad de definirse homosexual, lesbiana, transexual, transgénero o bisexual. En algunos casos la necesidad pareciera ser mas externa que particular, en otros es a la inversa, en algunos mas no existe esa necesidad. Yo, por ejemplo, hay días en los que estoy siendo una mariquita, loquita, con plumas y algo femenina; otros días estoy siendo un maricón machificado, pero a la largo hay días en que ni siquiera estoy siendo algo concreto; es más, ni siquiera tengo tiempo, deseo o necesidad de hacerlo. Hay periodos, días o momentos en que permanezco de forma algo constante en un estar siendo aun cuando también tengo claro que me planteo una especie de horizonte, un querer ser, aun cuando también vislumbro que dicho querer ser igualmente está siendo móvil, tan móvil como yo mismo y mi identidad.

Cuando me he definido, por ejemplo homosexual sé que mi vivencia no es similar a la de otros que se asumen homosexuales, ello me lleva a comprender que no existe la homosexualidad como tal sino que hay tantas homosexualidades como personas se están asumiendo homosexuales, pues las homosexualidades, las lesbianidades, las heterosexualidades, las bisexualidades son construcciones conceptuales, emocionales y experienciales únicas y particulares.

Cuando se folla con alguien (o como se desee llamar a ese acto genital y algunas veces afectivo y erótico) se está construyendo una relación única que no repite experiencias previas, pero que si se basa en construcciones particulares edificadas a partir de referentes externos; nuestros orgasmos tan sólo pueden tener como referencia a nuestros propios orgasmos, en tal sentido la vivencia de la orientación sexual de cada sujeto es tan única como el sujeto mismo, aun cuando al explicación sea similar en algunos de sus elementos a las de otros en su entorno geopolítico.

La construcción identitaria es tan cultural, tan momentánea y tan ecosistémica como lo somos nosotros/as/es mismos as/es, pero queremos que el nombre y la explicación permanezcan, como si la identidad fuera la denominación y esta su explicación.

Analizar e interpretar la construcción de la identidad sexual ha implicado partir de la reconstrucción del texto sobre la sexualidad, que es elaborada básicamente por Psicólogos, especialistas en sexualidad, sexólogos y educadores sexuales como una manera de interpretar la realidad sexual y sobre todo poder clasificar a los/as/es usuarios/as de sus servicios o posibles pacientes en sus imaginarios particulares y profesionales.

Las denominaciones y las percepciones sobre las identidades igualmente son tan móviles como las vivencias particulares; solemos ver relaciones homosexuales en las ánforas y platos griegos, pero las relaciones entre los filósofos mayores y los jóvenes no se construían como muchos siglos después las imaginaba en su tiempo Karl María Kertbeny al acuñar en 1869 el concepto “homosexual”, tampoco como muchos de los traductores que suelen encontrar pasajes eróticos claramente “homosexuales” en los textos de la filosofía griega, como por ejemplo en “El Symposium” y “El Banquete” (Platón) o como lo explican la OMS, la Asociación Psiquiátrica Americana o las organizaciones LGTB en España, Argentina, Colombia, cualquier país asiático o africano, que a decir verdad, cada una lo explica de una manera única y particular, sin por ello lograr definir a quienes en sus espacios se ponen dicho rótulo.

lunes, 17 de agosto de 2009

El temor a no ser masculino o femenina

El temor a dejar de ser homosexual o lesbiana o a dejar de serlo.
Por Manuel Velandia

España, julio de 2009

Los padres, las madres, los maestros y maestras, los sacerdotes, las monjas, chamanes, popes, pastores, científicos tienen el temor de que no seamos hombres masculinos o mujeres femeninas y heterosexuales, pero algunos/as maricones[1] y bolleras[2] temen que a los homosexuales se les identifique como afeminados y a las lesbianas, masculinizadas.

Su temor se fundamenta en una ideología sexista, machista, falocrática, heterosexista y misógina que ha permeado a todas las culturas, hasta el punto que en todas se ha reproducido un “deber ser” del cuerpo, del sexo, del género, de la sexualidad, del placer e incluso, del “deber hacer” con el cuerpo, los genitales, la palabra y hasta el pensamiento de los hombres y de las mujeres.

Toda transgresión a ese modelo, en el intento de “estar siendo” lo que hemos “querido ser”, se condena con la cárcel, la muerte, la exclusión social, la sanción social, el desplazamiento forzado, el asesinato y otras formas más refinadas de crímenes de odio.

Se nos ha imbuido a creer que dicha ideología es la verdadera y en consecuencia, defendemos, actuamos y exigimos que otros/as/es la asuman y la vivencien; pero el género como todo elemento ideológico es una construcción social, un acuerdo espacio temporal propio de una cultura, e incluso, construido en una subcultura. Lo que es masculino aquí y hoy, no necesariamente lo será mañana, ni lo fue ayer. Lo que está siendo masculino hoy y aquí, no necesariamente lo es en otro lugar, en este mismo país, en otro país o en otro continente. Lo que es masculino aquí, puede ser parte de la feminidad en otra cultura.

Masculinidades y feminidades tienen variaciones tan particulares que puede afirmarse que hay tantas masculinidades y feminidades como seres humanos se asumen masculinos o femeninos.

Por qué tendríamos que ser masculinos o femeninos, por qué tendríamos que jugar en ese binarismo masculino-femenino. Por qué no podemos transitar hacia la masculinidad o hacia la feminidad, por qué no vivir en la androginia, por qué no podemos ser hoy esto y mañana aquello.

Los pensamientos judeocristiano y positivista (aun cuando parezca redundante) nos llevan a pensar que sólo hay una opción posible, pero si fuéramos realmente autoconstruidos, autodeterminados, sujetos plenos de derechos entenderíamos la importancia que tiene experimentar otras emociones, otras vivencias, otras explicaciones en las que el único límite es la felicidad.

La sociedad rechaza a quienes transitan ya sea en el género, en el cuerpo, en la orientación sexual o en sus expresiones comportamentales sexuales, porque estos seres autónomos y autoconducidos son/somos peligrosos por negarnos a aceptar el estatus quo de la sexualidad oficial, desde el que se pretende olvidar que el género es una construcción biopolítica y cultural.

Las situaciones de discriminación por las que pasa quien transita en el género se basan en el poder que se le otorga a la masculinidad. La sociedad acepta los tránsitos corpóreos cuando estos ratifican el imaginario popular del deber ser para el cuerpo-genero; por ello generalmente no sorprenden los tránsitos que ha hecho con sus tetas Pamela Anderson o el cuerpo machificado de Cristiano Ronaldo, pero por esa misma lógica tampoco ha de asombrarnos que ni los/as mismos/as LGB acepten los tránsitos de aquellos/as a quienes identifican/mos como “trans” o las diversidades de sus congéneres LGBTTTIQ.

Hay una multiplicidad de posibilidades en el cuerpo. Como afirma Beatriz Preciado, no hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales, cromosómicas, genitales, sexuales y sensuales. Algunos autores consideran que decidirse por una orientación sexual, un sexo, un género o por una forma específica de obtener placer sexual coarta la libertad para “estar siendo” lo que se desea ser. Yo me ubico en esta posición teórica y experiencial: para mí la identidad es cultural, política, relacional, por tanto móvil y se transforma en el tiempo, en el espacio, con el tipo de relaciones y re-descubrimientos que hacemos.

Desde la otra óptica, la lineal positiva, se considera que se es homosexual, lesbiana, bisexual o heterosexual y que se es para toda la vida; sin embargo, la sexualidad es tan móvil y tan única como el ser humano. En nuestro continuo “estar siendo” estamos en la posibilidad y en la necesidad de probarnos a nosotros/as mismos/as y esa permanente ansia de descubrir-se nos lleva a darnos cuenta de que aquello que creemos que somos puede dejar de serlo en un siguiente momento.

Los/as seres humanos somos deseantes… algunos estaremos siendo homodeseantes, bideseantes, heterodeseantes o lesbicodeseantes, pero no por estarlo siendo somos homosexuales, lesbianas, heterosexuales o bisexuales. La identidad de orientación sexual es una construcción en la que la persona va re-descubriendo-se poco a poco; algunas veces ese proceso se hace muy rápido, otras es demasiado lento, pareciera que hay un punto final en el que la persona conoce hacia quien orientar tus afectos, erotismo y genitalidad y que ya tiene definida su orientación sexual.

En dicho momento se considera que se han definido cuatro aspectos -deseo, erotismo, afectividad y genitalidad- que se conjugan hacia alguien del mismo sexo, y a partir de ello si a dicha persona se le ha identificado socialmente como mujer y se orienta por un hombre, entonces su orientación sexual será hetero y se le hetero-etiqueta heterosexual, pero si su sujeta es otra mujer entonces se asume que es lesbicodeseante, lesbicoafectiva, lesbicoerótica y lesbicogenital, y en consecuencia se le hetero-etiqueta lesbiana, pero aun esta persona tan solo se auto-identificara lesbiana hasta cuando se asuma identitariamente y para sí misma como tal. Igual sucede con un hombre al que se le hetero etiquete homosexual porque se le asume homodeseante, homoafectivo, homoerótico y homogenital, tan solo será homosexual hasta cuando él se asuma a sí mismo e identitariamente como tal.

Sin embargo no todos los seres humanos se auto-identifican bajo uno de los rótulos de las orientaciones sexuales, porque no se identifican como homosexuales, lesbianas, bisexuales o heterosexuales, sino que pueden experienciar-se en posibilidades tan diversas como por ejemplo, auto-identificarse bideseantes, homofectivos/as, bieróticos/as y heterogenitales
y ser auto y hetero-definidos como heterosexuales o simplemente, no auto-definirse en una orientación sexual determinada.

Entonces cabe preguntarse, por qué la necesidad de definirse homosexual, lesbiana, transexual, transgénero o bisexual. En algunos casos la necesidad pareciera ser mas externa que particular, en otros es a la inversa, en algunos mas no existe esa necesidad. Yo, por ejemplo, hay días en los que estoy siendo una mariquita, loquita, con plumas y algo femenina; otros días estoy siendo un maricón machificado, pero a la largo hay días en que ni siquiera estoy siendo algo concreto; es más, ni siquiera tengo tiempo, deseo o necesidad de hacerlo. Hay periodos, días o momentos en que permanezco de forma algo constante en un estar siendo aun cuando también tengo claro que me planteo una especie de horizonte, un querer ser, aun cuando también vislumbro que dicho querer ser igualmente está siendo móvil, tan móvil como yo mismo y mi identidad.

Cuando me he definido, por ejemplo homosexual sé que mi vivencia no es similar a la de otros que se asumen homosexuales, ello me lleva a comprender que no existe la homosexualidad como tal sino que hay tantas homosexualidades como personas se están asumiendo homosexuales, pues las homosexualidades, las lesbianidades, las heterosexualidades, las bisexualidades son construcciones conceptuales, emocionales y experienciales únicas y particulares.

Cuando se folla con alguien (o como se desee llamar a ese acto genital y algunas veces afectivo y erótico) se está construyendo una relación única que no repite experiencias previas, pero que si se basa en construcciones particulares edificadas a partir de referentes externos; nuestros orgasmos tan sólo pueden tener como referencia a nuestros propios orgasmos, en tal sentido la vivencia de la orientación sexual de cada sujeto es tan única como el sujeto mismo, aun cuando al explicación sea similar en algunos de sus elementos a las de otros en su entorno geopolítico.

La construcción identitaria es tan cultural, tan momentánea y tan ecosistémica como lo somos nosotros/as/es mismos as/es, pero queremos que el nombre y la explicación permanezcan, como si la identidad fuera la denominación y esta su explicación.

Analizar e interpretar la construcción de la identidad sexual ha implicado partir de la reconstrucción del texto sobre la sexualidad, que es elaborada básicamente por Psicólogos, especialistas en sexualidad, sexólogos y educadores sexuales como una manera de interpretar la realidad sexual y sobre todo poder clasificar a los/as/es usuarios/as de sus servicios o posibles pacientes en sus imaginarios particulares y profesionales.

Las denominaciones y las percepciones sobre las identidades igualmente son tan móviles como las vivencias particulares; solemos ver relaciones homosexuales en las ánforas y platos griegos, pero las relaciones entre los filósofos mayores y los jóvenes no se construían como muchos siglos después las imaginaba en su tiempo Karl María Kertbeny al acuñar en 1869 el concepto “homosexual”, tampoco como muchos de los traductores que suelen encontrar pasajes eróticos claramente “homosexuales” en los textos de la filosofía griega, como por ejemplo en “El Symposium” y “El Banquete” (Platón) o como lo explican la OMS, la Asociación Psiquiátrica Americana o las organizaciones LGTB en España, Argentina, Colombia, cualquier país asiático o africano, que a decir verdad, cada una lo explica de una manera única y particular, sin por ello lograr definir a quienes en sus espacios se ponen dicho rótulo.

[1] En España se usa maricón para denominar-se en masculino.
[2] Bollera es usado coloquialmente en España para designar-se lesbiana, no se considera despectivo. Originalmente si lo fue; la palabra proviene de bueyera, la mujer que cuida los bueyes, que era una actividad considerada “masculina”; en América Latina se identifica la palabra con la raíz “bollo” (un tipo de bizcocho) y lo asocian a “arepera” o “tortillera” (Torta circular y aplanada hecha con harina de trigo o de maíz), nombre despectivo con el que se denomina a las lesbianas.

sábado, 11 de julio de 2009

¿Cómo se masturban los hombres?

Tardarás más, llegarás más tarde
Por Manuel Velandia
España

¿Cómo se masturban los hombres? Es la pregunta sobre la que Manuel Velandia reflexiona. La respuesta ayuda a desarrollar otras posibilidades y enseña a quienes no tienen mucha experiencia sobre como hacerse un/a mejor amante. El artículo hace parte de Kamasutra de verano, una excusa del autor para hablar de sexo, para abordar temas que frecuentemente no se analizan al hablar sobre una relación de pareja.

La masturbación es probablemente la práctica erótica con más mala fama. Se dice que a quien la práctica le sale pelos en la palma de la mano, se vuelve loco, puede quedar ciego o impotente; si es una mujer, que se convertirán en unas ninfómanas, insaciables y que ningún hombre las querrá.

Por otro lado se dice que es una conducta inmadura, que quien la practica permanece en la adolescencia mental, que lleva a la negación de la pareja.
Sin embargo, la masturbación es una forma de encontrarse con sigo mismo/a, de reconocer el cuerpo, de prepararse para el intercambio sexual e incluso de aprender a retardar la eyaculación.

La masturbación se practica desde niños, se acentúa con la juventud y se disfruta hasta la misma muerte; favorece las relaciones de pareja en cuanto regula y equilibra los ritmos de deseo, erotismo y genitalidad de las mujeres y hombres con parejas estables, aun cuando se afirma popularmente que se debería abandonar si se tiene pareja.

¿Cómo se masturban los hombres?
En general, los hombres son bastante elementales en cuanto a la masturbación se trata, pero hay muchas maneras de hacerlo. La más simple y tradicional consiste en estimular acariciando el tallo del pene (balano) de arriba hacia abajo, o de abajo hacia arriba, haciendo que el prepucio (si no se está circuncidado) se mueva cubriendo y descubriendo el glande (la cabeza), desde que el pene está flácido hasta que la erección alcance toda su consistencia, para lograr la eyaculación (venirse, botarse) el ritmo se incrementa hasta que el orgasmo es irremediable. Se puede tener orgasmos sin eyaculación y también viceversa.

Para evitar y/o retardar la eyaculación se utiliza una técnica que consiste en presionar el conducto seminal, colocando los dedos durante unos segundos sobre el balano, justo debajo del surco balano prepucial (la parte mas hendida del pene) y parar el movimiento de fricción de la mano sobre el balano.

También se logra cambiando la velocidad y la presión con la que se hacen los movimientos de la mano, parando y retomando la estimulación las veces que sea necesario.

Por supuesto hay formas mas creativas para masturbar-se, vale la pena trascender los aprendizajes juveniles. Hay sensaciones diferentes si se masturba con la mano humedecida con un lubricante o con la mano seca; la masturbación agresiva suele ser placentera para algunos, aun cuando puede terminar siendo molesta, especialmente para los circuncidados.

La sensación es diferente si se masturba con la mano mas desarrollada o con la poco utilizada, los movimientos difíciles de controlar provocan sensaciones extrañas que pueden ser muy placenteras.

Se puede masturbar colocando el pene entre las dos palmas de las manos, abiertas, una frente a la otra, produciendo fricción entre ellas.
Estimule rozando el glande con la palma de la mano, extendida, algunas veces, otras, algo recogida.

Rodee el glande con un anillo formado con los dedos pulgar e índice, desplace el anillo sobre el balano de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba. El anillo puede hacerlo con tres, cuatro o los cinco dedos.

Ponga lubricante sobre el dedo pulgar, lleve el pene hacia su barriga, friccione con dicho dedo desde la base del frenillo hasta la uretra (orificio para orinar); estimule friccionando el glande mientras con los demás dedos envuelve el glande.

Con las palmas bien lubricadas, envolviendo el pene a dos manos y girándolas suave y simultáneamente, con un cuarto de vuelta y luego ejerciendo el movimiento de regreso.

Una ultima alternativa pudiera ser masturbarse con la mano en posición inversa a como tradicionalmente se masturba; es decir, gire la mano, haciendo un anillo con los dedos pulgar e índice y haga tres anillos mas, simulando una llave inglesa.

La pareja se masturba
Para algunas personas, descubrir que su pareja se masturba en solitario, es tomado como una ofensa, una infidelidad y como la expresión de que la pareja está dando señales de que no somos suficientes para ella; tal vez por ello cuando se tiene pareja y se comparte la vivienda con ella, las personas suelen masturbarse a escondidas, sin mucho ruido y a puerta cerrada.

La masturbación se adapta perfectamente a los estados de ánimo de quien la realiza, así que en general nadie se masturba en contra del otro, se hace por placer y beneficio propio. Busque hablar del tema, antes de descubrir a su pareja masturbándose, es muy seguro que lo haga. Parta de la comprensión y no de la acusación, sea sincera a pesar de que le parezca incomodo hablar del tema y recuerde, que muy seguramente usted igualmente se masturba, incluso sin razón, tan solo por pasar el rato.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Ni paquete digo: Juan del Mar desnudo

Por Manuel Velandia

No tenemos en Colombia una tradición en la utilización comercial de la imagen del cuerpo desnudo de los hombres. El primero que se atrevió a salir en una revista mostrando sus atributos fue el pintor Germán Tesarolo en un revista gay bogotana llamada Hombres de Mundo, publicada a finales de los 70; pero todo el mundo recuerda al Tino Asprilla en la Revista Soho como el antecedente mas prominente y sonado al desnudo de Juan del Mar, que recientemente apareció en esa misma revista en su edición para mujeres.

El desnudo masculino tradicionalmente se ha relacionado con las revistas gay; recordemos que la cultura del cuerpo masculino como objeto comercial está directamente relacionada con el hecho de que en algunos países, antes de los años 60, era delito mostrar una fotografía de un hombre desnudo y se consideraba un agravante que se le viera el pene, así que los editores de materiales para homosexuales se las ingeniaron y produjeron un buen número de revistas con modelos atléticos, aun cuando poco explícitos.

La mas famosa de esas revistas en todo el mundo fue “Physique Pictorial” que inició su circulación en 1951 y cuyos antecedentes se remontan a las primeras ilustraciones de Bob Mizer. Sus hombres fornidos siempre estaban “cubiertos” con una ondeante tela o la crin de un caballo que la cubría en ese preciso “punto” en donde la imaginación tenía que volar, como sucede en las fotos de Juan del Mar con la capa de torero o la media pantalón.

Con el tiempo el pantalón ajustado, la rodilla adecuadamente doblada y las imágenes en escorzo fueron cambiando por imágenes vistas de frente y cubiertas por un pedacito de tela (lo que ahora llamamos hilo dental), una hojita de parra o una mano adecuadamente dispuesta.

Al caer la prohibición, las imágenes fueron algo más directas y aparecieron los penes flácidos que se fueron irguiendo al mismo ritmo del destape visual. Apareció en escena un genio del dibujo a quienes todos recuerdan: Tom de Finlandia. Primero se autorizó con los torsos desnudos que fueron aumentando de volumen y se llenaron de músculos, luego lo hizo con los penes pequeños como “chitos” que fueron creciendo con el destape hasta crecer a tamaños insospechados. A partir de Tom las imágenes fueron cada vez más explícitas, tanto que Physique Pictorial cerró a principios de la década pasada.

En Colombia las revistas para homosexuales no han tenido éxito, pero por varios años los shows de estripers para mujeres lo han tenido, en especial para las despedidas de solteras. Las mujeres no se han acostumbrado a la estética frontal y explicita del cuerpo masculino, a ellas les cuesta trabajo admitir que obtienen placer de ello y se les hace mucho más difícil comprar una revista “para mujeres”.

Ellas prefieren esas imágenes que dejan algo a la imaginación, esos “desnudos” que muestran poco e insinúan mucho, esos vestidos de baño forrando al cuerpo que ayudan a imaginar la intumescencia que crece y se desborda entre la tela. No compran las revistas como "Soho para mujeres" porque sen mojigatas, sino porque culturalmente los objetos sexuales siempre han sido ellas, se les hace difícil pararse al otro lado de la línea y mucho mas aun, discutir explícitamente sobre el tamaño del pene; bueno, por lo menos esto sucede cuando hay hombres presentes, porque cuando están a solas las mujeres de “Sex and the city” y sus diálogos explícitos, se les quedan cortos.
Tal vez por ello, la comidilla de los últimos días entre las mujeres y algunos gay haya sido sobre las proporciones anatómicas en las imágenes de Juan del Mar, aun cuando muchas alegan que tanta belleza es otro "paquete" conseguido a punta de PhotoShop. Las comparaciones son odiosas, pero algunas prefieren la larga trayectoria del Tino. ¿Será que a los otros modelos les dio pena mostrar?

lunes, 6 de agosto de 2007

Los hombres juegan a ser machos

El temor a no ser reconocido como “macho” en un país eminentemente machista como Colombia es una de las situaciones emocionales que más traumatismos crea en los hombres; estos, sin distingo de su orientación sexual, temen no ser machos.

Esta es la razón por la que algunos heterosexuales no se posibilitan participar de las fantasías sexuales de su pareja, cuando ellas desean estar en medio de dos hombres.

La moda determina los lineamientos de lo que es un cuerpo perfecto, que no necesariamente es un cuerpo sano, de ahí que una marcada tendencia en la moda corporal sean los procesos de “machificación”.

Me pregunto ¿Por qué muchos hombres tiendan a exagerar su ser “macho”?, ¿será este un recurso de los homosexuales para poder relacionarse sin ser excluidos socialmente?

Las especies animales se dividen en machos y hembras. En los humanos al macho socializado afectado por la cultura se le denomina hombre y a su actuar, la masculinidad. Se ha dicho que la posibilidad de hacer construcciones lógicas parece ser inherente al hombre y que las mujeres tienden a ser más emocionales. Igualmente, que quien desarrolla pensamiento tiene el poder, y estos se atribuyen primordialmente a los hombres.

La masculinidad es un imaginario, “deber ser” influenciado en su construcción social por la cultura, las interacciones sociales y las maneras de explicar el mundo relacionado con la sexualidad, que en Colombia tiene un marcado acento judeocristiano. Podemos afirmar que hay tantas masculinidades como seres que las asumen o desean asumirla; no es específica de los hombres sino también de los trangéneros, quienes habiendo nacido mujeres y criadas en la feminidad transitaron hacia lo masculino, y de aquellas otras quienes en su transito identitario abandonaron el modelo masculino para aproximarse y “estar siendo” en lo femenino.

El machismo es una construcción ideológica, una forma de actuar e intercambiar socialmente, de ejercer poder directamente emparentada con el ejercicio del modelo de masculinidad imperante en la cultura. A quienes vivencian ésta situación desde su ser hombres se les denomina machos. El macho o quienes pretenden estarlo siendo se asumen seres superiores a quienes no lo son.

Los machos apoyados por las mujeres y sus proceso de endoculturación en la familia, la escuela, enmarcados por la cultura y las relaciones sociales han construido los imaginarios sobre cómo “debe ser” el comportamiento apropiado para la especie (ya sean hombres o mujeres) y excluyen, estigmatizan, vulneran y marginan a quienes no socializan como típicamente machos.

La separación social entre machos, machos no tan machos, mujeres machas y mujeres por supuesto no es fruto de un desarrollo racional, sino consecuencia de procesos emocionales, lo que nos llevaría a confirmar el supuesto de que el machismo -y sus consecuencias- son el resultado de la emocionalidad y no de la racionalidad.

El poder autoreferenciado del macho, aceptado por algunas mujeres y homosexuales, ha dado a los hombres, y en especial a los “machos”, una serie de posibilidades para el relacionamiento que se derivan en formas de poder, que se auto y heteroafirman en el poseer uno de los elementos representativos de la imagen corporal del cuerpo del animal macho -el falo. Este pone a quien lo posee en la escala superior de su especie, en lo que se ha denominado falocracia.

En ésta, tanto las mujeres como los hombres que no asumen el machismo como su referente pleno, son entendidos y asumidos socialmente como grupos a quienes se puede estigmatizar, vulnerar, agredir e incluso, se les considera faltos de hormonas: afirmando que “es la testosterona y no la emocionalidad lo que lleva a los hombres a la aproximación carnal”.

La explicación biologicista del ejercicio de la falocracia olvida que en el proceso de socialización y por los efectos de la cultura los hombres, al convertirse en adultos, aun cuando se afirmen como seres racionales no pueden negar su parte emocional e instintiva. El machismo niega la emoción como una posibilidad condicionada cerebralmente y excluye a todo aquel que aparezca como sensible o exprese su emocionalidad, más aún en situaciones en las que “todo hombre debe ejercer su autocontrol”, como en el duelo, el dolor y en la expresión de los afectos.

Los hombres homosexuales que tienen problemas en la construcción de su identidades de sexo y masculinidad han encontrado dos alternativas para socializar: primero, fingirse “machos” para ser aceptados; y, segundo, asumirse como sujeto-objeto de exclusión, y en consecuencia permitirla y autoexcluirse. Alternativas a las que recurren ciertos heterosexuales igualmente en crisis identitaria.

Los primeros como una manera de “resolver” dichas contradicciones se construyen para sí mismos y los demás un cuerpo “machificado”, ya sea por el desarrollo extremo de su musculatura por medio del ejercicio físico, o por la ingesta de substancias, como los esteroides. Otros menos interesados en hacer del gimnasio su espacio para la “machificación” prefieren estrategias más rápidas y menos exigentes como la aplicación cosmética de prótesis (implantes de silicona y otros materiales que emulan la musculatura hipertrofiada).

Algunos pocos hombres prefieren, con ayuda medica y a veces de un simple vendedor de medicamentos no formado para ello, construirse ciertos rasgos secundarios con la aplicación de hormonas como la testosterona, con lo que logran cambios significativos en la tersura de la piel, en la estructura muscular e incluso, el aceleramiento de la alopecia, considerada por algunos como otro símbolo en la imagen del macho y la presencia marcada de vello.