martes, 7 de agosto de 2012

Detesto a la loca de Oscar


Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Julio de 2012

Muchos se rasgarán las vestiduras y muchos más estarán de acuerdo conmigo, pero esta frase coloquial está de moda en Colombia. Él es un personaje de un popular reality cuya producción es bien elemental y de bajo costo pero que ha sabido aprovecharse de la homofobia y el racismo para hacer millones.

No se sabe si el personaje en cuestión es gay, no necesariamente todos los amanerados en exceso son marikas ni todos los machos remachos son heterosexuales. No me importa si Oscar es homosexual, si algún expresidente lo es o si su mujer es lesbiana, creo que cada cual puede hacer de su trasero o su vagina un candelero si le provoca.

Lo que sí me parece tenaz es que en el país sea más preocupante que alguien “mechonee” a Oscar, que el tema de la semana sea la violencia física y verbal entre los protagonistas de un programa de TV, y que en cambio nadie debata sobre la vulneración de los derechos de los indígenas por parte de los agentes del Estado, de los guerrilleros, de los paramilitares, de las empresas privadas extranjeras y nacionales o que los feminicidios que se están destapando todos los días no merezcan más que una tibia reacción en la opinión pública.

Inclusive ha tenido más controversia algo tan trivial como por ejemplo que al himno de Colombia se le haya escogido como uno de los más feos del mundo (con toda la razón además, porque es muy preocupante que todavía se le cante a vírgenes que se arrancan los cabellos y que se sigan enalteciendo los ríos de sangre).

También es inquietante que Oscar se haya convertido en el chivo expiatorio del odio hacia lo gay; parece que expulsarlo del programa "por loca" es más importante que hacerlo porque sea mal actor o mal compañero.

Es increíble que algunos/as LGTB incluso hayan seguido el juego a la empresa privada y hayan decidido participar en las votaciones vía celular o internet, apoyando así a una situación que no busca ir a la raíz de la homofobia sino ganarle a la competencia, una serie mejor producida y que ayuda a comprender la realidad del “ex país del sagrado corazón”.

Creo que no solo Óscar está de terapia, sino que es el país el que ha entrado en una era de despiste del que me temo no podamos regresar.

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