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lunes, 23 de julio de 2012

Sexo, religión y dinero: Tres ingredientes explosivos y un solo pastor


Un tema picante que despierta el interés de cualquier ciudadano es aquel que reúne en sí mismo elementos que más bien parecen sacados de un culebrón televisivo que de un hecho de la vida real.
En el ex país del Sagrado Corazón recientemente una noticia ha pasado a ser comidilla de las pocas comunicaciones que suceden en los buses y al mismo tiempo el tema por el que muchas personas oran, es aquel que une a un millonario, un pastor y aun sindicado de abusar de un grupo de mujeres, solo que como en el caso de aquella muy famosa terna, aquí también son tres personas distintas reunidas en un personaje verdadero.
Solo duro 48 horas detenido, a pesar de que hay videos que informan en su contra pues lo muestran sosteniendo relaciones con dos mujeres de su iglesia, mujeres que atestiguan las vulneraciones de las que han sido víctimas y que lo han denunciado por acceso carnal, a lo anterior se suma que presumiblemente, gracias al diezmo, ahora tiene CDT por $ 1.158 millones, apartamentos, carros de alta gama, escolta y algunas otras propiedades.
El Pastor Álvaro Gámez Torres recobró su libertad por inconsistencias legales en la orden de captura y no porque no se haya comprobado aquello de lo que se le acusa. Razón por la que la Procuraduría y la Fiscalía han apelado el hecho.
Según ha informado El Tiempo, un pastor que presenció el inicio de Gámez como pastor, dijo "Sabíamos de su prepotencia y maltrato a feligreses, pero la parte sexual la conocimos hace cinco años, cuando una de sus fieles contó".
Abelardo de la Espriella, abogado de Gámez, insiste en que no hay ningún delito en las actuaciones del pastor y en que los bienes están a nombre de la iglesia. Este abogado es muy conocido porque representa extraños y diversos personajes como Dania Londoño, la mujer del escándalo con el Servicio Secreto de EE.UU;  a DMG; y, ha sido defensor de 13 parlamentarios relacionados con la parapolítica.
Este abogado famoso por sus sonados casos  ha dicho “Ellas admiten que no actuaron bajo efectos de hipnosis, de licor o drogas, requisito para que se configure el acto sexual con persona en incapacidad para resistir". Mejor dicho, el pastor parece ser una pobre víctima de unas mujeres que se aprovecharon sexualmente de él, incluso una que era la novia de su hijo.
A pesar de lo que muestra el video, de la Espriella ha informado que demandará por calumnia a las denunciantes y a Héctor Navarro, el argentino de la Red de Apoyo a Víctimas de Sectas.
Por otra parte es bastante preocupante que los pastores abusen sexualmente de su feligresía y que haya necesidad social de crear organizaciones como la ya citada Red de Apoyo a Víctimas de Sectas, organización que afirma que “La mayoría de los grupos sectarios peligrosos actúan siempre en dos niveles. Uno en el que se construyen una imagen pública, inofensiva y respetuosa de las leyes que rigen la formación de grupos con agenda social, caritativa o religiosa. Y otro nivel, que se encubre bajo el manto del secretismo, en el que se desarrollan prácticas deleznables que atentan contra la dignidad humana”.
El machismo esgrimido por la defensa del pastor bien merece párrafo aparte, pues al considerar que las mujeres "sabían lo que estaban haciendo", está queriendo demostrar que ellas, quienes son las víctimas, son mujeres “fáciles” y el pastor Álvaro Gámez Torres es el hombre honorable cuyo pene desobediente se erecta y penetra víctima de la presión y agresión que ellas ejercen sobre él, mejor dicho algo así como un caso de acoso sexual pero al revés.
¿Pueden ser los incautos fieles tan ciegos como para perdonar los deslices morales y éticos de sus pastores? Parece que sí, recordemos que hasta el papa actual se ha hecho el de la vista gorda en muchos casos (que suman  varios miles) de pederastia. Ya sabemos que el que peca y reza, empata.

La masturbación hace llorar a Jesús

Siguiendo con los temas picantes que despiertan el interés, el titular “La masturbación hace llorar a Jesús”  que parece un titular traído de los cabellos es la manera como se ha llamado a un video que circula en Youtube con el mismo nombre. Lo más extraño de esta aberrante muestra de educastración sexual (¿Masturbación en niños?) es que en todos los lugares en los que se ha subido ha sido para burlarse del video, entre ellos una copia que se ha hecho para burlarse a la que se ha titulado La masturbación, la gran conocida o el portal de video del Movimiento Ateísta que muestra situaciones aberrantes como la de una Joven Madre Arranca Los Ojos A Su Hijo De 5 Años Para "Purificarlo".
Por supuesto no pretendo decir que a los niños no se les deba educar para la sexualidad, es más estoy plenamente convencido de que es necesario, pero en lo que si disiento de estos cristianos videastas es en que los temas deben ser tratados sin moralismo,  con información seriamente fundada y con un lenguaje e información acorde a las necesidades propias de cada edad. Porque de este video a la historia del pelo que crece en la mano de los que se masturban no hay mucha distancia. No planteo que lo de volverse loco a punta de pajas se la debió inventar algún cristiano, aun cuando tampoco lo dudaría.

sábado, 14 de abril de 2012

Vendo cama, motivo Alberto

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Abril 2012
Qué papel debe jugar una red virtual LGTBI, es la pregunta detrás de un debate que se sucede en una de las redes colombianas, luego de que una participante anunciara que desea vender su nevera. Un debate que no es nada nuevo, ni mucho menos exclusivo de las minorías sexuales o de Colombia.
En esa violencia tan macha que hay en Colombia, en una red en la que hay pocos nodos y si muchos satélites, en un país lleno de líderes que no cuentan con el reconocimiento público que los asume como tales, lo que más me preocupa no es que alguien quiera vender una nevera sino que a nadie le molesta que much*s de los participantes de las redes y asociaciones (much*s más fuera de ellas) se vean obligad*s a vender el cuerpo.
Nadie sabe con la sed que otro bebe, a nadie le importan las necesidades que alejan las presencias físicas  y virtuales. A dónde queda el respeto por las emocionalidades, en dónde se fundamentan conceptualmente las lógicas con las que pretendemos tachar las prácticas de algunos.
En dónde queda la capacidad para amar, ser solidario, acompañar a los otr*s en las crisis emocionales, laborales, políticas, intelectuales, económicas… El problema en la red no es la venta de una nevera, el problema real es por qué alguien necesita venderla. El conflicto surge cuando nos atrevemos  a pensar que nuestras necesidades, cualesquiera que estas sean, son superiores a las de l*s demás; cuando no vemos sino el cartel y no al ser humano que lo coloca.
¡Me importa un culo! dicen algunos colombian*s, y claro que nos importa, pero aun así nos negamos a la participación autentica y de auténticos seres human*s en las redes. Que lo que nos motive sea el amor y no la indiferencia, porque esta es la forma más violenta de desconocer al otr*, pero sobre todo de perdernos espacios para crecer. Me pregunto cómo reaccionarían algún*s ante mensajes que recibimos en otras redes en las que alguien comunica abiertamente “El pene de mi novio es de alrededor unos 17 cm de largo y unos 15 de ancho, también esto me da miedo ya que es un poco grueso y siento que puede lastimarme. En verdad el intestino, o más bien el recto es tan delicado como para perforarse con una penetración no muy vigorosa por un pene?  Por favor, estoy desesperado y necesito respuestas de personas que saben del tema. Me he cansado de buscar. También me gustaría saber si piensas que deba visitar a un experto, ya sea un sexólogo, psicólogo o  proctólogo que pueda disipar mis miedos”.
Que interesante que en una red alguien entienda que puede contar conmigo, que asuma que yo puedo ayudarle a resolver una situación que le genera crisis. Qué bueno sería que cuando alguien venda su cama, como mínimo nos preguntemos cómo pesa el vacío que dejó en ella la muerte de su amado “Alberto”.

sábado, 24 de diciembre de 2011

El peso del silencio tras una amenaza de muerte

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Diciembre de 2011

Este 10 de diciembre se celebra una vez más el Día Internacional de los Derechos Humanos. El pasado martes 6, vi una vez más la película “La vida secreta de las palabras” (2005) de la directora de cine española Isabel Coixet Castillo. Un film sobre el peso del pasado de una mujer víctima del conflicto armado, la tortura humana y sus consecuencias. Me siento conmovido por la historia, de alguna manera la relaciono con la mía.

Esta efeméride coincide, además, con la conmemoración del 50 aniversario de Amnistía Internacional y los 60 años de ACNUR, el Comisariado de la ONU para los Refugiados. Y yo, como refugiado, no puedo evitar recordar los días previos a mi destierro y las amenazantes llamadas telefónicas con las que empezó mi pesadilla.

Es una tarde de trabajo en mi casa en el año 2007, suena el timbre del teléfono. Una voz ronca y desconocida grita “¡hijueputa lo vamos a matar!” Me quedo mudo, mi capacidad de respuesta se reduce a cero y Esperanza, la mujer que me acompaña en los últimos meses se queda mirándome -exclama- ¡se ha puesto blanco como un muerto! Yo en voz baja respondo “¡….Aja…!”

Pasan los días y la voz sigue resonando en mi cabeza.  Una vez más suena el teléfono. Ahora tengo miedo de responder, pero igual siendo una línea de ayuda, sé que debo hacerlo. El timbre retumba en cuatro ocasiones, tomo el teléfono y oigo la misma voz, la misma frase “¡hijueputa lo vamos a matar!”. Cuelgo la bocina rápidamente, sin musitar palabra. Esta vez es Carlos Rojas quien pregunta ¿qué pasa? “¡…Me están amenazando de muerte…!” Respondo. Mi respiración está agitada y siento que los músculos de mi cara se tensan. Un corrientazo desde la cabeza a los pies atraviesa mi cuerpo, lo siento justo cuando respondo. No hay comentarios, seguimos trabajando como si nada hubiera pasado.

Unas horas después, ya desde su casa Carlos me llama, me pregunta ¿Cómo te sientes?
La respuesta parece inconexa. “¡… No han vuelto a llamar…!”. La conversación se transforma en un silencio espeso y largo. Llaman una, otra vez, una vez más y se repite la historia. Suena el timbre del teléfono y respondo, ya no pienso en amenazas, sé que se repiten una y otra vez y con ellas el rito de las llamadas de los miembros de la Fundación que preguntan cómo me siento y mis respuestas que no responden y que se quedan en un simple y automático ¡bien!

Le doy vueltas a la idea, debo responder a las amenazas, no puedo permitir que me sigan haciendo daño. Decido que diré lo primero que se me ocurra.
Se oye el timbre y corro a responder, levanto la bocina, es un chico que pide ayuda, teme estar viviendo con el virus que causa el sida. Le respondo, pero me siento frustrado hubiera preferido que me amenazaran y haber podido responder.

Diez largos días después hay una nueva amenaza. Esta vez respondo “¡si te están pagando por amenazarme dile a quien te paga que ya lo tengo claro pero que seguiré haciendo lo que vengo haciendo, que no sé por qué me amenaza pero que tampoco me importa…!” Sigo por varios minutos sin parar el discurso, ya no tengo claridad sobre que estoy diciendo. Sé que la persona me está oyendo, callo y se oye que cuelgan la bocina. Sonrío, me parece creativo lo que he respondido. Por primera vez quedo tranquilo.

He descubierto la terapia. No me puedo permitir callar. Cinco días después se repite la llamada. Esta vez le respondo que debe tener cuidado cuando me vaya a asesinar porque mi hermano es muy parecido a mí y él no tiene la culpa de lo que yo haga o diga, que  si se equivoca seguro no le pagan y si se va a la cárcel hasta su mujer se aburrirá de visitarlo y hasta se consigue un amante para gastarse el dinero que él le ha dado…

Cuelgo el teléfono, no espero que responda. Suelto la carcajada. He roto el hechizo, siento que ahora soy yo el que tiene el poder. En las siguientes llamadas, cada vez digo cosas más locas y ahora comentó a los amigos las ingeniosas respuestas que surgen en esos momentos.  El problema ya no soy yo, sino los amigos que están presentes cuando llaman porque ellos se angustian, son ellos quienes temen responder.
Nunca les amenazan, eso me tranquiliza.

Salgo a buscar el correo en el buzón que se halla junto a la puerta de entrada de mi casa, abro un paquete y descubro que es un sufragio. Me sorprendo cuando lo abro porque creo que es una equivocación, sin embargo lo leo, es para mí. Una vez más siento un corrientazo en mi columna, una vez más me quedo sin respuesta, una vez más siento miedo y una vez más callo al respecto.

Suena el timbre de la puerta de la casa, cuando salgo descubro una corona fúnebre recostada contra la reja de la calle. Creo que es una equivocación pero pronto caigo en cuenta que es otra manera de amenazarme. Lo despedazo y lo pongo en la basura.
Pasan los días y espero una llamada, un sufragio o una corona pero nada pasa. De pronto me doy cuenta que tengo mucha ansiedad, analizo que esa es otra forma de violencia. Decido pensar en qué hacer si me vuelven a llamar, en cómo actuar ante un paquete que no espero, y tomo una resolución, si me vuelven a enviar flores haré un ramo con ellas.

Casi una semana después se repite la historia. Suena el timbre, corro a la puesta, veo la corona fúnebre y decido tomarla, entrarla y desbaratarla. Comento sobre lo bien hecho que me ha quedado el ramo y reímos. Una vez más se ha roto el hechizo.

Son algo después de las doce de la noche, acabamos de apagar la TV y nos disponemos a dormir. Se oye un ruido ensordecedor, se estremece la casa, se oyen vidrios quebrarse y el polvo cae del techo. Le digo a Ricardo Molano, mi pareja, que deben haber atentado contra la estación del Transmilenio que queda cerca de la casa. Le propongo dejar pasar unos minutos antes de salir a ayudar a las personas. Sé por lo que dicen los medios que en algunas ocasiones las bombas explotan dos veces para producir más daños entre los curiosos. Llamamos a la policía.

Salimos de la habitación y observamos que son los vidrios de las ventanas de la casa los que se han roto; las cortinas se mueven con el viento. Bajamos a la primera planta, allí también hay vidrios rotos por todas partes. La puerta está un poco forzada, es difícil abrirla. Cuando logramos hacerlo y salimos, lo primero que observo es que no hay ni una sola planta, el césped se ha quemado y el piso se ve como un campo de futbol hecho en tierra. Hay gente en la calle… todos miran hacia la casa… en esos momentos llega una camioneta con varios policías, se identifican, dicen ser de antiexplosivos. Piden que abramos la reja. Uno de ellos nos dice que debemos ingresar pronto, que el atentado ha sido contra nosotros.

La sala se llena de policías. Uno de ellos me interroga, quiere saber por qué han atentado contra mí. Le explico que estoy en campaña política, que soy homosexual, que trabajo en prevención del sida, que he tenido varias amenazas de muerte, incluso comento que debe ser que no les gusta el color de mi cabello… todos reímos.

Llega Yolanda Quintero. Ha oído el estruendo desde su casa y al igual que a mí me pasó cuando explotaron las dos bombas frente a la suya, ella siente que algo me ha pasado. No sé cómo se enteran pero empieza a llegar gente conocida. En medio de todo el barullo oigo que un policía grita ¡fue una granada, es sudafricana!…Yo me quedo pensando en cómo logran saberlo. En hombre entra a la sala en donde estoy rodeado de policías que no se callan, muestra algo, dice que es la espoleta.

Siento el pecho apretado, tengo ganas de llorar pero no puedo. A las cinco de la mañana llega Esperanza, recogemos todos los vidrios, no quiero ver nada que me recuerde el atentado, sin embargo no es posible, aun meses después encontramos fragmentos de vidrios en los lugares más insospechados. Son casi las siete de la mañana. Llega un periodista de televisión, quiere hacerme una entrevista pero le preocupa que las imágenes sean irreales pues todo se ve limpio y ordenado. Nos pide que pongamos vidrios en el piso… Esperanza -mi ayudante-  lo mira extrañada, entra y trae la basura. Cuando ella se nos acerca con la bosa negra de la basura yo suelto la carcajada, esto es demasiado macondiano, no puede ser verdad que me pidan que monte la escena del crimen para hacer unas tomas de video.

Esperanza riega lago de basura siguiendo las indicaciones del periodista. De pronto me doy cuenta que estoy en pijama y con bufanda…decido ingresar a la casa. No recuerdo que respondí en la entrevista pero de lo que menos tenía ganas era de hacer prensa al respecto. Ariel, mi jefe de prensa ha preparado un comunicado para los medios. Lo envían mientras yo duermo.

Llegan policías que nos regañan por haber recogido las evidencias y ponerlas en la basura. Una vez más la bolsa negra es desocupada.

Casi un año después oigo desde mi casa la explosión de un carro bomba, es el ataque terrorista contra el Club El Nogal, el 7 de febrero de 2003 a las 20:15. Cuando oigo el estruendo sé que es una bomba y entonces lloro, lloro sin para por un buen tiempo…

Por fin logro sacar aquel sentimiento que me aprieta el pecho. Porque, entre el tiempo pesado y angustioso que pasa entre una y otra llamada amenazante, entre la agonía que se vive entre el silencio y el estruendo de una explosión, en medio de la zozobra y la angustia de no saber qué pasaría con mi integridad física y emocional, terminé convertido en refugiado y pude comprender cómo es de dura la vida de quienes sienten en peligro sus vidas. Entendí como es de pesado el silencio que vi

domingo, 15 de agosto de 2010

El que peca y reza, empata: Pederastia, perdón y la jerarquía católica colombiana

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, 07/05/2010

Por supuesto de nada sirvieron las denuncias sobre vulneraciones sexuales de sacerdotes católicos colombianos, se debieron dar varios miles de denuncias en el mundo contra la iglesia para que el Benedicto XVI se viera obligado a tomar cartas en el asunto; un asunto bastante espinoso y que ha afectado considerablemente las arcas de la iglesia católica en aquellos países donde la justicia no es ciega y las denuncias han prosperado.
En la Iglesia colombiana "Siguiendo directivas del papa Benedicto XVI, pedimos perdón a las víctimas de pederastia, de esos sacerdotes que abusaron de ellos", dijo monseñor Rubén Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal. El prelado igualmente y sin mucho interés dijo que "ese perdón  implica también un compromiso claro de  hacer todo lo que está a nuestro alcance para que esto no se vuelva a presentar y que la Justicia lo pueda castigar". Las víctimas de sacerdotes colombianos esperamos que en algún momento el compromiso de la iglesia también esté en concordancia con el principio ético y moral de resarcir a quien ha sido vulnerado en sus derechos.
Monseñor Salazar también comunicó a los medios que "de parte de la Iglesia no hay ninguna connivencia con la pederastia sino una condena de los victimarios", y que esperan que "la justicia civil se encargue de castigar a los culpables y de resarcir a las víctimas". Las victimas esperamos que esto signifique que no se esconda a los victimarios trasladándolos de ciudad y que estos, como cualquier vulnerador sexual de menores, paguen el delito como deben hacerlo los vulneradores que no son “pastores descarriados”.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

En Colombia, otra trans muerta, no importa

Justo en la semana internacional por los Derechos Humanos, en Colombia se evidencia una vez más la violencia ejercida por los paramilitares hacia la gran diversidad de la población colombiana.

En Colombia, desde 1986 los grupos de “limpieza social” han asesinado homosexuales y especialmente aquellos que son transvestis, trabajadores sexuales o a quienes se considera que siendo transvestis trabajadoras sexuales, son delincuentes.

Los paramilitares “que lavan dinero” siendo dueños de algunos de los “put y clubs” en las diferentes zonas de “tolerancia” en Bogotá, desde hace algunos años vienen ejerciendo por mano propia la “reordenación social y territorial”. Estos delincuentes, que para su mayor beneficio ahora pretenden “organizar” a las transvestis, son también dueños y administradores de espacios de esparcimiento sexual, en los que se explota sexual y comercialmente a niños, niñas y adolescentes, algunos de estos además son traídos y retenidos a la fuerza en dichos establecimientos.

Sobre este tema ha hecho un llamado la nota de prensa titulada “Criminales pagan un millón de pesos por travesti muerto” publicada en El Periódico” el pasado 10 de diciembre, se hace hincapié sobre el incremento en el numero de asesinatos en la población transvesti trabajadora sexual del Barrio Santafé en Bogotá. http://www.elperiodico.com.co/seccion.phpcodigo=1190&seccion=1&fecha=2007-12-10

Cuando se incendia la casa del vecino el fuego te puede llegar a ti.
La complicidad de algunos miembros de las autoridades “competentes” ha logrado que las denuncias nunca prosperen a investigaciones, tal vez porque en su machismo homofóbico consideran que con estos asesinatos se hace un bien a la sociedad; a ello se suma que los mismos lideres homosexuales prefieren hacerse los de la vista gorda, no vaya y suceda que los “confundan” con esos otros excluidos/as, cuya letra (T) se ha puesto en el cartel, más por ser políticamente correctos, que por estar convencidos y aceptar que las personas trans son sus iguales.

Amnistía Internacional, que desde el 89 se ha interesado en el tema de las minorías sexuales en Colombia, ha informado recientemente sobre el creciente numero de asesinatos y detenciones arbitrarias a personas trans, en América Latina y por supuesto en Colombia.
http://www.es.amnesty.org/temas/minorias-sexuales/tp/documentos/
http://www.es.amnesty.org/uploads/tx_useraitypdb/DIVERSIDAD19.pdf

Diana, una reconocida lidereza transvesti y trabajadora sexual de la zona, en donde se han cometido los asesinatos, reiteradamente ha denunciado dicha situación a la Mesa LGBT de Bogotá y ha dicho al respecto a El Periódico "La Policía puede dar fe de ello. Hemos puesto quejas constantes y hasta diarias por la agresiones que los de ese sector cometen contra los clientes".

Sobre el tema, Carlos E. Marín C. y Mónica Poveda H. de la Dirección de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobierno de Bogotá D. C., le han respondido a Mauricio Albarracín de Colombia Diversa “La Secretaría de Gobierno contaba previamente con información referente a ésta problemática y de manera interna se está realizando un trabajo conjunto con la Policía Metropolitana buscando aclarar éstos hechos”, y le recomiendan en un circulo vicioso “hablar con Diana Navarro (citada en el articulo) sobre el tema, que indiscutiblemente es muy delicado y que consideramos desde la Secretaría de Gobierno debe ser manejado de manera prudente y racional a fin de no generar desinformación sobre dinámicas internas que se pueden estar presentando en éste sector”.