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viernes, 20 de diciembre de 2013

Lo nuestro fue amor a primera vista

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, 12 de mayo de 2012

Lo nuestro fue amor a primera vista, era el último chico disponible y no resistí la tentación, tenía que ser mío.
Me lancé en una veloz carrera y lo tomé entre mis manos. Cuando el comerciante me recibió el dinero yo respiré profundamente y celebré con un enorme sorbo de un refresco la alegría de poder poseer mi propio Chiqui-Pride. Su cuerpo de arco iris no solo es el símbolo de la diversidad, es también símbolo de la riqueza cultural, social y política.
Nunca pensé estar allí, tan solo había viajado a México para hablar en un Congreso. Fue una coincidencia que precisamente ese 17 de junio de 2006 se llevara a cabo la Marcha del orgullo lésbico-gay por la avenida Reforma. Todo confluyó para que yo estuviera ese medio día en la Plaza de la Constitución de la ciudad de México, informalmente conocida como El Zócalo.
No había pensado en permanecer por varios días en esa ciudad, pero una amiga, Sara Fernández, me invitó a hospedarme en su casa.
No había pasado por mi mente comprarme un pequeño oso de peluche, yo tan solo había salido para hacer algunas fotos pero cuando lo vi supe que siempre le había querido. Ya previamente me había arrepentido de no haberlo comprado en New York o en San Francisco en dónde lo había visto; no sabría cuándo coincidiría con otra marcha del orgullo en cualquier otro lugar del mundo donde fuera posible conseguir mi Chiqui-Pride.

Ahora que he tenido que refugiarme en España, él viajó conmigo. Ha estado en Madrid, Valencia, San Sebastián y Alicante. No sé en donde estaré en el próximo Día del Orgullo LGTBI, pero allí donde esté, celebrando o no, mi pequeño oso multicolor estará conmigo.

La historia fue publicada originalmente en la Pagina del Museo Nacional de Colombia, con motivo del Día Mundial de los Museos.

Fotografía Chiqui Pride, de la serie "yo también tengo derechos"
Autor: Manuel Antonio Velandia Mora


jueves, 28 de febrero de 2013

Duchitas de agua amarilla


Manuel Velandia
En Exclusiva para GayHills.Com

Tendría unos 24 años, sus ojos eran azules y sus facciones bien pudieran confundirse con la de un italiano, pero era argentino. Su cuerpo atlético y bien formado me indicaba una obsesión por su cuidado. Todo en él reflejaba tranquilidad, incluso pudiera decirse que incitaba armonía. Cuando lo vi tomando notas en su libreta de apuntes, sentado en la primera fila de la sala de conferencias, me pareció aquello que bien pudiera llamar un niño juicioso.

De vez en cuando levantaba sus ojos y me miraba tan fijamente que experimenté varias veces la necesidad de mirar a otro lado. En su sonrisa había algo enigmático que no lograba descifrar. Fueron pasando las horas y al terminar la jornada de la mañana se me acercó y me dijo: “¡esta noche me paso por tu hotel!”. Lo hizo muy seguro de sí mismo, inclusive sentí que no era una propuesta sino una orden con la que me anunciaba mi obligación de esperarlo.

No respondí. Sonreí, con una sonrisa en la que se mezclaba la complicidad y el asombro. El tampoco esperó respuesta. Me miró una vez más, sonrió, y dándome la espalda se dirigió a la puerta de la sala de conferencias. De pronto paró en seco, volteo la cabeza y gritó: “¡Mi nombre es Franco!”. Pensé que su nombre hacía gala de su osadía y me quedé observándolo mientras se perdía en la multitud. No sé cuántos fueron los minutos o segundos, pero volví en mí cuando alguien, tomándome del brazo, me dijo “¡le estoy hablando!”.

En la tarde no regresó. Sé que no lo hizo porque tuve tiempo para mirar uno a uno los participantes. Olvidé que existía hasta cuando de la portería del hotel recibí la llamada para avisarme que Franco me estaba esperando. Pasé al teléfono y le dije que lamentaba no poder atenderlo pero que me estaba preparando para asistir a una recepción de bienvenida a Buenos Aires. No oí palabra alguna, tan solo el ruido de un teléfono que  se colgaba. Entré a la ducha y unos instantes después sentí que tocaban en la puerta. Me puse una toalla y salí para ver quién me necesitaba. Era él. Ignoro cómo logró burlar la vigilancia, pero estaba ahí, parado con sus brazos abiertos como queriendo abrazarme.

Cuando pude darme cuenta ya estaba adentro, sentado en una silla, diciendo que deseaba esperarme. Yo entré una vez más a la tina y dejé entreabierta la puerta. Quería mirarlo, aun cuando le dije que era para oírle por sí me hablaba mientras me duchaba. Me preguntó si me gustaban los juegos dorados. Yo pensé que se refería a utilizar accesorios dorados, así que le dije que sí, que de vez en cuando. Unos segundos después estaba frente a mí, desnudo, exhibiendo  su maravillosa anatomía. Se paró muy cerca de mí y sin mediar palabra entró a la tina. Fue tan sorpresiva la situación que, entre sorprendido, temeroso y satisfecho, no musité palabra.

Me preguntó si quería jugar a los juegos dorados, afirmó que desde cuando me vio la primera vez yo lo inspiraba. Tocaba su cuerpo. Estaba total y maravillosamente erecto. Yo, que no salía de mi asombro, sentía que mi cuerpo temblaba. Él sonrió y me dijo “quiero que te orines sobre mí, en mi cuerpo, en mi pecho, en mi cara”. Yo pensé que era broma, pero insistió. No sé por qué, pero sentí unas ganas inmensas de mear y empecé a hacerlo. Él sonrió, y unos segundos después eyaculaba sin que yo hubiese puesto un dedo sobre su cuerpo. Sonreí. No podía creer que recibir la orina de alguien sobre el cuerpo pudiera ser tan excitante como para eyacular sin tener que tocarse. No dijo palabra, simplemente se vistió y se fue, sin despedirse.

Cuando salió, quise orinar sobre mi pierna. El orín se siente calientico, es una sensación extraña pero nada excitante. No me excita el dorado. Nunca lo volví a ver, es más, ni siquiera sé si se llama Franco. Tan solo tengo claro que el disfrute de la sexualidad es algo extraño, y que el deseo y el erotismo están llenos de caminos y posibilidades insospechadas. Durante mucho tiempo, a estas situaciones particulares del disfrute las llamaron anormalidades. Posteriormente las denominaron aberraciones, después se les denominó parafilias. Ahora los juegos dorados hacen parte de las Expresiones Comportamentales Sexuales.

Es necesario tener algo en claro: tenemos el derecho a negarnos, así a nuestra pareja ducharse de esta forma le parezca lo más erótico y emotivo que pueda pasarle; sin embargo creo que si se es algo abierto una meadita no le hace mal a nadie y que incluso puede llegar a ser divertida y excitante.

http://www.gayhills.com/magazinedetalle-108

Golden Shower


Manuel Velandia Exclusive for GayHills.Com


He was about 24, his eyes were blue and his features could well be mistaken for that of an Italian, but he was Argentinian. His athletic and shapely body told me he was obsessed about his care. Everything about him reflected quietness; even one could say he moved me to a state of harmony. When I saw him taking notes on his notebook, sitting in the front row at the conference room, I found what may well be called a sound-minded child.

From time to time he raised his eyes and looked at me so intently that I experienced several times the need to look elsewhere. In his enigmatic smile, there was something I could not figure out. Hours passed by and by end of the morning he approached me and said, "Tonight I will step in at your hotel". He did this very sure of himself, I even felt it was not a proposal but an order to  which I was being announced to heed.

I did not answer. I smiled, with a smile which mixed the complicity and wonder. He did not wait for an answer either. He looked at me again, smiled, and turned his back at me at the door of the conference room. Suddenly he stopped short, turned his head and shouted: "My name is Frank". I thought his name proudly reflected his courage and I stood watching as she disappeared into the crowd. I do not know how many minutes or seconds passed by, but I came to myself when someone, taking my arm, told me: "I'm talking to you".

In the afternoon did not return. I knew he didn’t because I had time to look at each one of the participants. I totally forgot about him until I got the call from the hotel lobby to tell me that Franco was waiting for me. I went to the phone and said I regretted not being able to attend anyone since I was getting ready for a welcome reception to Buenos Aires. I did not hear a word, just the sound of a phone being hung. I went into the shower and a moment later someone rang the doorbell. I got a towel and went to see who needed me. It was him. I do not know how he managed to evade security, but he was there, standing with his arms outstretched as if to hug me.

When I realized he was already inside the room, sitting on a chair, saying he wanted to wait for me. I went again to the tub and left the door ajar. I wanted to look at him, even when I told him it was just to hear him in case he wanted to talk to me while I showered. He asked me if I liked the golden games. I thought he meant to use gold fittings, so I said yes, from time to time. A few seconds later I was in front of me, naked, showing off his wonderful anatomy. He stood very close to me and without a word went into the tub. The situation was so surprising that, between being surprised, fearful and satisfied, I did not dare to whisper a word.

I asked if I wanted to play the gold games, he said that since the moment he saw me for the first time I inspired him. He touched his body. He was totally and wonderfully erect. I, who could not get over my amazement, felt my body trembling. He smiled and said "I want you to piss on me, on my body, my chest, my face." I thought he was joking, but he insisted. I do not know why, but I felt a huge desire to pee and I started doing it. He smiled, and a few seconds after he was coming without even putting a finger over his body. I smiled. I could not believe that getting someone’s urine on the body could be so exciting as to ejaculate without eve touching each other. He said nothing; he simply dressed himself and left without saying goodbye.

When he left, I wanted to pee on my leg. Pee feels so warm; it is a strange feeling but nothing exciting. Golden does not turn me on. I never saw him again, moreover, I do not even know if his name is really Franco. I am only clear that the enjoyment of sexuality is something strange, and that desire and eroticism are full of unexpected paths and possibilities. For a long time, they called these particular situations of the enjoyment just abnormalities. Subsequently they were called aberrations and later paraphilias. Now the golden games are part of the Behavioral Sex Expressions.

You need to have something clear: we have the right to refuse, even if your partner finds it exciting and emotional; nevertheless, if one is open to some extend, a little pissing does not hurt anyone and it can even be fun and exciting.

http://www.gayhills.com/magazinedetalle-109

martes, 20 de noviembre de 2012

Los derechos de los feos

Por Manuel Antonio Velandia Mora
Exclusive for GayHills.Com
Noviembre de 2012
Es poco o nada frecuente que alguien, al hablarnos de su pareja, nos cuente que su pareja es el tipo más feo que pudo conseguir. Generalmente pareciera que todos rodamos con suerte y logramos construir un romance de cuento de hadas con el más connotado de los príncipes azules...

Dentro de la galería personal de conquistas que muchos hombres homosexuales relatan, los feos han hecho siempre un aporte tímido aunque significativo. Nunca he oído decir a algún homosexual frases victoriosas relacionadas con un feo. ¡Me conseguí un tipo feo! no es precisamente la proclamación de éxito que muchos de ellos expresarían. En general pareciera que siempre que alguien conquista o es conquistado es a alguien o por alguien necesariamente divino. La pregunta que desprevenidamente se haría cualquier observador es ¿No hay homosexuales feos? Por supuesto que sí; no todos los gay son atractivos, bien formados, bien dotados, con dinero y de buena familia, altos, rubios, ojos claros y de cuerpos atléticos.

Creo que ser feo en un país latinoamericano significa tener rasgos indígenas, ser moreno, bajito, de clase media, no poseer un “buen culo” o tener un pene pequeño. Algunas situaciones parecen mejorar la belleza de los homosexuales: estudiar en una universidad que se considera de clase alta, asistir a determinados gimnasios, frecuentar algunos bares, vestir determinadas marcas, ser artista, político o incluso estar relacionados con personajes públicos, en especial si son de la farándula; en este último caso la belleza está en las vinculaciones que la persona puede ofrecer.

Para excusar lo que se considera poca belleza en algunas personas se utilizan ciertos eufemismos como decir que la pareja es inteligente, tiene un buen cuerpo, es de buenos sentimientos, hace el amor muy bien, se viste de manera agraciada, tiene cierta creatividad, o sencillamente posee un “no sé qué”.

En el arribismo y la falta de auto-reconocimiento, pensamos que somos menos que los demás.

Aun cuando parezca contradictorio, la permanente competencia, centrar el interés en la belleza o en la genitalidad restando fuerza a los afectos, parecen ser razones por las que ciertas personas no cuentan con las condiciones para ser bien aceptadas socialmente.

Para aquellos quienes estos factores no determinan sus relaciones la vida parece transcurrir de una menara más sencilla y feliz. Para muchos extranjeros que viajan a Sudamérica o la presencia de sudamericanos en Europa es la idiosincrasia latina precisamente la condición que los hace atractivos, para europeos y norteamericanos belleza indígena es muy exuberante. A ello se suma la creencia de que los latinos tienen una gran capacidad de ternura, entrega, respeto y solidaridad, que en contradicción es lo que yo pienso de los europeos.
Esto me lleva a afirmar que aquellos que en los mercados locales de los afectos y el sexo parecen tener poco éxito, no siempre corren la misma suerte en el mercado internacional, probablemente porque los gay en sus propios ámbitos espaciales están cansados de su propia idiosincrasia y fisonomías. También pudiera ser, pero creo que esto es menos frecuente, que  aprendieron primero que nosotros que la belleza es efímera.

Muchos se preguntan si es que nunca van a encontrar al hombre ideal, bello como actor de Hollywood. Lo que deberían cuestionarse es si quieren tener un adorno más que le combine con los zapatos y la correa, o si lo que realmente necesitan es disfrutar plenamente de la vida con otro ser tan humano.

The rights of the ugly

Manuel Antonio Velandia Mora
Exclusive for GayHills.Com
Noviembre 2012
It is not common that someone, when talking about his better half, tell us his partner is the ugliest he could get. It generally seems that everyone is lucky enough to build a fairytale romance with the most notorious Charming Prince.

Within the personal gallery of conquests which many gay men relate, the ugly have always had a discrete but significant contribution. I have never heard from any gay say great things about an ugly; things like: ¨ I got a guy ugly one!¨ are  not exactly the proclamation of success that many of them would express. In general, it seems that whenever someone is conquered or conquests, this does not mean that we are talking about someone who is extremely attractive. The question which anyone would ask himself is: ¨Aren’t there any ugly gays? Absolutely yes, not all gays are attractive, well-trained, well equipped, with money and good family, tall, blond, blue eyes and with athletic bodies.

I think being ugly in a Latin American country means having indigenous features, being brown, short, middle class, not having a "nice ass" or having a small penis. Some situations seem to enhance the beauty of homosexuals: study at a university that is considered upper class, attend certain clubs, frequenting some bars, wear certain brands, being an artist, politician or even be related to public figures, especially if they are in the show business, in this case beauty lays  in the links that a given person may offer.

To excuse what is considered little beauty in some people, the use of certain euphemisms like saying that the couple is intelligent, has a good body, good feelings, makes love very well, dresses so smartly, is creative, or simply has that  "I do not know what."

In the careerism and lack of self-recognition, we think we are less than others.

As contradictory as it may seem, the ongoing competition, emphasis on beauty or genital issues subtracting from affection, seem to be reasons why some people do not have the conditions to be well accepted socially.

For those whom these factors do not determine their relationship, life seems to go by in a simple happy way. For many foreigners who travel to South America or the presence of a South American in Europe, it is about the Latin idiosyncrasy which precisely is the conditions which makes them attractive to European and North American from whom the indigenous beauty is charming. Then there is the belief that Latinos have a great capacity for tenderness, dedication, respect and solidarity, which in contrast, is what I think of the Europeans.

This leads me to say that those in the local markets of affection and sex seem to have little success, they do not always face the same fate in the international market, probably because the gay space within their own areas are tired of their own idiosyncrasies and faces. It may also be, but I think this is less common, that we first learned that beauty is fleeting.

Many wonder whether they will ever find Mr. Right, beautiful just like a Hollywood actor. What we should question is whether they want to have an additional accessory to combine it with shoes and belt, or if they really need is to fully enjoy life with another human being.

domingo, 21 de octubre de 2012

Mamarlo está de moda

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Octubre de 2012

No me refiero a la lactancia materna, que (por desgracia) muchas mujeres la abandonan olvidando que la leche de la madre tiene todos los nutrientes que un bebé necesita, ayuda a que las mujeres pierdan más rápidamente peso luego del parto y mejora los vínculos afectivos madre/hijo, sino al sexo oral -que no es lo mismo que hablar de sexo-, que parece estar de moda y no precisamente por eso de los vínculos.

Algunas publicaciones femeninas recomiendan ingenuamente mirar a los ojos al hombre felado.... es un error de principiantes, es como ir a una heladería de moda, comer helado y mirar para el techo... me sorprenden por su ingenuidad. Bueno, lo primero sería decirle a los lectores que no apaguen la luz, de lo contrario no se ve ni m… así te mates por mirarlo a los ojos; lo segundo, a quien le hacen felación, como dicen en España, no tiene por qué intentar ahogar a la pareja con su pene, esto de estar a punto de vomitar no es de “buen recibo”; tercero, estando de rodillas en el piso no intentes chupar y mirar al mismo tiempo, evítate un dolor de nuca insoportable.

Luego presento instrucciones con más detalle y sobre todo basadas en la experiencia; no me siento mal de decirlo: me encanta ¡Esto no es un promo!

De la oralidad y otros placeres
La oralidad –no hago referencia a aprender a hablar bien en público- no es una práctica frecuente o no por lo menos una práctica muy frecuente en las relaciones genitales entre miembros de parejas heterosexuales, aun cuando sí mucho más frecuente entre parejas del mismo sexo, ya sea entre chicas o entre chicos.

Las mujeres suelen catalogarla como algo “sucio” y algunas además las relacionan con las trabajadoras sexuales; en esto tienen razón las chicas suelen ofrecer a sus clientes “tres platos” como parte de la negociación para una “comida completa”, pero usualmente los hombres con poco tiempo o que desean obtener lo que en casa no incluye su dieta suelen dirimirse por la fellatio, que no es un plato de la gastronomía italiana sino a eso que en el lenguaje castizo y cotidiano se denomina mamada.

Sexo oral de película
El porno video y el cine X, tanto en su versión heterosexual como lésbica y homosexual le han dado un gran énfasis al sexo oral, desde los inicios de la industria pornográfica. Para los buenos amantes del cine hay escenas memorables de mamadas heterosexuales como las de Boogie Nights, de trabajos grupales u orgías que llaman como en Calígula (1979); ligadas a la homosexualidad mal asumida como sucede en Phillip Morris ¡Te quiero!; centradas en el cunnilingus lésbico tal y como se ve en el Cisne negro (2011); o en el cunnilingus heterosexual de Jade (1995). Tanto en el cine como en la vida real  hay que tener cuidado con los piercings tal y como se pudo ver en La cosa más dulce (2002).

Ahora bien si de hacerlo muy bien se trata (incluyendo otros platos y postres) hay que leer y ver al más clásico de los clásicos: Historia de O -Histoire d'O- todo un betseller de la literatura (1954) y el cine erótico (1975). Y si lo que se quiere es solo aprender muy bien la técnica de la fellatio, no se puede dejar de ver Garganta Profunda -Deep Throat- (1972), la más clásica de todas las clásicas  películas  pornográficas, que además fue exhibida en todo tipo de salas cinematográficas y protagonizada por Linda Lovelace. Para aprender a hacerlo como estrella de cine con amplia experiencia van aquí algunos consejitos.

Sobre cómo mamarlo bien
Muchas mujeres no aprecian lo divertido que puede ser, pero para quienes lo han/lo hemos hecho, chupar el pene a un hombre o recibir una buena lamida es uno de los más grandes placeres a experimentar, tanto que algunos hombres intentan hacérselo ellos mismo ¡y lo logran! Bueno, algunas mujeres también se auto-estimulan oralmente.

Somos muchas las personas a las que nos da asco el olor del pene, una buena manera de neutralizarlo es jugando en la ducha. De ser posible nunca limpies el pene ¡lávalo! o envíalo a que lo haga. El agua y el jabón siempre serán buenos aliados, enjabónalo bien y utiliza las bondades del jabón como un lubricante para masturbarlo. Explora a fondo su miembro, enjuágalo y chúpalo mientras estás atenta a sus reacciones.

Ten en cuenta que una buena higiene es importante para volver excitante la situación, no hay nada más molesto que sentir el olor fuerte del esmegma (secreción de las glándulas prepuciales). Una buena afeitada es igualmente importante si eres un hombre que gusta de realizar el sexo oral a otro hombre, porque la fricción de la barba con el glande es supremamente desagradable para la mayoría de los hombres, aun cuando sé que a algunos les excita.

Es triste pensar que siendo algo tan placentero no sepamos hacerlo bien, así que luego de mucha «investigación de campo», les cuento algunos secretitos.

Antes que nada, nunca vuelvas a comenzar por el final, no te lances de una a meter el glande en la boca ¡ese es el último paso!

Lo primero que debes lograr es producir una muy buena erección. Si aún está puesta la ropa, desliza las manos suavemente sobre el paquete, abre lentamente su bragueta y sigue acariciándolo; es mejor si estás de rodillas y entre sus piernas.

Si la persona se excita con facilidad en pocos segundos estará lista, si él es nervioso, su pene puede estar aún doblado dentro de sus calzoncillos. Mantén agarrado su pene y sube a su cara y bésale. Observa si puedes sentir una respuesta; todo movimiento ascendente en su pene es un buen signo.

Ahora sácale el miembro y mira cómo está. Si está tieso, lo estás haciendo bien; en otro caso acaricia suavemente los testículos (a algunos les gusta algo fuerte, no te excedas sin consultar previamente). Sujétalos con tu mano menos diestra y con la más hábil toma su pene. Apriétala poco a poco, con presión moderada como si estuvieras masturbándole y prepárate para chupar.

Humedece con la lengua tus labios; es excitante ver hacer este movimiento de lengua, así que déjalo ver mientras lo haces.

¿Quién no se ha comido un helado en cono, barquillo o cucurucho? Si tú lo has hecho, ya tienes algunos puntos ganados...

No lo lleves aun a la boca: un poco de espera produce una agradable tensión. Acércate al glande, respira fuerte sobre él, sóplale con tu aliento tibio. Saca tu lengua de nuevo y tócale con ella, cambiando la velocidad del movimiento que puede ser de un lado a otro o haciendo círculos. Combínalos.

Gira tu cabeza de lado y simula morderle suavemente colocando tus dientes en su balano (la parte larga del pene), como si estuvieras comiéndote una mazorca. Mientras haces lo anterior no olvides estimular los testículos.

Detrás de los testículos hay un lugar muy sensible: el «ni es», que está justo antes del ano partiendo de la base del pene. Puedes tocarle allí con la lengua o estimular con la yema de los dedos. En ese lugar queda justo el origen del músculo que causa la erección.

No olvides tocar con la lengua el contorno del glande, ésta es la parte más sensible del pene.En el frenillo igualmente se debe acariciar con la lengua, incluso algunos hombres son más sensibles allí. Insiste además en poner la punta de la lengua en el orificio del centro, de la parte más saliente del glande; pero no chupes su «cabeza» aún.

Después de jugar un buen tiempo tocando, mordiendo, lamiendo el balano, toqueteando su glande ya es hora de poner su glande en tu boca.

Mira si brota un líquido claro del orificio. Si esto sucede es el momento de aplicar tu decisión sobre qué tipo de riesgos deseas asumir, pues el líquido pre-eyaculatorio tiene una baja presencia del virus que causa el sida (VIH). Si no quieres correr riesgos, es hora de poner el condón con la boca o con la mano. De lo contrario continua con el juego, tal y como vas.

Ya es hora de ponerte ese delicioso «helado» dentro de tu boca. Mete toda su «cabecita» en tu boca caliente. Mantenla allí. Estimula su glande con el roce de tus dientes, mientras su pene entra y sale de tu boca.

Ahora trata de poner todo su pene dentro de tu boca. No te excedas, hazlo lentamente. Él querrá profundizar más en tu garganta. No le dejes imponerse, pues si no estás mentalmente preparada/o sentirás «horcadas» y ganas de trasbocar.

Si doblas tu cuello apropiadamente, haciendo que desde tu boca hasta la faringe haya un conducto recto, el pene puede entrar completamente, tal y como lo hacía su protagonista en el film «Garganta profunda». No intentes respirar por la boca mientras haces esto, sentirás que te ahogas, debes respirar por la nariz.

Moviéndote tan rápido como tu pareja pueda resistir sin eyacular, desliza tu boca sobre su pene de arriba hasta abajo como si estuvieras «Tirándotelo». Recuerda que hay técnicas sobre cómo retardar la eyaculación que puedes aprender en este artículo sobre masturbación, este es un buen momento para aplicarlas.

No es recomendable la práctica oral durante mucho tiempo; es mejor parar un poco, jugar eróticamente de otras formas y luego continuar, pues hay un momento en que se siente en el pene un «adormecimiento», se pierde un poco de sensibilidad y por tanto, ya no se disfruta igual.

Tragar o no tragar el se-men es una decisión particular, de ahí que previamente hayamos hablado del condón… ah, es mejor hacerlo con uno que tenga saborizante. Los estudios demuestran que el sabor de éste cambia con la dieta alimentaria, así que comidas muy condimentadas producen un sabor fuerte y comidas dulces y frutas producen un sabor y fragancia más agradable, para la mayoría de personas.

Ten cuidado de retroceder un poco cuando sea el momento de la eyaculación, un hombre excitado incrementa el movimiento y la fuerza de su movimiento «penetrativo». Si lo prefieres ten una toallita a mano para que la eyaculación se produzca en este elemento.

Si no te gusta chuparlo, recuerda que es tu decisión y no la de tu pareja; pero él estará, muy seguramente, interesado no sólo en que lo hagas, sino en que lo hagas bien. De todas formas recuerda que es tu derecho no hacer lo que no deseas, así sea del gusto de tu pareja.

Para concluir: si eres el dueño del pene, debes saber que para muchas personas es supremamente molesto sentir unas manos sobre la cabeza, ejerciendo presión. Es necesario tener muchos acercamientos a la práctica para volverse experto/a, así que ten paciencia y disfruta los avances logrados.

Séxitos en tus prácticas… y recuerda: la práctica hace al maestro, o a la maestra!!

viernes, 30 de marzo de 2012

Los padres de familia deben cambiar la presunción de heterosexualidad

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Marzo de 2012
Madres y padres se preguntan por qué sus hijos e hijas no les tienen confianza, por qué no hablan con ellos de cuestiones que parecen serles problemáticas, generalmente sobre situaciones relacionadas con su sexualidad. Y la situación es mucho más complicada si los padres empiezan a sospechar que sus hijos pueden ser gay, lesbianas o trans.

Sería un gran avance para los padres de familia en general que no trazaran el plano exacto de qué quieren que sean ellos en el futuro, para evitarse la frustración y el desencuentro al descubrir, por ejemplo, que no quieren ser abogados sino artistas. O que odian el nombre del bisabuelo que les pusieron como segundo nombre, y pero aún, mal combinado (“Yo no pedí llamarme Steven Otoniel”). O que no quieren ser católicos o de la religión de la familia. O que no son heterosexuales.

Presumir que los hijos van a ser de cierta manera es la fórmula perfecta para el conflicto. Sería mejor que pudieran escoger libremente su destino, pero obviamente muchísimo mejor aún si sus padres están ahí para asesorarlos, orientarlos y compartir sus experiencias. Por ello, invito a los papás futuros o actuales a que no presuman que sus hijos van a ser necesariamente heterosexuales.

Esto es lo que llamo la “Presunción de heterosexualidad” y me parece sano deshacerse de esa carga social, porque cuando alguno de sus hijos resulte gay no significa el acabose del apellido de la familia, sino un aspecto más de la personalidad de su hijo sobre la cual vale la pena dialogicar: es decir, se requiere más que un “logo entre dos” (diálogo). Lo que le digo a mis alumnos es que se en estos casos se requiere una dialógica, un intercambio de ideas e inquietudes en el que la lógica de cada uno se pueda expresar con honestidad, respeto y sin temor a cualquier forma de violencia o rechazo.

Si se cree que la descendencia está preparada para hablar, entonces ese logos o conocimiento debe ser de doble línea, quiero decir que los padres que ya consideran madur*s a sus hij*s deben también compartir sobre sus propias situaciones, dudas, temores, incluso prejuicios. La dialógica no se sustenta en el poder sino en la necesidad del acuerdo.

Cuando se decide dialogicar es conveniente estar listo para recibir cualquier respuesta. Padres y madres tienen la esperanza de que aquello que se sospecha como negativo nos va a ser confirmado - y no hablo solo de sexualidad porque esto aplica para otras situaciones cotidianas -. En la lógica de la vida las respuestas pueden ser muy variadas, desde una rotunda afirmación hasta una negación frontal a pesar de que lo que se interroga merezca una respuesta positiva.

Muchas veces se obtiene una negativa porque situaciones previas en que se ha sido vulnerado, agredido verbal, emocional o físicamente, crean precedentes y se teme se repita la situación; porque se sabe de antemano el rechazo, ya expresado, que hacia la situación tienen el padre, la madre o ambos e incluso los herman*s mayores; porque preocupa la incomprensión; porque la persona aún no está preparada para hablar o simplemente, porque lo que a otros parece un problema, para el chico o la chica solo es una cuestión que no merece tanta importancia. En especial cuando la sexualidad ahora, para los jóvenes, se contempla y vive de otra manera.

La controversia nunca será el camino para llegar al acuerdo, menos cuando esta se expresa de manera tajante, insultante o conlleva otras formas de violencia. Un error frecuente es iniciar las frases diciendo NO, porque esta negación ya crea una alerta que es el principio del desacuerdo.

Mi idea es que hay que preguntar con amor, con respeto y sin rodeos, y que las respuestas deben darse de la misma forma. Apóyese en ideas positivas tales como: te pregunto porque te amo; quiero saber, no para condenarte sino porque quiero acompañarte en cualquier decisión que tomes para la vida porque esto es importante para nuestra relación; te pregunto porque cualquiera que sea la respuesta quiero tenerla de ti y no de otras personas; no temas responderme que tú sabes que respetaré tus decisiones.

Pero no es suficiente preguntar positivamente, sino que además los planteamientos deben ser reales. Es decir, si no amamos, si no respetamos, si sabemos que no seremos solidarios , es mejor no saber o esperar a que haya más madurez de nuestra parte para hablar del tema y ser respetuos* con la otra persona.

En algunas ciudades hay grupos de apoyo para padres y madres con hijos homosexuales, lesbianas, trans, entre otros, puede llegar a ellos ya sea de forma personal o en la Web. Infórmese previamente pero no busque confirmar su presunción sexual si esta es heterosexual o concordante con el género asignado, porque si su sospecha es real, suele serlo, entonces no podrá comprender la opción que ha tomado su hij* o familiar.

También se puede buscar apoyo en la literatura, el cine, la televisión. Es allí donde chicos y chicas suelen apoyarse, pero debemos recordar que tener a alguien con quien hablar de manera explícita es probablemente lo más importante.

Cuando vaya a dialogicar es mejor hacerlo en un lugar neutral, con muy buen estado de ánimo y con una emoción positiva. No diga jamás algo de lo que posteriormente pueda arrepentirse, no presione la respuesta, permítase expresar sus sentimientos sin culpar a la otra persona de lo que usted siente porque solo usted es el dueño de sus propias emociones, de sus actos y de las explicaciones que da sobre ellos.

Por último, el error más frecuente es presuponer la respuesta y esta cuando es sobre sexualidad, no siempre se corresponde con el “deber ser” (que se expresa en frasecitas tenaces como “¡¡¡usted tiene que llevar en alto el apellido Rodríguez dándonos hijos, y ojalá varones!!!”), porque todas las personas en algún momento de nuestra existencia nos negamos a vivirlo para optar por nuestro “querer ser” (no estudiamos lo que el padre quería, no nos vestimos como la madre deseaba, no establecimos relaciones con quien a otros les parecía el mejor partido), que es la mejor opción para ser felices; y, en ultimas, es nuestra felicidad y la de los seres que amamos la que debe cimentar muestras relaciones afectivas, sociales, laborales.

sábado, 25 de febrero de 2012

¿Será que lo tengo pequeño? Lo que muchos se preguntan pero no se atreven a preguntar.

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España febrero de 2012

En estos días estoy realizando una investigación con alumnos universitarios de enfermería en España, se le ha pedido a las mujeres que sobre sexualidad, salud sexual y/o salud reproductiva hagan preguntas que suponen harían los hombres en una consulta sobre estos temas, por otra parte a los hombres se les ha solicitado lo mismo.

Algo sorprendente es que las mujeres consideran que para los hombres el tamaño del pene es muy importante, sin embargo los hombres no preguntaron al respecto. Cuando se ha hecho la misma solicitud a hombres homosexuales  sorprendentemente estos sí interrogan con relación al tamaño, aun cuando lo hacen en una proporción menor que las mujeres.

El imaginario que está detrás de la pregunta sobre el tamaño es que se cree que hay una relación proporcional entre tamaño y placer. El modelo de genitalidad imperante en nuestra cultura es coito-céntrico, lo que hace que se fortalezca esta asociación. Según este modelo, la sexualidad solo existe cuando hay penetración, dejando de lado la gran variedad de prácticas que no implican al pene.

Se afirma que es más probable que un pene grande produzca molestias a la mujer, debido a que puede producir dolor el choque contra el útero en penetraciones muy profundas. Pero en el caso de la penetración anal esta molestia es mucho menor, siempre y cuando en la penetración la pareja asuma una posición apropiada, las más recomendables son las de tipo fetal.

Algunos estudios demuestran que el tamaño promedio internacional de un pene en flacidez es de 8,8 cm + - 2,3 cm. La medida media de un pene en erección es de 12,9 cm +- 2,9 cm. Esto significa que un pene medio en flacidez mide entre 6,5 cm y 11,1 cm y en erección mide entre 10 cm y 15,8 cm. En un estudio realizado por mí en Colombia el tamaño promedio fue de 9 +/- 11,6 cm. Mayor longitud: 21,24 cm. Longitud menor: 7,6 cm; Diámetro promedio: 53 mm; mayor diámetro: 59 mm; diámetro menor: 47 mm

A diferencia del imaginario socializado que sostiene que los hombres de las Costas Atlántica y Pacífica colombiana tienen penes más largos que el resto de hombres en el país, los penes más largos en promedio fueron de hombres de la región del Tolima. Debe ser por eso que Ibagué es una colonia vacacional sexual para los gay bogotanos.

En la web se encuentra una gran cantidad de ofertas comerciales para alargar el pene, realmente ninguna de ellas funciona; hablo de aparatos extensores, ejercitar la musculatura del pene y bombas de succión; tampoco hay medicamentos para ello.

Tan solo puede lograrse una mayor longitud a través de una cirugía. Sin embargo, según andromedical, este tipo de tratamiento posee muchos efectos secundarios negativos, en ocasiones los centímetros conseguidos con la operación se pierden tras la retracción cicatrizal en el postoperatorio.

Por otra parte se trata de una intervención que requiere gran pericia del cirujano al estar presente en la zona una numerosa inervación y vasos sanguíneos. Mal realizada puede generar impotencia, dificultad en la erección o complicaciones mucho más graves. En ocasiones la retracción es tan grande que incluso puede disminuir aún más la longitud. Por tanto, no es el mejor método para el alargamiento del pene.

En resumen lo que más funciona es hacer un buen uso de lo que se tiene, y en ello las posiciones si influyen y sobre todo la destreza en  el juego erótico tanto previo como durante el proceso de penetración. Séxitos.

lunes, 20 de febrero de 2012

Cuando la muerte es más llevadera que la intolerancia

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, febrero de 2012

Ser sacerdote, homosexual y vivir con el virus del sida son tres elementos explosivos cuando se unen, tal vez por ello el tema del asesinato de dos sacerdotes se ha vuelto un tema de la comidilla pública que ha sido muy bien aprovechado por los medios de comunicación, que han hecho un manejo con un giro desafortunado.

Ver esta situación desde el sensacionalismo no solo es de pésimo gusto sino que además demuestra cómo puede transformarse en amarillista la prensa que parece más seria. El despliegue que se le ha dado a este tema revela que el sida y la homosexualidad siguen siendo para muchos una tragedia, una tragedia que produce dolor en algunos y dividendos para quienes se aprovechan del dolor ajeno.

Si a lo anterior se le suma el morbo que despierta la sexualidad de curas y monjas tenemos ante nosotros la base que creo las condiciones para que dos personas quisieran morir, dos personas que tenían claro que serían muy seguramente víctimas de crímenes de odio, no solo por los feligreses sino muy seguramente por la misma iglesia.

Es evidente en este caso que si hubiera tolerancia, aceptación y respeto en la sociedad, quizás ellos seguirían vivos.

Es mayor el peso de la iglesia, el peso de la exclusión social, el peso de una enfermedad que tiene un trato sexista y homofóbico, el peso de la culpa, el peso del rechazo familiar, el peso socio cultural que el peso del pecado. Quién quiere una vida tan pesada ¿para qué ser mártir, si la muerte se contempla como la única salvación posible?
Tengo amigos que prefirieron morir a que los vieran feos, personas que prefirieron suicidarse antes que aceptar que su familia sufriera, amigos que decidieron esconderse antes que solicitar apoyo.

Frente a la posibilidad de solucionar de una vez por todas “el problema” o la imposibilidad de soportar tanto peso junto, la muerte es más llevadera. Igual, según la doctrina católica, Dios perdona a quien se arrepiente, así sea en el último momento.

La jerarquía católica, incluyendo una recua de jerarcas marikones con closets cual mansiones, es más intolerante que cualquier ciudadano de a pie. Es mejor temerle a la jerarquía que al sida, si es que de este era su diagnóstico.

martes, 17 de enero de 2012

La semblanza de una mariposa: una novela autoetnográfica

Manuel Antonio Velandia Mora
 España, enero de 2012

 Este post, más que una crítica literaria es una reflexión sobre una novela que debe ser leída.

Con tan poco tiempo que me queda de la escritura de mi tesis doctoral en la Universidad del País Vasco, son aún más pocas las oportunidades que tengo para ponerme a leer literatura, sin embargo aprovechando que al mismo tiempo vinieron a mis manos los libros “Yo no vengo a decir un discurso” de Gabriel García Márquez y “La semblanza de una mariposa” de Jorge Alberto Gardeazábal Delgado” decidí darme un descanso y ojearlos.

Lo primero que leí fue el primer discurso de García Márquez “La academia del saber”, me transportó mentalmente a la despedida de promoción de mi formación como filósofo, en la que algunos de mis compañeros se molestaron cuando en la cafetería central de la universidad, brindando con un refresco, dije “Queridos ya tenéis el título, ahora sólo os falta aprender a pensar”. El recuerdo viene a mí, especialmente, porque me sorprende que nuestro Nobel haya escrito su discurso de graduación del bachillerato en tercera persona del plural; eso me sonó algo extraño, tanto como fue haberlo dicho yo en esa misma construcción cuando esto en Colombia no era una costumbre y más bien lo hice como una mamadera de gallo, lo que no sé es si treinta años atrás si lo era y ello se perdió con la “modernidad”.


Luego de divagar por cortesía de García Márquez, ojee el libro de Gardeazábal Delgado y me llamó la atención su subtítulo “Más allá del miedo y de la culpa”. Por supuesto que ya estaba prevenido para dar comienzo a la lectura porque sabía que era la historia autobiográfica de "una mariquita" en crisis y me imaginaba que vendrían páginas y páginas describiendo los intentos de suicidio y otros pormenores tormentosos por los que suelen pasar quienes deciden transitar en su proceso del “coming in” a su "coming out”; este preconcepto me parecía una mierda en el sentido en que prejuiciaba mi lectura y obstaculizaba la apertura mental que supone leer a un desconocido con el que solo me unía el gusto por los hombres. Así que me hice un “lavado y planchado de cerebro”, me permití llenarme con una emoción diferente y me dispuse a la lectura.


El hecho de que prólogo fuera escrito por su primo Gustavo Álvarez Gardeazábal me inquietó porque sé, no por experiencia propia, que los familiares suelen convertirse en grupo de presión para que se hagan favores y dudaba si esta había sido la situación, pero conociendo su lengua pavorosa (no digo aquí su pluma, porque puede interpretarse como amaneramiento) sé que no se prestaría para orquestar la publicación de un engendro sabiendo de antemano que la crítica le caería encima y con mucho más mordacidad al autor.


Confirmé que la lectura de “La semblanza…” me atraía cuando descubrí que el tranvía ya había pasado la estación en la que debía bajarme y no me molestó tener que tomar otro de regreso. Me propuse tomarlo como libro de compañía para largos trayectos en el transporte público; sin embargo, una vez tomé el bus de conexión a la Universidad me enfrasqué nuevamente en la lectura, la que retomé a la hora del almuerzo (que aquí en España no es la comida del medio día, sino eso que en Colombia llamamos el refrigerio) como compañía mientras tomaba el café. Lectura que no pude continuar porque alguien me preguntó qué leía y respuesta de la que yo mismo me sorprendí: Literatura autoetnográfica.


La charla continuó y con ella mis apreciaciones. Un texto escrito en primera persona, por un personaje real sobre un personaje ficticio “Pablo Burgos” quien desde el comienzo todos sabemos que es él mismo. Se fundamenta en reflexiones personales sobre pequeños fragmentos de existencia en los que el dolor que produce el miedo le paraliza y no le permiten Ser.


Ahora, una vez concluida la lectura y con muchos más argumentos sé que tenía razón, pero pudiera agregar que es una autoetnografía que se centra en el análisis de la relación entre la religión que presenta a un Dios castigador y vengativo y un ser humano que siendo terriblemente moral siente que su experiencia de vida es un pecado que se incrementa con el paso del tiempo y se agrava con el descubrimiento de sí mismo como un ser que vislumbra su derecho a Ser, hacer y amar.


Luego de terminar la lectura me tomé la molestia de hablar con algunos niños sobre Dios y el pecado y me sorprendió darme cuenta que algunas de las reflexiones de los chicos, bastantes años después de que “Pablo Burgos” hiciera las suyas, siguen siendo similares a las del personaje; hice los diálogos porque las leídas en la novela me parecían reflexiones de “persona grande” y no de chicos muy jóvenes. El “descubrimiento” sobre la reflexión infantil fue una grata sorpresa como elemento investigativo, porque lo que muestra es que los adultos dudamos de la capacidad creativa e intelectual de los menores y por ello dudamos de los recuerdos que algunos adultos tienen en torno a la propia vivencia de su sexualidad siendo chicos.


Precisamente sobre la homosexualidad y los niños, Frank Evelio Arteaga pone el dedo en la llaga cuando en un grupo de discusión denominado lgbt-education.info pide ayuda para aclarar la siguiente duda: ¿Existe niños LGBT? algún psicólogo me ha informado que NO, desde mi experiencia personal recuerdo que al tener como 9 años me sentía ya atraído hacia chicos, de ahí que mis primeras experiencias afectivas (enamorarme de otra persona) y alguna experiencia sexual (10 años) fue con un chico, en este periodo de mi vida recuerdo que ya mis compañeros me discriminaban por ser diferente por mostrar algunos rasgos femeninos, todo esto claro se dio en el ámbito rural donde viví hasta tener 18 años, toda esta discriminación la sufrí por profesores, compañer*s y hasta mis padres y se extendió hasta terminar la escuela secundaria, pero bueno la idea de contar mi vida es para Preguntarles ¿Cómo catalogo este periodo? ¿Cómo hago para llamar a todas y todos los niños y adolescentes que ahora pasan lo mismo que yo?


El sociólogo Giancarlo Cornejo Salinas, quien actualmente realiza un doctorado de Retorica en Berkeley, afirma en el post denominado “Cuando su cuerpo sangra y calla” en su blog Palabra de Loca: El deseo homoerótico es un deseo negado socialmente, pero no por ello es inexistente. Todo lo contrario, ya que está estrechamente ligado a una violencia erotizada por la represión y estigmatización cultural que lo define. Estos agresores necesitan producir un maricón (…) para poder justificar y legitimar su deseo homoerótico. Necesitan producir anormales para construir al sujeto “normal” limpio de manchas.


La experiencia de “Pablo Burgos” es la experiencia de muchos jóvenes, una experiencia entre la “anormalidad del deseo homoerótico” y la autoaceptación que lo legitima, que cada vez se vive más rápido en las grandes ciudades y tal vez con menos problemas, pero que en aquellos “infiernos grandes/pueblos pequeños” sigue siendo tan traumática y lenta como lo narra la historia en mención, historia que para muchos otros aun culmina en el suicidio.


Ahora bien, aceptarse en la maricada no es fácil, no lo fue antes y no lo es ahora, en las escuelas, en la familia, en el barrio, en el club social, en la iglesia el bullying o intimidación (eso que algunos también llaman manoteo) suele aparecer como un comportamiento agresivo o un acto intencional de hacer daño a algún/a otro/a, que se lleva a cabo de forma constante durante un período de tiempo y en el cual existe una relación interpersonal caracterizada por una asimetría de poder, una asimetría que es mucho más peligrosa y dañina cuando se presenta en la contradicción consigo mismo, entre el ser sexual y el ser moral.


Propongo pues que la homofobia internalizada puede conducir a un auto- bullying y que éste como se narra en esta novela puede durar años antes de llegar en el proceso de construcción identitaria al Establish Itself. Por supuesto la novela y la historia evidencian el papel primordial que juega la religiosidad cristiana mal entendida en el daño auto infligido por los chicos y chicas que gracias a argumentos poco serios les hacen convertirse en victimas de sí mismos y de quienes dicen ser sus compañeros, amigos, pastores, maestros y familiares.