Mostrando entradas con la etiqueta Padres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Padres. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de diciembre de 2013

Todo buen suegro pide al niño dios un buen novio para su hijo

Por Manuel Antonio Velandia MoraEspaña, diciembre 13 de 2013

Hoy los muchachos dudan entre aceptar la invitación a la cena navideña en casa de los padres de su novio, o si llevarlo por fin a casa a que éste conozca a sus suegros.

Aunque es verdad que todavía hay suegr*s chapadit*s a la antigua, cada vez es menos extraño que los padres de familia sean relajados y respeten la orientación sexual de sus hijos, al punto de invitar a sus yernos a la cena navideña (Incluso, los papás de algunos chicos solteros piden al divino niño para navidad que se consigan un novio chévere). No obstante, hay otros papás para quienes nunca será divertido que el novio de su hijo esté en la casa; muchas veces los rechazan más por el peso que le dan al “qué dirán los vecinos” que por ellos mismos.

La aceptación de las diversidades sexuales ha tenido un cambio radical en dos generaciones: los padres menores de 40 años suelen tomarse con mucha más apertura mental que su hijo sea gay o lesbiana, que lo que lo hubieran hecho sus propios padres. Los padres entre 40 y 60 aunque les cuesta aceptarlo, son un poco más abiertos (o resignados) y los mayores de 60, especialmente los que tienen convicciones religiosas muy arraigadas, se aferran a la negación.

Y con respecto al perfil de los hijos por edades, en contraste con los padres jóvenes, se está presentando una gran intolerancia en los hijos que tienen 12 a veinte años, que difiere cantidades de lo que dicen y hacen los chicos de los cinco a los 11 años, quienes suelen sorprenderse poco con el tema. Los hijos de 20 a 35 suelen ahora aceptar su orientación sexual con más facilidad; al mejor estilo europeo, en las calles bogotanas, en Transmilenio, jóvenes parejas de hombres o mujeres se toman de la mano, ya ni siquiera en tono desafiante con la sociedad sino de manera desprevenida. Pero la mayoría de los hijos mayores de 35 años cargan aún con el lastre del “qué dirán” y es en la franja donde encontramos más gente de clóset arremetiendo contra los que viven su sexualidad de manera abierta (cof cof Fundación Marido y Mujer, cof cof).

El peso de la religión en ellos es grande, también creo que su negación tiene que ver con la epidemia del sida en los 80s y 90s y el hecho de que en los medios masivos se presentaba una imagen tan dramática de la enfermedad. Algunos padres, no obstante, se sintieron aliviados de que sus hijos siguieran vivos y eso les llevó a cambiar su relación, lo que cambió la actitud incluso hacia los que ahora viven con el VIH/sida.

“En mi casa no saben”

Las madres, más que los padres, casi siempre conocen de la orientación homosexual o lésbica de su hij*, pero el temor a confirmarlo las obliga a no preguntar, hace que prefieran hacerse l*s desentendid*s y no se atrevan a plantear el tema. Cuando se autorizan a interrogar o a fisgonear a hurtadillas las visitas y llamadas telefónicas, es porque ya definitivamente se decidieron a comprobarlo. De todas formas, siempre guardan en el “fondo de sus corazones” la esperanza de estar equivocad*s.

Para un hombre que se piensa homosexual o una mujer que se asume lesbiana es supremamente difícil hablar con su madre y su padre al respecto. Lo es generalmente, no por ell*s mism*s, sino por el temor que tienen a causarles dolor, o más correctamente, a romper los imaginarios construidos sobre ell*s desde cuando empezaron a pensarl*s human*s.  

Mijo, mejor no me diga nada

Desde mucho antes de ser padres y madres, las personas tejen sobre l*s hij*s una serie de fantasías con respecto a toda la globalidad de su ser. L*s piensan no sólo con un cuerpo, sino con un comportamiento, una actividad laboral, un estilo de vida, unas relaciones afectivas, una familia, unas creencias, un*s amig*s, una manera de disfrutar la vida, de comunicarse, una economía. Incluso los imaginan con unas normas de comportamiento, una posición social y hasta tienen claro cómo serán sus niet*s, atreviéndose con todo ello a construir una vida para ell*s.

Los padres y madres en general no educan a sus hij*s en la libertad de la autodeterminación sino desde el principio de la obediencia plena. L*s hij*s saben que autodeterminarse implica, de alguna manera, romper con dichos imaginarios. Los padres y madres igualmente conocen que algunos rompimientos necesariamente ocurrirán, pero no esperan que estos se den precisamente en el “deber ser” para la sexualidad.

Ser homosexual o lesbiana no es algo que se haga contra el padre y la madre. Es una determinación particular que se vive para sí y no en función de otr*s. Sin embargo, quien se asume en una orientación sexual que de alguna manera implica un rompimiento con el “deber ser” socializado, vive un proceso de crisis. Ésta se presenta desde el mismo momento en que se da cuenta de su posible quebrantamiento a la norma estipulada (heterosexual), hasta cuando definitivamente se identica en su orientación sexual (homosexual o lésbica) y la asume para su cotidiano. Estas crisis se genera tanto por su propia contradicción, como por la que se le presenta con el modelo del “deber ser”, cuyos representantes más cercanos y directos son sus propios padres y madres.

La crisis se vive por romper las expectativas ajenas, más que por truncar las propias. Acomodarse a aquello que se le ha trazado “no es posible” porque no se ajusta a su “querer ser”, sino que es una imposición que l* obliga a “ser” aquello que precisamente ha decidido “no ser”. La disyuntiva por la que pasan la gran mayoría de homosexuales y lesbianas está entre decidirse a ser para sí mism*, o seguir el juego social y comportarse en público siguiendo el patrón del “deber ser” que de ell*s se espera.

Si la persona se decide a vivir su vida en función de sí misma, hace entonces explícita su orientación sexual o rompe definitivamente con su grupo familiar como una manera de no confrontar la situación. Si se decide por no hablar al respecto, asume una vida totalmente “clandestina” que l* puede llevar a convivir con su familia hasta bien avanzada su edad o incluso, hasta aceptar construir una relación formal heterosexual. Este último grupo, generalmente, es el que presenta un mayor conflicto para sus familiares y pareja, ya que est*s últim*s, por algunas situaciones, empiezan a notar “algo” que les es extraño; logran “darse cuenta” de que algo está pasando en la otra persona, y esto genera el conflicto que desencadenará la negación total o la evidencia de la orientación sexual. 

La navidad que el procurador no quiere que las familias celebren

Bien sabido es que "Terminator", como bien han apodado algunos al Procurador, ha intentado negar a las familias homoparentales sus derechos, pero a pesar de todos los intentos desde la procuraduría, los matrimonio entre personas del mismo sexo no sólo no perdieron sus derechos, sino que les fueron confirmados.

No todo es rechazo, en Bogotá está el Grupo de Padres, Madres y Familiares de personas LGBT, TRANSFAMILIAS en el que otros padres que se encuentren en conflicto frente a este tema pueden encontrar apoyo. Algunos padres y madres que no aceptan a sus hijos deberían regalarse de navidad una sesión con esta organización.

http://bit.ly/1frn7uv vía @RevistaSemana #BlogsSemana

viernes, 30 de marzo de 2012

Los padres de familia deben cambiar la presunción de heterosexualidad

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Marzo de 2012
Madres y padres se preguntan por qué sus hijos e hijas no les tienen confianza, por qué no hablan con ellos de cuestiones que parecen serles problemáticas, generalmente sobre situaciones relacionadas con su sexualidad. Y la situación es mucho más complicada si los padres empiezan a sospechar que sus hijos pueden ser gay, lesbianas o trans.

Sería un gran avance para los padres de familia en general que no trazaran el plano exacto de qué quieren que sean ellos en el futuro, para evitarse la frustración y el desencuentro al descubrir, por ejemplo, que no quieren ser abogados sino artistas. O que odian el nombre del bisabuelo que les pusieron como segundo nombre, y pero aún, mal combinado (“Yo no pedí llamarme Steven Otoniel”). O que no quieren ser católicos o de la religión de la familia. O que no son heterosexuales.

Presumir que los hijos van a ser de cierta manera es la fórmula perfecta para el conflicto. Sería mejor que pudieran escoger libremente su destino, pero obviamente muchísimo mejor aún si sus padres están ahí para asesorarlos, orientarlos y compartir sus experiencias. Por ello, invito a los papás futuros o actuales a que no presuman que sus hijos van a ser necesariamente heterosexuales.

Esto es lo que llamo la “Presunción de heterosexualidad” y me parece sano deshacerse de esa carga social, porque cuando alguno de sus hijos resulte gay no significa el acabose del apellido de la familia, sino un aspecto más de la personalidad de su hijo sobre la cual vale la pena dialogicar: es decir, se requiere más que un “logo entre dos” (diálogo). Lo que le digo a mis alumnos es que se en estos casos se requiere una dialógica, un intercambio de ideas e inquietudes en el que la lógica de cada uno se pueda expresar con honestidad, respeto y sin temor a cualquier forma de violencia o rechazo.

Si se cree que la descendencia está preparada para hablar, entonces ese logos o conocimiento debe ser de doble línea, quiero decir que los padres que ya consideran madur*s a sus hij*s deben también compartir sobre sus propias situaciones, dudas, temores, incluso prejuicios. La dialógica no se sustenta en el poder sino en la necesidad del acuerdo.

Cuando se decide dialogicar es conveniente estar listo para recibir cualquier respuesta. Padres y madres tienen la esperanza de que aquello que se sospecha como negativo nos va a ser confirmado - y no hablo solo de sexualidad porque esto aplica para otras situaciones cotidianas -. En la lógica de la vida las respuestas pueden ser muy variadas, desde una rotunda afirmación hasta una negación frontal a pesar de que lo que se interroga merezca una respuesta positiva.

Muchas veces se obtiene una negativa porque situaciones previas en que se ha sido vulnerado, agredido verbal, emocional o físicamente, crean precedentes y se teme se repita la situación; porque se sabe de antemano el rechazo, ya expresado, que hacia la situación tienen el padre, la madre o ambos e incluso los herman*s mayores; porque preocupa la incomprensión; porque la persona aún no está preparada para hablar o simplemente, porque lo que a otros parece un problema, para el chico o la chica solo es una cuestión que no merece tanta importancia. En especial cuando la sexualidad ahora, para los jóvenes, se contempla y vive de otra manera.

La controversia nunca será el camino para llegar al acuerdo, menos cuando esta se expresa de manera tajante, insultante o conlleva otras formas de violencia. Un error frecuente es iniciar las frases diciendo NO, porque esta negación ya crea una alerta que es el principio del desacuerdo.

Mi idea es que hay que preguntar con amor, con respeto y sin rodeos, y que las respuestas deben darse de la misma forma. Apóyese en ideas positivas tales como: te pregunto porque te amo; quiero saber, no para condenarte sino porque quiero acompañarte en cualquier decisión que tomes para la vida porque esto es importante para nuestra relación; te pregunto porque cualquiera que sea la respuesta quiero tenerla de ti y no de otras personas; no temas responderme que tú sabes que respetaré tus decisiones.

Pero no es suficiente preguntar positivamente, sino que además los planteamientos deben ser reales. Es decir, si no amamos, si no respetamos, si sabemos que no seremos solidarios , es mejor no saber o esperar a que haya más madurez de nuestra parte para hablar del tema y ser respetuos* con la otra persona.

En algunas ciudades hay grupos de apoyo para padres y madres con hijos homosexuales, lesbianas, trans, entre otros, puede llegar a ellos ya sea de forma personal o en la Web. Infórmese previamente pero no busque confirmar su presunción sexual si esta es heterosexual o concordante con el género asignado, porque si su sospecha es real, suele serlo, entonces no podrá comprender la opción que ha tomado su hij* o familiar.

También se puede buscar apoyo en la literatura, el cine, la televisión. Es allí donde chicos y chicas suelen apoyarse, pero debemos recordar que tener a alguien con quien hablar de manera explícita es probablemente lo más importante.

Cuando vaya a dialogicar es mejor hacerlo en un lugar neutral, con muy buen estado de ánimo y con una emoción positiva. No diga jamás algo de lo que posteriormente pueda arrepentirse, no presione la respuesta, permítase expresar sus sentimientos sin culpar a la otra persona de lo que usted siente porque solo usted es el dueño de sus propias emociones, de sus actos y de las explicaciones que da sobre ellos.

Por último, el error más frecuente es presuponer la respuesta y esta cuando es sobre sexualidad, no siempre se corresponde con el “deber ser” (que se expresa en frasecitas tenaces como “¡¡¡usted tiene que llevar en alto el apellido Rodríguez dándonos hijos, y ojalá varones!!!”), porque todas las personas en algún momento de nuestra existencia nos negamos a vivirlo para optar por nuestro “querer ser” (no estudiamos lo que el padre quería, no nos vestimos como la madre deseaba, no establecimos relaciones con quien a otros les parecía el mejor partido), que es la mejor opción para ser felices; y, en ultimas, es nuestra felicidad y la de los seres que amamos la que debe cimentar muestras relaciones afectivas, sociales, laborales.