domingo, 2 de septiembre de 2007

Demasiado jovenes para ser viejos(as)

En Colombia cuando se tienen 35 años ya se es mayor, a los 50 se es viejo, a los 65 un anciano, en Europa porque el numero de mayores de 65 años es tan alto las percepciones de la edad son otras: un adulto joven tiene entre 55 y 64 años, un adulto 75 a 74 años, una persona mayor entre 75 y 84 años y un viejo es alguien mayor de 85 años.

Tradicionalmente se contempla que la vida sexual activa se ejerce de los 18 a los 45 años, pero la realidad la vida sexual activa se inicia mucho más temprano, hacia los 9 a 12 años y culmina a los 85 años o más.


Un reciente estudio de la Universidad de Chicago dirigido por Stacy Tessler Lindau, publicado en el New England Journal of Medicine, corrobora esta información en Estados Unidos, con ello se desvirtúa la creencia popular de que la sexualidad en edades más avanzadas decrece en un ritmo mas rápido que el crecimiento en la edad.

Más del 50% de las 3000 personas sexualmente activas del estudio reconocieron mantener relaciones sexuales con una pareja dos o tres veces al mes, incluso entre los 75 y 85 años; el estudio no profundiza sobre qué sucede con la vida sexual de las lesbianas y los homosexuales.

Las lesbianas mas cercanas a sus propios cuerpos que los hombres, homosexuales o no, han prestado atención a esta situación y en varios de sus estudios se evidencia que para ellas su vida sexual se enriquece con el paso del tiempo y la autoaceptación de su identidad de orientación sexual.

Los hombres homosexuales han perpetuado en sus medios de comunicación la imagen de la eterna juventud ilustrada con cuerpos machificados, negándose a aceptar una estética que reconoce que con los años el cuerpo sufre transformaciones.

Sin embargo, con arrugas, canas, músculos flácidos y con poco dinero para darse la gran vida que el estereotipo comercial propone como la “vida gay”, la vida sexual continua a pesar de que ya no sea tan fácil circular como “mercancía apetecible” en los círculos de los guetos comerciales ofertados para la población homosexual.

En Europa he descubierto que la vida de los homosexuales adultos mayores es bastante diferente a la de los latinoamericanos, pues no diverge en mucho de lo que los heterosexuales adultos hacen: es mas común que lleven una vida de pareja estable, que posean un circulo de amigos, balanceen el ocio con los compromisos laborales, sociales, culturales y políticos, tengan cubierta su salud por medio de la seguridad social.

También su participación activa y permanente hace que se reconozcan como importantes sus aportes en la comunidad LGBT y en la construcción de las organizaciones y su lucha por los derechos civiles. Es más, a diferencia de Colombia y Latinoamérica en general, es poca la presencia de jóvenes militantes en estas organizaciones, pues en ellas prima la presencia de personas con más de 40 años.

En Latinoamérica la crisis sexual de los homosexuales se agudiza al llegar a los 55 años; el mito de la eterna juventud los aleja de las posibilidades de encontrar una pareja, el machismo imperante les dificulta la autoceptación identitaria necesaria para convivir con alguien del mismo sexo, y no son muchos los jóvenes “gerontofilicos” interesados en relacionarse afectiva y sexualmente con alguien mayor.

Por supuesto la negación de sí mismo y la exclusión social tienen repercusiones emocionales difíciles de manejar apropiadamente, mas aun cuando las organizaciones LGBT no se han interesado en crear grupos de apoyo o autopoyo que soporten emocional, relacional, social y culturalmente a estos hombres y mujeres en las crisis de la tercera edad.

Las dificultades son aun mayores para aquellos/as quienes han sido transgresores/as de la masculinidad; las personas que han transitado en la identidad de genero tienen un adultez mas difícil de sobrellevar porque es muy poca nuestra aceptación hacia ellas y el rechazo a la diferencia en los/las mismos/as LGTB las separa aun mas de los intereses organizacionales ya que el desconocimiento sobre esas identidades se transforma en rechazo y negación de su presencia e incluso de su existencia, mas si son mayores.

Es el momento de flexibilizar al interior de las organizaciones LGBT los criterios de convivencia, de asumir los cambios de la vida que se suceden con la construcción identitaria del sexo, el genero, el cuerpo, la orientación sexual y las expresiones comportamentales sexuales delos adultos mayores, de que nos permitamos y se nos posibilite abandonar la juventud sin perder nuestras oportunidades, de recuperar los beneficios de la experiencia y de acompañar a aquellos/as que siguen siendo sexualmente activos con el avance de su edad y a quienes no lo son para que aun sin ello sigan siendo felices.

Ahora bien, si realmente hay problemas de erección que dificultan la vida sexual activa, tengamos en cuenta que no siempre la viagra es la alternativa, que mucho más importante es el hombre que cuelga detrás del pene y que el apoyo emocional es más efectivo que el tratamiento químico, que en caso de que este se necesite la seguridad social está obligada a dárselo, y que lo que más debemos recordar en que mientras la sociedad no cambie sus patrones para analizar la sexualidad, los hombres y mujeres mayores de 45, sin distingo del sexo, el genero o la orientación sexual seguirán siendo ignorados en sus cuerpos, deseos y necesidades sexuales y sociales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me parece muy interesante lo que escribe, siempre piensas que la vida sexual de las personas es como aquella de lo verde del jardín del vecino, que siempre esta mejor que la tuya. Yo soy una mujer de 51 años, con experiencias como casi cualquier persona, o quizas un poco más por la diversidad de parejas, pero lo que es vigente en cada encuentro es la ternura, esa para mi es el mejor afrodisiaco. Esta es mi humilde opinión, es la entrega absoluta.
Gracias por compartir tan honestamente tus palabras.
Saludos
Elena Martínez