martes, 6 de marzo de 2012

Ahh... ¡Ya estoy calientico!

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Marzo de 2012

¿Cómo quieres que te llame? Dime pepe.
Y tú ¿cómo te llamas? Enrique
Dime cómo estás vestido Enrique. Llevo puesto un bluejean y una camiseta negra.
¿Usas pantaloncillos? Sí.
¿Tienes pantaloncillos ahora? Sí
¿De qué color? Blancos.
¿Tanga? No, bóxer.
Que rico meterte la manita por la manguita de tu bóxer... ¿Estas calientico? Sí.
¿Qué quieres que te haga? Lo que tú quieras.
¿Cómo te gusta? ¿Cómo así?
¿Sadomasoquismo, zoofilia, pedofilia, coprofilia… Te gustan las relaciones dolorosas, con objetos, animales, menores, materia fecal? Noooo, normalito.
¿Cómo deseas hacerlo? ¿Cuánto es que vale el minuto?
No papito, no te preocupes por eso, mejor autorízate a ser feliz... Papito estoy muy arrecho, me encanta tu voz, no sabes cómo me excitas... quiero hacerte feliz. Pídeme lo que quieras...
¿Pepe, usted cómo es? Alto, rubio, de ojos claros...

Por supuesto, el interlocutor que es negrito, bajito, barrigón y feo, pero que tiene una voz agradable e insinuante, hará todo lo posible porque estés en la línea todos los minutos posibles. Tú no importas mucho. Bueno, importas como cliente no como persona. Tú eres su fuente de ingresos. Ser operador de una línea telefónico erótica parece ser divertido o por lo menos rentable. El recibe un salario básico y más o menos 100 pesos por cada minuto que tú estés en la línea. El hará todo lo posible porque te sientas satisfecho, llegues al éxtasis e inclusive, porque llegues al orgasmo. ¡Tus orgasmos son dinero!

Los jadeos, respiraciones profundas, exhalaciones y soniditos que en el auricular se oyen como un “pajaso” a todo dar (masturbación que llaman), la mamada del siglo o una loca penetración están fríamente calculados y son parte del entrenamiento y de la creatividad particular. Que él chupe un bombón o su dedo puede sonarte a mamada (fellatio si lo prefieres), chuparse el canto de la mano suena parecido a sonará muy parecido a cuando te dan un beso de esos que llaman negro y así sucesivamente...

Mario, operador de una línea de sexo, me contó que su sexualidad se transformó con su actividad laboral. Ahora es más creativo, más lúdico, más erótico, pero también puede fingir un gran interés por alguien quien ni siquiera le mueve la aguja. Los clientes se entusiasman con su príncipe telefónico. Llaman inclusive varias veces al día y durante varias semanas, meses. Su éxito radica en lograr que el cliente se sienta satisfecho, que sobrepase sus propios límites y se sienta reconocido, valorado…importante.

Mario no es un personaje oscuro sino un joven alegre, jovial, de buena presencia, atractivo y según se ve por encima, anda muy bien por abajo. Cuando se le observa inspira bajas pasiones y profundas necesidades pero él prefiere hacerse el desentendido, pues lo suyo por lo general es meramente telefónico.

Consultando con algunos amigos descubrí que varios de ellos se han masturbado por lo menos una vez mientras hablan telefónicamente con un conocido. Quienes experimentaron la posibilidad en una línea de sexo terminaron dolidos con sus billeteras pero casi siempre plenamente satisfechos. Yo mismo tuve alguna vez un amiguito telefónico y no puedo negar que los encuentros fueron súper agradables y bastante eróticos. Tampoco puedo negar que cuando logré conocerle alabé la maravilla de la tecnología y me felicité por lo creativo que es mi cerebro.

Mario, quien mientras no tiene clientes lee permanentemente, generalmente estudia documentos turísticos con cuya lectura puede “hacerse más internacional”. También conoce sobre expresiones comportamentales sexuales, ya que los clientes son muy diversos y tienen necesidades bien especiales. Por supuesto, no todos los que trabajan son homosexuales, así que algunos heterosexuales deben relacionarse con clientes homosexuales y los homosexuales deben atender a mujeres e improvisar sobre aquello que no conocen e inclusive detestan.

Inicialmente Mario creía que todos los clientes eran viejos y feos, y aun cuando le está prohibido, de vez en cuando se cita con alguno de ellos. Casi nunca cumple pero le parece divertido y hasta excitante saber con quien comparte en la línea. Por supuesto, después tiene que darles mil excusas diferentes para explicarles por qué no llegó al compromiso, pero parece ser que inclusive esta “indiferencia” agranda su atractivo para quienes son sus amantes telefónicos.

Sentirse morboseado durante una llamada es algo que le atrae a Mario. Es un juego que le gusta jugar, pero siente que a otros homosexuales les molesta cuando se enteran sobre cuál es su actividad laboral, inclusive aquellos que se gozan las llamadas no laborales pero sí bastante sexuadas. No pretende negar que, de vez en cuando, algunos clientes son tan creativos que logran envolverlo, de tal forma que, por un momento, deja la revista o apaga el televisor y se concentra y disfruta aquello que generalmente hace casi como robot.

Considera que el erotismo es una necesidad del ser humano y que la soledad es una mala compañía. A veces se siente  terapeuta y se excusa con quienes lo atacan diciendo que él es un profesional de su trabajo, ya que sus clientes obtienen toda la satisfacción que desean y él la respuesta a sus necesidades económicas. De pronto lo que a algunos más les molesta de él es que no se arrepiente de ser considerado un objeto sexual, incluso le gusta reconocerse en la capacidad de excitar a hombres que en otras circunstancias no le prestarían mucha atención.

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