jueves, 30 de agosto de 2012

90-60-90, “#esposastrofeo"


Por Manuel Antonio Velandia MoraAgosto de 2012, España

La decisión de Sergio Fajardo, el gobernador antioqueño, de prohibir reinados escolares ha logrado el beneplácito de nuestro Monseñor-Procurador Alejandro Ordóñez y la satanización por parte de la ex presentadora más famosa en Colombia en la presentación de los mismos, Pilar Castaño  quien considera que "quitar esto de los colegios es dejar a un lado el cuidado personal".
Se me hace interesante la decisión de Fajardo, una sandez sin medida el comentario de doña pilarcita, pero sobretodo me pone a pensar el procurador, pues me hace interrogarme sobre qué será lo que oculta con su apoyo este santo varón.
Sé de antemano que con este post algunos homosexuales se me vendrán lanza en ristre o más bien secador cual arma contundente en mano, porque para algún asesor de belleza y mariKada parecen ser sinónimos y atacar los reinados es similar o casi más grave que meterse con lo que guardan bajo sus cobijas. De todas formas mi interés no es congracias con nadie.
La Gobernación de Antioquia mediante el decreto 1888 de agosto 3 de 2012 prohíbe los desfiles de moda, concursos, reinados de belleza y toda clase de eventos que resalten o premien los atributos físicos de las niñas y adolescentes que cursan sus estudios en los establecimientos educativos oficiales de los municipios no certificados del departamento”,
El comunicado oficial, según El Colombiano, informa que esos eventos no aportan a la formación ética ni al desarrollo del talento y las capacidades de las jóvenes y que, por el contrario, son una actividad “discriminatoria, humillante y atentatoria de la dignidad femenina”.
Por supuesto que la empresa privada no está muy de acuerdo con el tema, pues la preparación de las niñas como objetos sexuales para el placer de los hombres no puede entrar en la categoría de juego sino de adoctrinamiento del “deber ser” de la feminidad.
Los reinados y otros eventos “culturales” en las instituciones educativas privadas se convierten en un negocio donde la institución recibe aportes adicionales por la organización de tales eventos, que casi nunca redundan en la mejora de la calidad educativa.
Algunos relacionan los reinados en las instituciones educativas con el juego y otros los ven como un acto lúdico. Error craso.
La función principal del juego es proporcionar entretenimiento y diversión, aunque también puede cumplir con un papel educativo. Se dice que los juegos ayudan al estímulo mental y físico, además de contribuir al desarrollo de las habilidades prácticas y psicológicas.
Aprender los roles más tradicionales de la feminidad exacerbada  nunca será un juego educativo sino un instrumento de poder al servicio de la masculinidad, el machismo y la falocracia. Un reinado infantil no ayuda para nada al estímulo físico y en el mental solo ayuda a estimular lo más desagradable de la competencia. Centrar los valores del ser humano en la belleza física no solo conduce a las mujeres a la bulimia y la anorexia sino que además las prepara para el 90-60-90  medidas de los “patrones ideales del cuerpo femenino” que nada tiene que ver con nuestros cuerpos de ancestros indígenas y españoles.
La lúdica es guerra y disfrute, la guerra de la que se habla en la lúdica es la conquista para la filosofía, las artes y las ciencias no para esclavizar a los humanos; así que los reinaditos tampoco son lúdicos.
Tiene razón Felipe Gil, secretario de educación de la gobernación, que considera que lo que educación quiere es “potenciar el talento de los jóvenes de Antioquia. Creemos que ese tipo de acciones (desfiles por ejemplo) generan temas más superficiales, que realmente estigmatizan y segregan y queremos otro tipo de actividades en el espacio educativo”.
En la controversia algunos hilan muy fino; se han escuchado apreciaciones como las de Carlos Eduardo Botero, presidente de Inexmoda, quien opina “Estamos de acuerdo en el tema de que hay que dignificar la imagen de la mujer por encima de cualquier cosa. Lo importante es que esto no lleve a que la gente le coja pereza a la industria de la confección, porque desde chiquitos se la están prohibiendo”. Que Botero le explique al país como llegó a semejante conclusión, porque más tiene que ver con la moda que los jóvenes tengan que  usar uniformes en los colegios.
"Me gusta la idea. En principio la cultura la hedonista, la vida fácil, es una de las causas del progresivo deterioro de las ideas y de los valores", ha dicho Monseñor-Procurador. Quien públicamente ha aceptado que sin conocer la propuesta ha opinado al respecto.
Monseñor-Procurador considera que "La juventud fue hecha para el heroísmo, más que para el placer. El heroísmo debe ser un norte, un ejemplo para lograr generar informar nuestra clase dirigente del mañana. Que logre crear escenarios proclives para el ejercicio de las virtudes cívicas".
Ah carajo: ¡heroísmo!  Según el DRAE heroísmo es “Esfuerzo eminente de la voluntad hecho con abnegación, que lleva al hombre a realizar actos extraordinarios en servicio de Dios, del prójimo o de la patria”. Mejor dicho, en los colegios hay que preparar para la guerra (defender la patria); jugársela por la religión, como él hace aun sirviendo como laico en un cargo público… Pero, lo que más me preocupa de esta visión guerrera de la educación es que se eduque a las personas para que les interesen los otros por heroísmo y no por solidaridad, respeto o lealtad.
Y después algunos se quejan porque en Colombia no se investigan los asesinatos de mujeres, se rebajan penas a los que confiesan sus feminicidios, se usa a las mujeres como botín de guerra y algunos que escriben como comentaristas en este post afirman ser heterosexuales porque tienen claro que todas las mujeres son para “comérselas”, menos sus mamacitas, olvidando que otros machos piensan lo mismo.
“#esposastrofeo"
No es de extrañar que muchas mujeres que desde pequeñas se educaron en la tiranía del 90-60-90 pasen de reinas infantiles a reinitas mantenidas por narcos, paramilitares, gamonales y políticos cuando no de hombres homosexuales que las usan como escudo para tapar lo evidente. Mujeres que estos hombres escogen para lucirlas como otro mueble por el que se paga un buen precio.

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