Mostrando entradas con la etiqueta Identidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Identidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de junio de 2017

Busco hombre acuerpado y cero plumas. Entrevista a Manuel Antonio Velandia Mora

Manuel Antonio Velandia es Sociólogo, sexólogo y cofundador del Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia. Refugiado político y asilado en España por orientación sexual.

Manuel Velandia. Foto: Juan Sanz /JCSanzPhoto
¿A qué le atribuye la discriminación que se dice existe entre algunos hombres homosexuales por razón de su apariencia o comportamiento?

Con Leonardo Davinci surgió un patrón ideal de belleza masculina. Ese hombre ideal no existe en la realidad. Los primeros modelos atléticos aparecieron en “Physique Pictorial” y desde esa revista se fortaleció la idea del hombre masculinizado en el gimnasio como el modelo del cuerpo deseado por los hombres homosexuales. Por otra parte, el peso de la homofobia internalizada lleva a la discriminación, no solo de sí mismo, sino del otro que es percibido como la imagen amanerada de lo que se teme proyectar. Emerge así el temor a la “pluma” o más concretamente a la “pluma propia”, como algo que el otro le recuerda. Mientras no nos reconozcamos como seres únicos, no reconoceremos al otro como un auténtico otro.

¿Existe entre buena parte de hombres homosexuales un “culto al cuerpo”?

La publicidad se ha valido del imaginario de la masculinidad física con músculos como símbolo de la belleza. Con ese patrón, algunos hombres homosexuales se miden a sí mismos y a los otros. Los cuerpos masculinos también se entienden como mercancía y como tal se promocionan y se adquieren, porque en muchos casos el otro es un objeto, una cosa para mostrar, para consumir. Al pensarse como mercancía, el hombre homosexual transforma las redes sociales en un escaparate y su imagen en una representación de la mercancía que pretende ofertar. No todos los homosexuales tienen el mismo patrón de belleza, también hay osos, cazadores, cachorros, admiradores, reinonas, etc. Hay una gran diversidad de imaginarios, representaciones y modelos. Creo que lo importante es ser conscientes de qué se quiere ser y por qué y no resultar siendo o exigiendo a los demás por negación a sí mismo.

¿Qué opina de la manera en que algunos hombres homosexuales se anuncian (con fotos de la zona genital, de los glúteos o sin ropa) en grupos y redes sociales concebidas para concretar encuentros entre ellos?

Quien frecuenta las páginas de encuentro no suele hacerlo por azar sino porque sabe lo que quiere, aun cuando algunos llegan allí por casualidad se quedan porque lo desean. Cada cual se promociona como le plazca y está en su derecho a optar por ello. Yo no pongo fotos de mi pene, creo que lo más bello de mí está en mi cerebro y no en el culo, por ejemplo. Pero si la persona cree que tiene una verga que saca la cara por él, pues tiene derecho a mostrar su mejor imagen.

Los hombres gai suelen tener un valor sobre el cuerpo diferente al que le dan las mujeres: antes que gay son machos y, como tales, algunos consideran que la masculinidad está relacionada con ser un semental. Los hombres en general tienen un mayor número de parejas sexuales que las mujeres, pero la moralidad judeocristiana olvida que en el intercambio genital hay erotismo, deseo, placer, sensibilidad y goce.

Las personas deberían tener el número de relaciones genitales que necesitan siempre y cuando no vulneren a los demás para conseguirlo y no nieguen sus propios valores cuando lo hacen. Cada cual sabe cuánto y qué necesita y, si para ser feliz lo logra, me parece bien. El problema es que solemos dar más valor al “qué dirán” que a ser honestos con nosotros mismos y con los otros.

¿Qué tan frecuente es el matoneo entre los hombres gais cuando no se cumple con ciertos parámetros físicos o manera de vestir, por ejemplo?

Existen varias éticas: la que cree que el otro solo es valioso en cuanto más poder económico tenga y por la que se rechaza al pobre. La que valora el intercambio en la que solamente se da algo si se recibe algo a cambio. Está la ética que asume al otro como cosa y como tal se le trata: cosa fea, cosa bonita o cosa “bien vestida”. En esta ética, el otro es una mercancía y tiene un valor de uso y de cambio. También hay una ética en la que el otro es reconocido como un ser auténtico.

Cada cual vive en una de esas éticas o en una mezcla de una y otra. El matoneo se presenta cuando desde la ética particular, el otro no es reconocido en sí mismo sino desde esa cosa, mercancía, pobreza o belleza con la que se mide al ser humano. El matoneo es más frecuente de lo que se cree, pero menos visible de lo que debiera ser, tal vez porque estamos acostumbrados al rechazo, al estigma y a la discriminación y, mientras no nos sintamos víctimas, no nos afecta lo que le sucede al otro.

¿Cuál sería su propuesta para empezar a superar esos “mandatos” como que los hombres gais deben ser “masculinos” o “cero plumas”?


La sociedad ideal solo existe como modelo. Mientras alguien se asuma como mercancía no le afectará tratar al otro en iguales condiciones. Yo abogo por el derecho a la “pluma”, al amaneramiento masculino o femenino, a querer compartir el culo, a penetrar solamente o a tener prácticas orales. No somos más o menos maricas por hacer lo uno o lo otro, pero somos peores seres humanos cuando le negamos al otro el derecho a ser lo que quiere.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Redefiniendo la homosexualidad

Manuel Antonio Velandia Mora
España, noviembre de 2013

La Identidad, orientación sexual y nuevas definiciones de las homosexualidades

La vivencia personal de la temporalidad y espacialidad determinan una forma particular de asumir el mundo a la cual llamamos identidad.
El mundo es relacional y los seres humanos (sistemas) que lo componen tienen identidad en virtud del tipo de relaciones que establecen y en las cuales están inmersos, como también de las propias e inherentes particularidades que nos permiten distinguirnos y diferenciar a los/as demás.
La identidad es ilusión porque si comprendemos que la realidad se construye desde una manera de explicar el mundo, y sabemos que esta no necesariamente tiene que ser objetiva sino que es constitutiva (cada uno lo explica desde su propio uni-verso), entonces, comprendemos que el criterio de validez de la realidad del otro o la otra se da a partir de la efectividad que pueda tener para el/la observador(a) y de las condiciones en que dicho observador ve o escucha.
Se identifica a los otros o las otras no por lo que son sino por lo que quien los está identificando asume que ell*s son.
Reconocer-se en la posibilidad del cambio, de la movilidad generada a partir de las relaciones que establecemos, los territorios de los que hacemos parte, del paso del tiempo en nuestra existencia, de la cultura y la sociedad de la que hacemos parte. De ahí la importancia de reconocer-se persona única, irrepetible, trascendente, evolutiva, dinámica e histórica que construye futuro en su cotidianidad, y por tanto con una sexualidad única.
La identidad puede considerarse como la emergencia de una construcción, no siempre consciente, que afecta los procesos de socialización del sujeto; la identidad emerge de la vida cotidiana, más específicamente de la educación (formal y no formal) que provee a la personas los referentes del "deber ser" de la identidad. Dichos referentes están basados en la cultura, son propios de una sociedad y tiempo determinados, y están afectados por los procesos de interrelación e interdependencia del individuo.

Las identidades sexuales

La identidad además de móvil, es múltiple: particular, social, de socialización. El proceso por el cual la sociedad identifica sexualmente al individuo se llama Identidad Social Sexual.
La sociedad ha creado un patrón «ideal» de identidad sexual: el heterosexual, macho, masculino y falocrático; desde éste modelo, quien asuma una identidad diferente a la preestablecida socialmente, se convierte necesariamente en un ser «diferente», y por tanto marginal.
Ello ha «justificado» que para algunos individuos la identidad sexual particular y la identidad sexual social no estén «sintonizadas» por ello se construye una identidad de socialización que se acopla a las exigencias propias del intercambio social, del contexto ecosistémico y cultural relacional.

La orientación sexual

Es una manifestación de origen genético, pero no heredado, por tanto no es innata, por el gran peso que en su definición tiene la cultura.
La herencia genética es la manera en que se transmiten, de generación en generación, las características fisiológicas: morfológicas y bioquímicas de los seres vivos. No es innata la homosexualidad porque No ha nacido con el sujeto, sino se ha construido culturalmente y a partir de la experiencia y la educación.
La homosexualidad es una construcción social que se suma a la estructura biológica; la homosexualidad es además ecosistémica, es decir propia de cada tiempo, espacio y cultura.
La homosexualidad y la lesbianidad se producen cuando la persona hace conciencia identitaria. Quienes follan con otros hombres o con otras mujeres y no le dan el nombre de práctica homosexual o lésbica a su disfrute no son homosexuales o no son lesbianas, son hombres que follan con otros hombres o mujeres que tienes relaciones genitales con otras mujeres.
Así haya una predisposición biológica si no le dan rienda a su deseo, erotismo, genitalidad, afectividad y tienen conciencia de ello, no son homosexuales.
La homosexualidad es solo un nombre que explica vivencias diversas, si se les pide a muchos homosexuales que definan qué es su homosexualidad, se observará que cada uno vive la propia y desde su vivencia define su identidad; igual sucede con la lesbianidad.

Nuevas definiciones para las orientaciones sexuales

Se denomina orientación sexual homosexual a la de un hombre (biológico, optado o transformado) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad, a partir de manifestaciones homodeseantes, homoeróticas, homoafectivas y homogenitales, hacia otro hombre biológico, optado o transformado; fundamentándose para ello en su deseo, erotismo, afectividad, genitalidad y/o la conciencia que tiene de dicha orientación.
Se denomina orientación sexual lésbica a la de una mujer (biológica, optada o transformada) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad, a partir de manifestaciones lesbicodeseantes, lesbicoeróticas, lesbicoafectivas y lesbicogenitales, hacia otra mujer biológica, optada o transformada; fundamentándose para ello en su deseo, erotismo, afectividad, genitalidad y/o la conciencia que tiene de dicha orientación.
El erotismo hace referencia a la capacidad que tienen determinadas partes del cuerpo de convertirse en zonas de placer y señala igualmente la excitación que produce un estímulo. Rebasa la esfera de lo genital y se amplía hasta las esferas de socialización y la cultura. La eroticidad lleva inmersos unos referentes relacionados con los sentidos, o más concretamente con lo que se ha visto, oído, tocado, degustado u olfateado. Se puede recibir estímulo de diferentes situaciones y cosas que pueden atraer la atención, como por ejemplo, del cine, la literatura, las fragancias, las texturas, las situaciones, los objetos.
Lo erótico es una elaboración superior del deseo, no solamente es imaginado sino que puede ser practicado; implica un proceso que tiene relación directa con el disfrute o displacer que produce satisfacerlo o no. Lo erótico posee una carga, al deseo no siempre se le pone un cuerpo, a lo erótico sí. Se desea ser acariciado por una mano, sin que necesariamente importe el hombre o la mujer de la que cuelga la mano.
Según Camilo José Cela, el erotismo es "...el apetito sexual contemplado en sí mismo o en función de los signos, las zonas erógenas, situaciones y objetos capaces de fijar su atención o despertarlo de su sueño. Es la exaltación -y aún la sublimación- del instinto sexual, no siempre ligada a la función tenida por sexual (genital)...". 
El erotismo implica el reconocimiento propio y de la pareja en toda su extensión y no únicamente en su función genital. El erotismo no siempre está mediado por el amor, lo está por la necesidad del disfrute. Incluso en muchas ocasiones se vivencia como una experiencia ajena al otro o a la otra.
Para la Real Academia Española de la lengua “... el amor hace alusión a la atracción de un sexo hacia otro”. Hacer el amor, según la misma academia, hace referencia al acto “sexual”, es decir a la cópula; es un eufemismo de antigua utilización. Como el concepto de amor suele vincularse a contenidos genitales (algunas personas se refieren a las relaciones genitales como “hacer el amor”), sin embargo se prefiere hacer referencia al concepto de afectividad para hablar de la vinculación emocional entre dos personas, cualquiera que sea su sexo u orientación sexual.
Afectividad es el conjunto de sentimientos y emociones de una persona. Sentir afecto por alguien no conlleva una reciprocidad ni se fundamenta en la posibilidad del intercambio genital, aun cuando puede estar acompañado de este.
La genitalidad es un componente fundamental de las sexualidades. Se refiere a la posibilidad del intercambio genital entre dos personas. Inicialmente el concepto de genitalidad -del latín genitalis; apto para la generación- hacía referencia a la posibilidad de la cópula hombre-mujer.  Sin embargo, la acepción actual abarca en su definición lo relativo a ella o a los órganos que la posibilitan, y no implica necesariamente la penetración.
Al hablar de genitalidad se hace referencia a cualquier expresión comportamental sexual en la que hay contacto con los genitales de otra persona, en pareja o grupalmente. Tocar los senos o el pecho, acariciar el cuerpo en lugares extragenitales no es una práctica genital sino una práctica erótica. Una de los fines de la genitalidad además de la obtención de placer es la reproductividad.

Cabe aclarar que no es correcto hablar de homosexualismo o lesbianismo, ismo es doctrina, sistema, escuela o movimiento y las homosexualidades y las lesbianidades no lo son. 

viernes, 30 de marzo de 2012

Los padres de familia deben cambiar la presunción de heterosexualidad

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Marzo de 2012
Madres y padres se preguntan por qué sus hijos e hijas no les tienen confianza, por qué no hablan con ellos de cuestiones que parecen serles problemáticas, generalmente sobre situaciones relacionadas con su sexualidad. Y la situación es mucho más complicada si los padres empiezan a sospechar que sus hijos pueden ser gay, lesbianas o trans.

Sería un gran avance para los padres de familia en general que no trazaran el plano exacto de qué quieren que sean ellos en el futuro, para evitarse la frustración y el desencuentro al descubrir, por ejemplo, que no quieren ser abogados sino artistas. O que odian el nombre del bisabuelo que les pusieron como segundo nombre, y pero aún, mal combinado (“Yo no pedí llamarme Steven Otoniel”). O que no quieren ser católicos o de la religión de la familia. O que no son heterosexuales.

Presumir que los hijos van a ser de cierta manera es la fórmula perfecta para el conflicto. Sería mejor que pudieran escoger libremente su destino, pero obviamente muchísimo mejor aún si sus padres están ahí para asesorarlos, orientarlos y compartir sus experiencias. Por ello, invito a los papás futuros o actuales a que no presuman que sus hijos van a ser necesariamente heterosexuales.

Esto es lo que llamo la “Presunción de heterosexualidad” y me parece sano deshacerse de esa carga social, porque cuando alguno de sus hijos resulte gay no significa el acabose del apellido de la familia, sino un aspecto más de la personalidad de su hijo sobre la cual vale la pena dialogicar: es decir, se requiere más que un “logo entre dos” (diálogo). Lo que le digo a mis alumnos es que se en estos casos se requiere una dialógica, un intercambio de ideas e inquietudes en el que la lógica de cada uno se pueda expresar con honestidad, respeto y sin temor a cualquier forma de violencia o rechazo.

Si se cree que la descendencia está preparada para hablar, entonces ese logos o conocimiento debe ser de doble línea, quiero decir que los padres que ya consideran madur*s a sus hij*s deben también compartir sobre sus propias situaciones, dudas, temores, incluso prejuicios. La dialógica no se sustenta en el poder sino en la necesidad del acuerdo.

Cuando se decide dialogicar es conveniente estar listo para recibir cualquier respuesta. Padres y madres tienen la esperanza de que aquello que se sospecha como negativo nos va a ser confirmado - y no hablo solo de sexualidad porque esto aplica para otras situaciones cotidianas -. En la lógica de la vida las respuestas pueden ser muy variadas, desde una rotunda afirmación hasta una negación frontal a pesar de que lo que se interroga merezca una respuesta positiva.

Muchas veces se obtiene una negativa porque situaciones previas en que se ha sido vulnerado, agredido verbal, emocional o físicamente, crean precedentes y se teme se repita la situación; porque se sabe de antemano el rechazo, ya expresado, que hacia la situación tienen el padre, la madre o ambos e incluso los herman*s mayores; porque preocupa la incomprensión; porque la persona aún no está preparada para hablar o simplemente, porque lo que a otros parece un problema, para el chico o la chica solo es una cuestión que no merece tanta importancia. En especial cuando la sexualidad ahora, para los jóvenes, se contempla y vive de otra manera.

La controversia nunca será el camino para llegar al acuerdo, menos cuando esta se expresa de manera tajante, insultante o conlleva otras formas de violencia. Un error frecuente es iniciar las frases diciendo NO, porque esta negación ya crea una alerta que es el principio del desacuerdo.

Mi idea es que hay que preguntar con amor, con respeto y sin rodeos, y que las respuestas deben darse de la misma forma. Apóyese en ideas positivas tales como: te pregunto porque te amo; quiero saber, no para condenarte sino porque quiero acompañarte en cualquier decisión que tomes para la vida porque esto es importante para nuestra relación; te pregunto porque cualquiera que sea la respuesta quiero tenerla de ti y no de otras personas; no temas responderme que tú sabes que respetaré tus decisiones.

Pero no es suficiente preguntar positivamente, sino que además los planteamientos deben ser reales. Es decir, si no amamos, si no respetamos, si sabemos que no seremos solidarios , es mejor no saber o esperar a que haya más madurez de nuestra parte para hablar del tema y ser respetuos* con la otra persona.

En algunas ciudades hay grupos de apoyo para padres y madres con hijos homosexuales, lesbianas, trans, entre otros, puede llegar a ellos ya sea de forma personal o en la Web. Infórmese previamente pero no busque confirmar su presunción sexual si esta es heterosexual o concordante con el género asignado, porque si su sospecha es real, suele serlo, entonces no podrá comprender la opción que ha tomado su hij* o familiar.

También se puede buscar apoyo en la literatura, el cine, la televisión. Es allí donde chicos y chicas suelen apoyarse, pero debemos recordar que tener a alguien con quien hablar de manera explícita es probablemente lo más importante.

Cuando vaya a dialogicar es mejor hacerlo en un lugar neutral, con muy buen estado de ánimo y con una emoción positiva. No diga jamás algo de lo que posteriormente pueda arrepentirse, no presione la respuesta, permítase expresar sus sentimientos sin culpar a la otra persona de lo que usted siente porque solo usted es el dueño de sus propias emociones, de sus actos y de las explicaciones que da sobre ellos.

Por último, el error más frecuente es presuponer la respuesta y esta cuando es sobre sexualidad, no siempre se corresponde con el “deber ser” (que se expresa en frasecitas tenaces como “¡¡¡usted tiene que llevar en alto el apellido Rodríguez dándonos hijos, y ojalá varones!!!”), porque todas las personas en algún momento de nuestra existencia nos negamos a vivirlo para optar por nuestro “querer ser” (no estudiamos lo que el padre quería, no nos vestimos como la madre deseaba, no establecimos relaciones con quien a otros les parecía el mejor partido), que es la mejor opción para ser felices; y, en ultimas, es nuestra felicidad y la de los seres que amamos la que debe cimentar muestras relaciones afectivas, sociales, laborales.

sábado, 17 de marzo de 2012

Nacen o se hacen: excusas para la exclusión y la inclusión

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, marzo 2012

Esta reflexión surge de la lectura de un artículo denominado Lesbianas, gays y trans: ¿nacen o se hacen? Escrito por Mauricio Rubio para La silla Vacía. A la publicación le he hecho algunos comentarios que aquí resumo.

Las teorías no explican el origen de las homosexualidades, de las lesbianidades, ni bisexualidades, pero tampoco de las heterosexualidades; cuando mucho, se aplican solamente a algunas personas. Pero no todos somos homosexuales (Bueno, así me definí primero), algunos somos gay (Un término más relacionado con militancia política, así me definí después); y, otros nos asumimos maricas (Una experiencia performativa y política, como me identifico actualmente).

Dependiendo de la teoría con la que la persona pretende comprender o tratar de explicar el origen de la homosexualidad, la explicación puede ser bien diferente, por ejemplo: cuando yo me di cuenta que era homosexual, pensé que había nacido así. Después leí algunos documentos científicos, y deduje que mi madre “tenía la culpa”, pero otras teorías me aclararon que, supuestamente, la raíz era la relación con mi padre, con mi madre, con ambos, con la familia o solamente con las mujeres... Posteriormente, algún libro que leí me llevó a concluir que era cuestión de hormonas. No tardé en enterarme posteriormente, de que tenía que ver con mi hipotálamo... En el momento en que creía tener una respuesta me enteré que la homosexualidad estaba relacionada con la herencia y el cromosoma “X”. Después de mucho pensarlo y con el apoyo de otros teóricos, creí que yo me había hecho homosexual…

Por suerte, a pesar de tanta ciencia y de que ninguna hipótesis me ha satisfecho, sigo siendo feliz… y creo que eso es lo verdaderamente importante.

Desde mi punto de vista ¡El origen es lo de menos!

Para algunos, la razón que escogen para explicar su homosexualidad es lo que finalmente determina qué los hace sentirse más (o menos) culpables; por ejemplo, si la persona se reafirma en la idea de que lo suyo es “natural”, es una buena estrategia para discutir con las iglesias, porque seríamos homosexuales "gracias a Dios", si es que éste existe. Pero si prefiere aferrarse con la idea de que “se volvió” gay, puede que viva siempre en estado de “placer culposo” permanente.

Si la orientación sexual es un ejercicio de autodeterminación, este origen se utiliza como fundamento para excluir a quienes no se ciñan a la norma socialmente aceptada, por ejemplo, es el más frecuentemente esgrimido por las iglesias.

Hay otras teorías que ayudan a dar explicaciones diferentes pero que son menos utilizadas para profundizar sobre el origen. Por ejemplo, si se parte de la perspectiva sistémica, diríamos que el origen no puede tener una sola causa, que el medio afecta al Ser, este al medio y que todos los seres humanos, en un mismo medio, nos interrelacionamos, interdependemos y somos interafectados pero somos únicos. Así puede explicarse que la orientación sexual emerge a nivel espaciotemporal de la interrelación, la interafectación y la interdependencia del ser humano con la cultura, el medio, los demás seres humanos e incluso consigo mismo y que la identidad es móvil.

Muchas ideas se han hecho públicas con respecto al origen de las orientaciones sexuales. Algunas se han expresado con criterio científico y se han fundamentado en investigaciones formales llevadas a cabo por investigadores cuyo reconocimiento social ha surgido a partir de las mismas.

En algunas de las investigaciones que sustentan las teorías las unidades de observación han sido, en muchas ocasiones, presidiarios y enfermos vivos o muertos cuyas patologías o conductas los hicieron elegibles como sujetos de investigación. En general se ha investigado con grupos poblacionales poco numerosos, cuyos miembros no son representativos de los diferentes individuos y sus procesos.

Cuando las muestras con las que se investiga no son representativas, los resultados de dichas investigaciones no cobijan a toda la población, sino tan solo a aquellos que fueron investigados.

A pesar de la poca seriedad científica de algunas de los llamados investigadores, sus “teorías” han sido retomadas y difundidas por medios masivos de comunicación y publicaciones especializadas, masificando la información y trasladando a las comunidades informaciones poco contrastadas.

El caso es que sea que “nací” o que “me volví”, la sociedad no debería otorgarme menos derechos ni vulnerármelos “en nombre de la normalidad”.

Por qué digo que soy marica
Para mí, ser “marica”, es el acto más revolucionario que un hombre puede realizar. Es romper los esquemas de la falocracia, es mostrar que el machismo es una estructura de poder que se resquebraja en su esencia y que se puede ser feliz siendo transgresor. Pero además, asumirse marica es cortar con la homosexualidad (la primera enfermedad de origen sexual definida por agentes de salud, y también la primera en ser excluida del listado de enfermedades mentales de la OMS) y vivenciar una experiencia política y social que va más allá de las teorías LGTB, que transciende los modelos de salud-enfermedad y se imbrica con lo sociocultural.
Como marica no necesito ser aceptado, exijo ser respetado.

domingo, 15 de agosto de 2010

La sexualidad es cultural: 28 de junio y civilización

Por Manuel Velandia
España, 28/06/2010

Los jóvenes no conocen la historia de la lucha por los derechos de las minorías sexuales en Colombia; bueno, también es verdad que algunos se reconocieron homosexuales, lesbianas, bisexuales, trans, intersexuales o queer hace pocos años y muchos de ellos nacieron después de la primera de tres décadas de trabajo organizativo. Cabe aclarar que también algunos adultos, incluso algunos bastante mayores, también la ignoran.
Cuando en 1976 Manuel Antonio Velandia Mora asumió la propuesta de Ben-Hur León Zuleta Ruiz (1952-1993) de reunir y organizar a hombres homosexuales en Bogotá nunca pensó que de ese puñado de jóvenes surgiría el Movimiento homosexual colombiano, León tampoco imaginó unos días antes al dar una entrevista que una pequeña inexactitud en las cifras de la cantidad de los homosexuales militantes en Colombia sería significativa en la movilización social de esta minoría.
Desde los primeros momentos de discusión teórica y práctica organizativa en torno a los derechos de los homosexuales, tanto en Bogotá como en Medellín tuvimos claro que la homosexualidad no es una disyunción a la heterosexualidad y que en sí misma es germen de opresión, estigma y discriminación; razones que nos fueron y siguen siendo suficientes para hacer del derecho a ser homosexual una lucha política y económica, luchas a las que pronto sumariamos y debemos seguir sumando la lucha cultural y sexual.
El paso más importante que dimos en la comprensión de la homosexualidad fue la de romper con la tradición revolucionaria de las izquierdas nacionales e internacionales que mantener escindidos lo público y lo privado. Al sacar nuestra homosexualidad del “closet” logramos que lo íntimo, lo privado y personal dejaran de ser secreto, vergüenza y motivo de homofobia internalizada: en un acto de militancia y expresión política hicimos pública nuestra identidad sexual en los diferentes espacios de socialización y en todos los ámbitos de la organización social.
Al participar abiertamente como homosexuales de los partidos y organizaciones políticas, y al hacerlo específicamente del movimiento estudiantil universitario y de los sindicatos de trabajadores con nuestras acciones sexual-políticas demostrábamos que estábamos en el seno de la sociedad y sus conflictos.
La crítica a lo que hasta ese momento era la “normalidad”, es decir a la heterosexualidad, la masculinidad, el machismo, la falocracia y la homofobia como formas de relacionamiento socialmente aceptadas, fueron y siguen siendo algo más de tres décadas después la critica a los sistemas de funcionamiento y relacionamiento que de ella se derivan.
La homosexualidad, al no ser disyuntiva a la heterosexualidad, tampoco se opone a esta; la heterosexualidad no es una conquista como tampoco es una meta, de ahí que pasar por esta no sea una forma de liberarse sino precisamente una posibilidad para oprimirse, para negarse y excluirse, una forma de degradación. No es que como homosexuales neguemos como objeto de deseo, erotismo, afectividad o genitalidad a la persona del otro sexo, sino que al tener que seguir el juego de la normalidad heterosexista se nos oprime nuestro deseo, deseo que en ese momento también se veía (y sigue siendo) oprimido para las mujeres e igualmente para las lesbianas, los y las transexuales, los y las bisexuales y los y las intersexuales.
La importancia de los primeros aportes del movimiento homosexual estuvo en crear las condiciones teóricas, prácticas y emocionales para que otros homosexuales (y otras personas en otras identidades sexuales, de cuerpo, de género) pudieran, al igual que nosotros lo hicimos, darse cuenta de que la pervertización culpabilizada en la que querían ubicarnos tenía como su epigénesis lo que hasta ese momento era imposible: la abolición de los límites entre lo intimo y lo público. De ello también se han dado cuenta personas no identitadas y post-identitarias.
Al ser el deseo y las sexualidades construcciones socioculturales y la vivencia, explicación y emociones por ellas generadas eminentemente particulares, se pone en tela de juicio el significado de las masas y se incrementa el sentido de la marginalidad y la particularidad; por supuesto, para quienes hoy siguen ese modelo falocrático de la jerarquía de poder y la representatividad organizacional aun no es clara la relación entre el significante y el significado, por cuanto siguen creyendo que esos pequeños cambios conseguidos en la norma jurídica son el fin y no el medio para transformar la cultura y con ella la sociedad y sus relaciones de poder.
Tal vez por lo anterior el otro o la otra GLBTIQ se vuelve el tema de discusión y el motivo de lucha, olvidando que la verdadera enemiga no es la otra organización o quien la representa, sino que lo es la civilización. Participa como sujeto político en las actividades del orgullo LGBTI de tu ciudad.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El temor a no ser masculino o femenina

El temor a dejar de ser homosexual o lesbiana o a dejar de serlo.
Por Manuel Velandia
España, julio de 2009


Los padres, las madres, los maestros y maestras, los sacerdotes, las monjas, chamanes, popes, pastores, científicos tienen el temor de que no seamos hombres masculinos o mujeres femeninas y heterosexuales, pero algunos/as maricones y bolleras temen que a los homosexuales se les identifique como afeminados y a las lesbianas, masculinizadas.

Su temor se fundamenta en una ideología sexista, machista, falocrática, heterosexista y misógina que ha permeado a todas las culturas, hasta el punto que en todas se ha reproducido un “deber ser” del cuerpo, del sexo, del género, de la sexualidad, del placer e incluso, del “deber hacer” con el cuerpo, los genitales, la palabra y hasta el pensamiento de los hombres y de las mujeres.

Toda transgresión a ese modelo, en el intento de “estar siendo” lo que hemos “querido ser”, se condena con la cárcel, la muerte, la exclusión social, la sanción social, el desplazamiento forzado, el asesinato y otras formas más refinadas de crímenes de odio.

Se nos ha imbuido a creer que dicha ideología es la verdadera y en consecuencia, defendemos, actuamos y exigimos que otros/as/es la asuman y la vivencien; pero el género como todo elemento ideológico es una construcción social, un acuerdo espacio temporal propio de una cultura, e incluso, construido en una subcultura. Lo que es masculino aquí y hoy, no necesariamente lo será mañana, ni lo fue ayer. Lo que está siendo masculino hoy y aquí, no necesariamente lo es en otro lugar, en este mismo país, en otro país o en otro continente. Lo que es masculino aquí, puede ser parte de la feminidad en otra cultura.

Masculinidades y feminidades tienen variaciones tan particulares que puede afirmarse que hay tantas masculinidades y feminidades como seres humanos se asumen masculinos o femeninos.

Por qué tendríamos que ser masculinos o femeninos, por qué tendríamos que jugar en ese binarismo masculino-femenino. Por qué no podemos transitar hacia la masculinidad o hacia la feminidad, por qué no vivir en la androginia, por qué no podemos ser hoy esto y mañana aquello.

Los pensamientos judeocristiano y positivista (aun cuando parezca redundante) nos llevan a pensar que sólo hay una opción posible, pero si fuéramos realmente autoconstruidos, autodeterminados, sujetos plenos de derechos entenderíamos la importancia que tiene experimentar otras emociones, otras vivencias, otras explicaciones en las que el único límite es la felicidad.

La sociedad rechaza a quienes transitan ya sea en el género, en el cuerpo, en la orientación sexual o en sus expresiones comportamentales sexuales, porque estos seres autónomos y autoconducidos son/somos peligrosos por negarnos a aceptar el estatus quo de la sexualidad oficial, desde el que se pretende olvidar que el género es una construcción biopolítica y cultural.
Las situaciones de discriminación por las que pasa quien transita en el género se basan en el poder que se le otorga a la masculinidad.

La sociedad acepta los tránsitos corpóreos cuando estos ratifican el imaginario popular del deber ser para el cuerpo-genero; por ello generalmente no sorprenden los tránsitos que ha hecho con sus tetas Pamela Anderson o el cuerpo machificado de Cristiano Ronaldo, pero por esa misma lógica tampoco ha de asombrarnos que ni los/as mismos/as LGB acepten los tránsitos de aquellos/as a quienes identifican/mos como “trans” o las diversidades de sus congéneres LGBTTTIQ.

Hay una multiplicidad de posibilidades en el cuerpo. Como afirma Beatriz Preciado, no hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales, cromosómicas, genitales, sexuales y sensuales. Algunos autores consideran que decidirse por una orientación sexual, un sexo, un género o por una forma específica de obtener placer sexual coarta la libertad para “estar siendo” lo que se desea ser. Yo me ubico en esta posición teórica y experiencial: para mí la identidad es cultural, política, relacional, por tanto móvil y se transforma en el tiempo, en el espacio, con el tipo de relaciones y re-descubrimientos que hacemos.

Desde la otra óptica, la lineal positiva, se considera que se es homosexual, lesbiana, bisexual o heterosexual y que se es para toda la vida; sin embargo, la sexualidad es tan móvil y tan única como el ser humano. En nuestro continuo “estar siendo” estamos en la posibilidad y en la necesidad de probarnos a nosotros/as mismos/as y esa permanente ansia de descubrir-se nos lleva a darnos cuenta de que aquello que creemos que somos puede dejar de serlo en un siguiente momento.

Los/as seres humanos somos deseantes… algunos estaremos siendo homodeseantes, bideseantes, heterodeseantes o lesbicodeseantes, pero no por estarlo siendo somos homosexuales, lesbianas, heterosexuales o bisexuales. La identidad de orientación sexual es una construcción en la que la persona va re-descubriendo-se poco a poco; algunas veces ese proceso se hace muy rápido, otras es demasiado lento, pareciera que hay un punto final en el que la persona conoce hacia quien orientar tus afectos, erotismo y genitalidad y que ya tiene definida su orientación sexual.

En dicho momento se considera que se han definido cuatro aspectos -deseo, erotismo, afectividad y genitalidad- que se conjugan hacia alguien del mismo sexo, y a partir de ello si a dicha persona se le ha identificado socialmente como mujer y se orienta por un hombre, entonces su orientación sexual será hetero y se le hetero-etiqueta heterosexual, pero si su sujeta es otra mujer entonces se asume que es lesbicodeseante, lesbicoafectiva, lesbicoerótica y lesbicogenital, y en consecuencia se le hetero-etiqueta lesbiana, pero aun esta persona tan solo se auto-identificara lesbiana hasta cuando se asuma identitariamente y para sí misma como tal. Igual sucede con un hombre al que se le hetero etiquete homosexual porque se le asume homodeseante, homoafectivo, homoerótico y homogenital, tan solo será homosexual hasta cuando él se asuma a sí mismo e identitariamente como tal.

Sin embargo no todos los seres humanos se auto-identifican bajo uno de los rótulos de las orientaciones sexuales, porque no se identifican como homosexuales, lesbianas, bisexuales o heterosexuales, sino que pueden experienciar-se en posibilidades tan diversas como por ejemplo, auto-identificarse bideseantes, homofectivos/as, bieróticos/as y heterogenitales
y ser auto y hetero-definidos como heterosexuales o simplemente, no auto-definirse en una orientación sexual determinada.

Entonces cabe preguntarse, por qué la necesidad de definirse homosexual, lesbiana, transexual, transgénero o bisexual. En algunos casos la necesidad pareciera ser mas externa que particular, en otros es a la inversa, en algunos mas no existe esa necesidad. Yo, por ejemplo, hay días en los que estoy siendo una mariquita, loquita, con plumas y algo femenina; otros días estoy siendo un maricón machificado, pero a la largo hay días en que ni siquiera estoy siendo algo concreto; es más, ni siquiera tengo tiempo, deseo o necesidad de hacerlo. Hay periodos, días o momentos en que permanezco de forma algo constante en un estar siendo aun cuando también tengo claro que me planteo una especie de horizonte, un querer ser, aun cuando también vislumbro que dicho querer ser igualmente está siendo móvil, tan móvil como yo mismo y mi identidad.

Cuando me he definido, por ejemplo homosexual sé que mi vivencia no es similar a la de otros que se asumen homosexuales, ello me lleva a comprender que no existe la homosexualidad como tal sino que hay tantas homosexualidades como personas se están asumiendo homosexuales, pues las homosexualidades, las lesbianidades, las heterosexualidades, las bisexualidades son construcciones conceptuales, emocionales y experienciales únicas y particulares.

Cuando se folla con alguien (o como se desee llamar a ese acto genital y algunas veces afectivo y erótico) se está construyendo una relación única que no repite experiencias previas, pero que si se basa en construcciones particulares edificadas a partir de referentes externos; nuestros orgasmos tan sólo pueden tener como referencia a nuestros propios orgasmos, en tal sentido la vivencia de la orientación sexual de cada sujeto es tan única como el sujeto mismo, aun cuando al explicación sea similar en algunos de sus elementos a las de otros en su entorno geopolítico.

La construcción identitaria es tan cultural, tan momentánea y tan ecosistémica como lo somos nosotros/as/es mismos as/es, pero queremos que el nombre y la explicación permanezcan, como si la identidad fuera la denominación y esta su explicación.

Analizar e interpretar la construcción de la identidad sexual ha implicado partir de la reconstrucción del texto sobre la sexualidad, que es elaborada básicamente por Psicólogos, especialistas en sexualidad, sexólogos y educadores sexuales como una manera de interpretar la realidad sexual y sobre todo poder clasificar a los/as/es usuarios/as de sus servicios o posibles pacientes en sus imaginarios particulares y profesionales.

Las denominaciones y las percepciones sobre las identidades igualmente son tan móviles como las vivencias particulares; solemos ver relaciones homosexuales en las ánforas y platos griegos, pero las relaciones entre los filósofos mayores y los jóvenes no se construían como muchos siglos después las imaginaba en su tiempo Karl María Kertbeny al acuñar en 1869 el concepto “homosexual”, tampoco como muchos de los traductores que suelen encontrar pasajes eróticos claramente “homosexuales” en los textos de la filosofía griega, como por ejemplo en “El Symposium” y “El Banquete” (Platón) o como lo explican la OMS, la Asociación Psiquiátrica Americana o las organizaciones LGTB en España, Argentina, Colombia, cualquier país asiático o africano, que a decir verdad, cada una lo explica de una manera única y particular, sin por ello lograr definir a quienes en sus espacios se ponen dicho rótulo.

ENTRE SUEÑOS Y REALIDADES… ¿DÓNDE QUEDA LA SALUD?

Una aproximación al mundo de las trabajadoras sexuales y su salud
Por Manuel Antonio Velandia Mora
Informe Especial


Este informe especial nos posibilita conocer cómo las travestis trabajadoras sexuales hacen la construcción identitaria de su género y de su cuerpo, por medio de procedimientos invasivos realizados por ellas mismas o por otras chicas trans, relata los efectos que tiene en su salud, el uso de productos como la silicona, el aceite de cocina, el aceite mineral y la grasa para aviones. Pretende ser además informativo para la población general y un llamado de atención a los psicólogos y al equipo de salud.

Tema: La construcción identitaria de género y corporal de las travestis trabajadoras sexuales y los efectos en su salud del uso inyectado de siliconas, aceites de uso doméstico y grasa para aviones, en procedimientos realizados por ellas mismos o personas no profesionales de la salud.

Devora Dora y otras neomujeres trabajadoras sexuales en Bogotá (Colombia) y en Alicante (España) han accedido a contar su historia conscientes de que, al hacerlo y permitir su publicación, apoyan a otras transmujeres al facilitar que por medio de sus testimonios otras personas en la comunidad y miembros del equipo de salud, conozcan sobre el tema de la identidad trans y su vivencia cuerpo.

Devora Dora es su nombre de combate, el sobrenombre con el que la conocen en la calle sus clientes y compañeras. Ella, quien desaparece día a día, hace parte de un grupo de chicas transmujeres (como las llaman algunos teóricos queers); travestis para algunos profesionales de la salud, transexuales para ellas mismas y “transvestis” como ellas mismas le dicen a las que tienen más caché y a las de los Estados Unidos. Neo-mujeres que se dedican al trabajo sexual.

“Putas sucias… cochinas” para las mujeres que pasan en los buses y les gritan éste y otros improperios. Prostitutas para algunos proxenetas y chulos, e incluso para algunas de ellas mismas quienes no consideran su actividad económica como un trabajo, pero que les permite mantener vivo su sueño más importante, como dice Devora: “ser una mujer de verdad, no sólo con tetas, sino también con vagina y con papeles, pa´que nadie me joda”. Sí. Para quien supone una confusión, ella nació hombre. Su nombre de pila: Juan.

Él, ahora una transmujer, que mide casi dos metros con sus tacones de 18 centímetros, es blanca, delgada, de pelo rubio y con raíces negras, de cintura y pechos pequeños, manos extremadamente largas y uñas sin color pero brillantes, tiene claro lo que desea hacer cuando consiga su sueño. “Te juro que cuando lo logre me retiro del puteo, me consigo un marido y me vuelvo una señora de casa, que es lo que siempre he querido… Me bautizaré María… María cualquier cosa, pero María, como la virgen, como mi mamá, así ella no me acepte y hasta haya querido matarme a golpes; María, así el cura ni quiera verme y una amiga me tenga que bautizar”. Pero, éste, no es sólo el caso de Devora. Así suenan otras voces que, para algunos, nacieron en el cuerpo equivocado.

Las travestis, en su ejercicio genital, ya sea laboral (trabajo sexual), de pareja establecida o en una relación ocasional, incluyen generalmente la penetración a otros hombres como una forma de obtener o proveer placer, sin que esto afecte la vivencia que tienen de sí mismas como féminas. Ellas viven la “trasgresión” de las relaciones de poder tradicionalmente establecidas entre quien penetra (supuestamente el macho) y quien recibe la penetración (supuestamente la mujer), pero, sobre todo, tienen identidad femenina.

La vivencian de forma permanente aun cuando, inicialmente, esta identidad solo ocupaba algunos periodos de su existencia. Se consideran, quieren y buscan ser tratadas como mujeres, pero no todas quieren dejar de tener su pene, porque a diferencia de las transexuales, las travestis no buscan cambiar su morfología genital.

Son consideradas marginales por la forma como resuelven sus necesidades económicas y en razón de su sexualidad; suelen ser víctimas de crímenes de odio porque vivencian y construyen relatos sobre su cuerpo, la percepción de sí mismas y sus relaciones con una singularidad incomprensible para el status quo, que en lugar de aceptarlas y darle servicios adecuados de salud, son discriminadas.

Un sinnúmero de transmujeres -desconocido por las encuestas- dedicadas al trabajo sexual y que tienen el acceso a un sistema de salud, reciben la respectiva atención en caso de accidente o de padecer alguna enfermedad, pero el proceso de transformación corporal y emocional de la masculinidad a la feminidad, en la mayoría de países en el mundo, no es parte de los servicios de la salud pública y, por tanto, tiene que ser costeado por las interesadas.

En algunos casos, la hormonación y algunos cambios estéticos son realizados por ellas mismas y en otros, efectuados por personas no capacitadas, quienes ofertan servicios a muy bajo costo y con graves consecuencias que, incluso, llegan a provocar la muerte.

Cómo construyen el cuerpo femenino
Algunas neo-mujeres se forman la cintura con cinta autoadhesiva o esparadrapo, material con el que también se fijan el pene al perineo. Se rasuran continuamente todo el cuerpo cuando tienen abundante vello, o lo hacen con cera cuando tienen cómo costear el procedimiento. Para evitar “pérdida de tiempo”, lo hacen en cada ocasión, en grandes porciones de piel, incluyendo la cara.

El desprendimiento de estos productos les produce dolor, irritación permanente, quemaduras, daño en el tejido del pene, el perineo, la cara y a algunas, lesiones en todo su cuerpo. Más recientemente han empezado a utilizar cremas depilatorias y lo hacen especialmente en piernas y brazos.

La mayoría de las entrevistadas se hormonan por automedicación y con el apoyo de alguna amiga, igualmente travesti o transexual, a quien llaman “madrina de hormonas” y quien previamente ha realizado el mismo proceso. Las hormonas, que consiguen de manera ilegal, son las utilizadas para tratamientos de anticoncepción; también utilizan dosis de esteroides sexuales femeninos para inducir el desarrollo de características sexuales femeninas.

Cuando viven en España, como algunas entrevistadas de origen ecuatoriano, tienen la posibilidad de recibir apoyo emocional y tratamiento hormonal con el seguimiento de un endocrinólogo, pero un buen número de ellas, por estar ilegalmente en el país, temen llegar a los servicios de salud o no lo hacen porque desconocen sus derechos.

La gran mayoría de las entrevistadas inició su hormonización entre los 12 y los 15 años. Como resultado, en la medida en que avanza su proceso, la "libido" o deseo sexual disminuye paulatinamente, las erecciones se vuelven infrecuentes y con el paso del tiempo casi imposibles. Este es su gran temor “que no se me ponga duro, porque muchos de mis clientes vienen a que yo los penetre, y por más que uno quiera engañarlos con otro servicio, todos terminan boca abajo”.

Con el tratamiento hormonal provisto por un médico, las respuestas corporales son algo diferentes y más rápidas. Después de 6 meses y ante la falta de "uso", tanto el pene como los testículos se atrofian dando la impresión de ser cada vez "más pequeños", apareciendo impotencia y esterilidad.

El desarrollo de los senos se inicia con una notoria sensibilidad en los pezones, su contacto produce cierto dolor y reaccionan ante cualquier estímulo; a los dos meses en promedio aparece un pequeño abultamiento en el seno, la areola se agranda y toma un color encarnado que se oscurece con el paso del tiempo, algunas reportan producción espontánea de leche lo que les demuestra “que ya son mujeres de verdad”. Una de ellas comenta que “estas tetas son pequeñas y no cumplen con la fantasía corporal, por eso se termina recurriendo a los implantes de silicona”.

Del otro lado del Atlántico
Las que viven en Bogotá, en algunos casos, se inyectan hormonas para engorde del ganado vacuno. La más común se conoce comercialmente como "Vacanol", su efecto es descrito como “engrosamiento marcado de las caderas”. Lograr formas femeninas en el pecho, las caderas, las piernas e incluso los tobillos, es un proceso que muchas veces se hacen ellas mismas.

Entre ellas se realizan operaciones en las que se infiltran silicona líquida, grasa para aviones o aceite de cocina. Generalmente, prefieren el aceite de girasol tratado, para que sea incoloro. Según algunas de ellas, prefieren este “porque es más puro y produce menos daño”.

En otros casos, utilizan silicona líquida comprada ilegalmente en Venezuela. Con las infiltraciones, simulan implantes con los que dan formas femeninas a su cuerpo. Martina, a quien llamaremos así para proteger su seguridad, dijo que había oído comentar a una de sus compañeras que se había vuelto cirujana después de ver algunas operaciones junto a un médico venezolano. “Ella dijo que con él aprendió a recortar los testículos y a poner la silicona líquida”. Lo más grave es que una de las entrevistadas sería la próxima paciente de su compañera.

Al interrogarlas con respecto a si sentían temor de que otra chica no profesional de la medicina les inyectara silicona liquida, al saber que por dichos procedimientos ya habían muerto dos compañeras en la misma zona de prostitución, una de ellas respondió “ellas eran de malas, yo sé que a mí no me va a pasar nada”. Una semana después, su amiga “cirujana” le realizó el procedimiento tal y como estaba planeado.

Intervenciones quirúrgicas realizadas sin previos estudios por parte de médicos no especializados, tanto en clínicas de prestigio como en lugares clandestinos en el mundo, han cobrado la vida de 240 mil mujeres y travestis en los últimos cinco años.

En la parte baja
Las infiltraciones en tobillos son poco frecuentes, pero lo hacen porque “se es femenina si se tiene tobillo de monja”. Hacerse los tobillos se puso de moda porque una de las chicas las convenció con la idea de que los tobillos de las mujeres eran diferentes a los de los hombres. Ella fue la primera en hacerlo y como aseguró Perla*, “las demás no quisimos ser menos femeninas que ellas, así que varias nos los hicimos, ahora las chicas de otras ciudades se los hacen también”.

Otra chica transexual pidió a su cirujano plástico que le pusiera implantes a lado y lado de sus muslos para tener “pistoleras”. Lo hizo porque, según ella, “me hacía ver más femenina… pude despertar la envidia de mis amigas al poder contarle que yo era tan femenina, que me hasta me quité lo más feo que tiene una mujer”.

Las mayores de 35 años, todas se infiltraron en algún momento aceite mineral. Luego de algunos años del proceso, el aceite se va infiltrando en el tejido y desplazándose de sus nalgas y cartucheras, bajando a sus muslos y de estos a sus tobillos, produciendo deformidades, e incluso, la muerte. Algo similar sucede con quienes recibieron inyección subcutánea de silicona liquida.

El médico Héctor Javier Salvatierra, en un boletín publicado por el Secretariado Trans de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas, ILGA (por sus siglas en inglés), informó que “los estudios realizados en la década del 70 demostraron que la inyección subcutánea de siliconas con fines estéticos puede ocasionar complicaciones inflamatorias locales y sistémicas severas (pulmonares), al evidenciarse su migración al tejido linfático regional y distante, también a sitios más alejados a través del torrente sanguíneo, es por ello que la organización norteamericana que regula la administración de alimentos y drogas (Food and Drug Administration, FDA) limitó el uso de las mismas en 1965 y lo prohibió en 1976. Esta práctica ilegal sigue efectuándose con los riesgos y complicaciones que ocasiona, hecho agravado por la actuación de personal no médico para su aplicación. La inyección subcutánea de siliconas con fines cosméticos podría ocasionar tromboembolismo pulmonar el cual desencadena la muerte de la víctima”.

En Colombia, las transféminas no suelen tener seguimiento de un endocrino. Refieren no haber hablado nunca con una enfermera sobre la hormonización y aun cuando visitan frecuentemente un centro de salud, dice una de ellas que “allí solo nos revisan por si tenemos una venérea”.

Sus testimonios aseguran que se sienten rechazadas por el equipo de salud; “no, nos tratan como personas, no aceptan hablarnos en femenino a pesar de que me ven así, más femenina que cualquiera de ellas… casi nunca nos miran la garganta… yo no sabía que daba “gorronea” o “sefilis” en la garganta y aún cuando saben que ponemos el culo, es como si para ellos el culo no existiera”.

Pero este comentario no sólo es dicho por una de ellas. Otras transmujeres también lo afirman, así como su propia feminidad. Refieren sentir la menstruación y el temor a quedar embarazadas; situación que incrementa la autopercepción de su identidad femenina. Algunas de ellas se han cortado los testículos “porque eso hace que la piel se ponga más suave”. Quienes lo han hecho, aseguran que “con posterioridad al momento del orgasmo, fluye por el meato una secreción más liquida que el semen… es más clarita, huele distinto y uno no puede controlar que salga”.

La construcción identitaria
La identidad se entiende como “la idea y la sensación de seguir siendo lo mismo a través del tiempo”. Los procesos identitarios no existen fuera de contexto, se realizan a partir de retos precisos que están en juego y pueden ser verificados a nivel local, con otras transmujeres que laboran en la misma zona o que son compañeras de vivienda. Según expertos en el tema social “Los retos son parte de la identidad y son fundamento de redes. La identidad se pone en relación, es reconocida individualmente y reafirmada por otros”.

Las personas que transitan identitariamente vivencian y construyen relatos sobre su cuerpo, su salud, sus relaciones y la percepción de sí mismas, con una singularidad tal, que al tratar de clasificarlas se les excluye, porque su movilidad identitaria de género o de cuerpo no se concibe, desde el discurso lineal medicalizado e intitucionalizado, como una posibilidad de, en y para la sexualidad.

Sus experiencias identitarias trascienden las construcciones teóricas de especialistas de la salud que pretenden ser interpretativas de las sexualidades y que se elaboran desde un esquema mecánicamente predeterminado, fijo y lineal. Sería importante comprender que la identidad es la emergencia de una construcción, no siempre consciente, que afecta los procesos de socialización del sujeto.

La identidad igualmente emerge de la vida cotidiana, más específicamente de la educación (formal y no formal) y especialmente de la cultura, que provee a la personas los referentes del “deber ser” de la identidad; dichos referentes están basados en la cultura, son propios de una sociedad y tiempo determinados, y están afectados por los procesos de interrelación e interdependencia del individuo.

La atención integral de estas neomujeres debe trascender los imaginarios sobre la identidad, ya que su situación identitaria origina en el equipo de salud conflictos con relación a su comprensión sobre lo que es la feminización de sus comportamientos, vestido, accesorios y en especial, con su vivencia del cuerpo y la ruptura que representa el ejercicio de su genitalidad.

La falta de conocimiento, comprensión y especialmente de respeto, genera estigma, discriminación, separación social, aislamiento y otras formas de violencia que llegan inclusive hasta la negación de la asistencia. Se hacen necesarios en el equipo de salud elementos conceptuales que permitan entender identidades experienciadas en formas más complejas y que a su vez posibiliten acoger variaciones en las construcciones, manifestaciones y vivencias de los géneros y la salud.

Los profesionales de la salud deben reconocer la identidad de sus usuarias, sin olvidar que el reconocimiento implica re-conocer al otro en su particularidad y unicidad y en aquellos elementos identitarios en los que con los pacientes confluimos y nos separamos, pero también involucra reconocer las construcciones teóricas, vivenciales y emocionales en las que los otros y nosotros mismos nos movemos, como una manera de poder acompañar el proceso de la construcción identitaria y la convivencia solidaria y democrática que todos merecemos.

Algunas consideraciones conceptuales
Las personas transgéneros acompañan el rol de género optado con los accesorios, vestidos y maquillajes (cuando ello se considera culturalmente necesario) propios del género al que han “transitado”.

Se les denomina “transformistas” a los hombres que asumen por momentos los accesorios, vestidos y maquillajes propios del género femenino pero que éste lo hacen como parte de una actividad artística.

A los hombres que asumen por momentos o permanentemente los accesorios, vestidos y maquillajes propios del género femenino, pero que éste no es su género por opción, y esto es una expresión comportamental sexual que les produce placer y en consecuencia lo asumen como parte de su identidad sexual se les denomina “travestis”.

Una mujer transexual es aquella persona que pertenece psíquicamente al género femenino como su género optado, a pesar de haber nacido con anatomía de hombre. Una persona transexual no desea los caracteres del sexo con el que ha nacido, sino que le apetece un cuerpo que sea acorde con su género optado. Se es transexual así la persona quirúrgicamente, con aplicación de hormonas y/o con trucos o rellenos, transforme o no su cuerpo, para aproximarlo al cuerpo deseado.

Reconocerse único e irrepetible es supremamente importante en la construcción y reconocimiento de la identidad sexual particular, pero reconocerse miembro de una comunidad es supremamente importante para la transformación social, cultural y política y el reconocimiento social de nuestras identidades.

El autor: Manuel Antonio Velandia Mora. Sociólogo, filósofo, sexólogo, máster en educación, doctorando en Enfermería y cultura del cuidado (Universidad de Alicante), doctorando en en Psicopedagogía (Universidad del País Vasco). Miembro Titular de la Sociedad Colombiana de Sexología. Ex Director de la Revista Latinoamericana de Sexología, ex Vicepresidente de la SCS. . Sus artículos se publican en diferentes medios nacionales e internacionales. Bloguer en revista semana.com desde 10/11/2006. Columnista en agmagazine.info y previamente en agmagazine.com.ar desde 2006. Fue columnista en las Revistas AcÉnto, Intacto Magazine y Ventana Gay. Hizo parte del equipo periodístico del programa de televisión "El show del corazón" RCN Televisión Colombia y fue colaborador del Programa radial "hablemos de sexo" RCN radio.


Bibliografía
• Velandia Mora, Manuel Antonio (2006). Identidades sexuales móviles. El derecho a estar siendo o la posibilidad emocional, teórica y experiencial de comprender las masculinidades en las Minorías Sexuales En Saberes, culturas y derechos sexuales en Colombia. Tercer mundo editores/ Centro Latinoamericano de sexualidad y derechos humanos CLAM/ Centro de Estudios sociales CES/ Instituto de Medicina Social, Universidad Nacional de Colombia. Bogotá. 2006: 295:320
• Velandia Mora, Manuel Antonio (2005). Los, las, les seres. En Bioética y Sexualidad. Colección Bios y Ethos. Ediciones el Bosque, Bogotá 2005: 23:163-182.
• Asier, Michel (2000). La antropología de las identidades en las tensiones contemporáneas, en Revista Colombiana de Antropología. Bogotá. 2000: 36: 6-19.
• Velandia Mora, Manuel Antonio (2007). De la identidad sexual como experiencia y concepto fijo a la identidad sexual como construcción vivencial y conceptual en la movilidad. Revista Sexología y Sociedad. Nº 33. Editada por Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX).La habana, Cuba.
• Secretariado Trans de ILGA - T- (2009) Salvatierra Flores. Héctor. Centro de Salud Barton del Callao, en el PROCITS (Programa de Control de Infecciones de Transmisión Sexual). Uso del silicón. En: Boletín No. 013, Año 2, enero 2009. http://trans_esp.ilga.org/

miércoles, 19 de agosto de 2009

EXPERIMENTOS PARA CURAR LA HOMOSEXUALIDAD

Entrevista revista Moxow.
España 2009

¿Funcionan o no?

1. Ficha personal del entrevistado

NOMBRE: Manuel Antonio Velandia Mora
PROFESION: Sociólogo, filósofo, sexólogo, educador
PAIS DE ORIGEN: Colombia

En relación a America Latina ¿en qué “status” estaban y están catalogados los homosexuales y por qué se les perseguía?
Los homosexuales, dependiendo de quien los explicara, pasaban de ser el “rezago (basura) de Occidente” -como los entendían algunos comunistas, troskistas y otros grupos de la izquierda-, a ser “enfermos, delincuentes o guerrilleros” para los militares, la derecha, la extrema derecha y los grupos paramilitares.

¿Qué atrocidades conoce usted que se hayan hecho sobre homosexuales en el siglo XX?
¿Puede contarnos algunas tácticas empleadas para curar la homosexualidad?
Tal vez lo más preocupante, para mi, es que se haya intentado curar la homosexualidad aplicando las llamadas “Terapias conductuales” haciendo un uso particularmente peligroso y agresivo de la “Teoría del Aprendizaje”. La terapia consistía en darle choques eléctricos en los testículos a hombres considerados homosexuales; quienes se excitaban o mostraban alguna atracción hacia imágenes proyectadas de hombres atractivos y/o de hombres follando recibían un electroshock, buscando con ello el refuerzo necesario para obtener la respuesta fóbica, como posibilidad de evitar la descarga.

Cabe decir que igualmente se usaron fundamentos de la “Terapia aversiva” administrando estímulos aversivos para inhibir respuestas emocionales indeseables, teniendo como fin, disminuir la fuerza del habito. Se consideraba que al provocar una respuesta que evitaba el hecho placentero, por los efectos del choque eléctrico, se inhibía la respuesta emocional indeseable. Sin embargo, estas terapias demostraron que el condicionamiento positivo es pequeño y transitorio.

Algunos teóricos, como Serber (1970) informan que se han tenido éxito en el empleo de la vergüenza como agente aversivo efectivo, en casos de trasvestismo, voyeurismo, pedofilia y exhibicionismo. A pesar de dichos “triunfos terapéuticos” por los casos que conozco, puedo afirmar que los efectos fueron transitorios.

En algunos casos se llegó al extremo de buscar la aversión química, aplicando substancias inyectadas intramuscularmente como el hidrocloruro de apomorfina, el hidrocloruro de emetina, e incluso esta misma droga administrada oralmente en forma de pastillas.

Más recientemente, se ha utilizado la vergüenza como proceso aversivo, en terapias religioso-emocionales como las aplicadas a aquellos a quienes actualmente se les llaman “exgay”. Por otra parte, algunos homosexuales utilizan por sí mismos otra técnica igualmente aversiva, la del “control”; logrando una autorregulación del deseo al elegir sus propios refuerzos y las contingencias o “castigos” para lograrlo. Los procesos religioso-emocionales suman a la vergüenza el autocontrol del pensamiento, la negación del deseo y el informe en grupo, comos formas de control externa; algo similar a lo que hacen los alcohólicos anónimos y sus 14 pasos.

¿Es comparable a las aberraciones sufridas por los homosexuales en la Alemania
Nazi?
Creo que las penas más graves que sufrieron los homosexuales en Alemania fueron las penas del silencio y la distancia. Sólo pensemos en lo que significa estar cerca de la persona amada y/o deseada y no poder acercarte a ella, y mucho menos poder hablarle. También sufrieron la rotulación, la identificación publica con el uso del triangulo rosa; era el escalón más bajo de la jerarquía en los campos de concentración, cuyo portador podía ser despreciado y maltratado por otros prisioneros. Se sabe que en el Campo de Buchenwald, los homosexuales, fueron agrupados junto a las personas con deficiencias mentales y utilizados como “cobayas” en experimentos médicos.

¿Conoce personalmente casos de personas que han sufrido “experimentos” para curar su homosexualidad?
Si, conocí personas que fueron tratadas en clínicas psiquiatritas en Colombia en las ciudades de Tunja y Bogotá; estas personas sufrían daño emocional, como consecuencia de la terapia, varias décadas después de haber sido “tratados”. En las fuerzas militares en Colombia, a soldados homosexuales o presuntamente gay les obligaban a lucir prendas femeninas, desfilar con ellas frente a sus compañeros y realizar tareas denigrantes como castigo. El ejército colombiano negó durante algunos años la posibilidad de que los homosexuales prestaran el servicio militar, que es obligatorio; incluso se llegó al extremo de poner en el documento de identidad militar, la palabra homosexual frente al ítem profesión.

Es conocido este psiquiatra López Ibor, hoy hay una clínica muy famosa en Madrid que trata, entre otras, patologías mentales, por haber experimentado con esto (por ejemplo, lobotomía), ¿qué le parece? ¿conoce este caso particularmente?
No conozco a este psiquiatra, pero las terapias aversivas se siguen usando en diferentes lugares del mundo, especialmente en aquellos países en los que la homosexualidad es delito y hay una fuerte influencia religiosa.

¿Cree que las terapias han dado resultado? Y en general, ¿cuáles han sido los resultados obtenidos en los “pacientes”?
En España entre 1954 y 1979, fueron detenidas y fichadas por ser homosexuales más de 50.000 personas; a casi el 10% de ellas se las condenó a ser reeducadas en dos centros especializados ubicados en Badajoz y Huelva. Con ellos se utilizaron métodos aversivos y usaron medicamentos y electroshock. Si tenemos claro que la homosexualidad no es enfermedad (Asociación Americana de Psicología en 1975 y Organización Mundial de la Salud 1990) se debe comprender que el único tratamiento que deben llevar a cabo los especialistas, es ayudar emocionalmente a las personas a aceptar su orientación sexual.

Recientemente (agosto 2009) la American Psychological Association APA declaró que los profesionales de la salud mental no deben decirle a los clientes homosexuales que pueden convertirse en heterosexuales a través de terapia u otros tratamientos. Para la APA no existen pruebas sólidas de que tal cambio es probable, según el informe algunas investigaciones sugieren que los esfuerzos para producir el cambio podrían ser perjudiciales e inducir a la depresión y tendencias suicidas.

Actualmente hay países sudamericanos, árabes o africanos que tachan de ilegales a los homosexuales, ¿piensa que podrían darse tácticas parecidas?
Ya hablé anteriormente de ello. No sólo lo pienso; hay documentación científica y jurídica que demuestra que así está siendo.

El doctor californiano Joseph Nicolosi, director de la Asociación Nacional para la Investigación y la Terapia de la Homosexualidad, afirmó hace unos años que la predilección por personas del mismo sexo «es el síntoma de un problema emotivo», que no es «normal» y que se puede aplicar una «terapia reparativa» para personas que quieran «superar su atracción homosexual». Luca di Tolve se sometió a ella y, aparentemente, se volvió heterosexual; ahora incluso está casado con una mujer. ¿Qué opina de esto?
La homosexualidad no es “el síntoma de un problema emotivo”, porque sólo puede considerarse problema, cuando el entorno social, cultural, político, jurídico y/o relacional nos obliga a negarnos a nosotros mismos y aceptamos dicha condición. El problema está en negarse a sí mismo, en hacerse invisible y en crear las condiciones para invisibilizarnos e invisibilizar a los demás.

Desde mi perspectiva teórica explicada en varios de mis libros y artículos, la identidad sexual es móvil. No se deja de ser lo que se ha sido, por tanto no se deja de ser homosexual, pero se puede descubrir o decidir ser algo diferente, no por el efecto de medicamentos, choques eléctricos u otras terapias aversivas, sino por redescubrimiento.

Es evidente que no somos seres lógicos, como siempre nos lo han dicho, sino que somos seres emocionales que actúan y algunas veces piensan. Ser homosexual es un acto emocional, experiencial/vivencial y una manera de explicar las relaciones entre los seres humanos. Una persona es homosexual no solo cuando es homodeseante, homoafectiva, homoerótica y homogenital, sino además y especialmente, cuando asume una identidad positiva en torno a su orientación sexual.

¿Quiere añadir algo más?
Gracias por esta oportunidad para hablar de un tema que me apasiona, de una experiencia que me llena de vida y de una situación que me produce las más grandes emociones positivas. Estar siendo homosexual, es la mejor manera de estar siendo feliz. No se es, se está siendo, porque si digo que soy, es porque ya estoy terminado y aun después de muerto sigo en proceso.

Vivir en un país en el que no temo por mi vida, en el que he podido desarrollarme como persona e investigador, en el que hay normas positivas y transformaciones sociales y culturales de gran importancia para las minorías sexuales, es vital para mi; en especial, porque llegué a España buscando el asilo político y por discriminación sexual, luego de un atentado con granada en contra de mi vida y de recibir amenazas de muerte, que se extendieron a mi familia.

lunes, 17 de agosto de 2009

El temor a no ser masculino o femenina

El temor a dejar de ser homosexual o lesbiana o a dejar de serlo.
Por Manuel Velandia

España, julio de 2009

Los padres, las madres, los maestros y maestras, los sacerdotes, las monjas, chamanes, popes, pastores, científicos tienen el temor de que no seamos hombres masculinos o mujeres femeninas y heterosexuales, pero algunos/as maricones[1] y bolleras[2] temen que a los homosexuales se les identifique como afeminados y a las lesbianas, masculinizadas.

Su temor se fundamenta en una ideología sexista, machista, falocrática, heterosexista y misógina que ha permeado a todas las culturas, hasta el punto que en todas se ha reproducido un “deber ser” del cuerpo, del sexo, del género, de la sexualidad, del placer e incluso, del “deber hacer” con el cuerpo, los genitales, la palabra y hasta el pensamiento de los hombres y de las mujeres.

Toda transgresión a ese modelo, en el intento de “estar siendo” lo que hemos “querido ser”, se condena con la cárcel, la muerte, la exclusión social, la sanción social, el desplazamiento forzado, el asesinato y otras formas más refinadas de crímenes de odio.

Se nos ha imbuido a creer que dicha ideología es la verdadera y en consecuencia, defendemos, actuamos y exigimos que otros/as/es la asuman y la vivencien; pero el género como todo elemento ideológico es una construcción social, un acuerdo espacio temporal propio de una cultura, e incluso, construido en una subcultura. Lo que es masculino aquí y hoy, no necesariamente lo será mañana, ni lo fue ayer. Lo que está siendo masculino hoy y aquí, no necesariamente lo es en otro lugar, en este mismo país, en otro país o en otro continente. Lo que es masculino aquí, puede ser parte de la feminidad en otra cultura.

Masculinidades y feminidades tienen variaciones tan particulares que puede afirmarse que hay tantas masculinidades y feminidades como seres humanos se asumen masculinos o femeninos.

Por qué tendríamos que ser masculinos o femeninos, por qué tendríamos que jugar en ese binarismo masculino-femenino. Por qué no podemos transitar hacia la masculinidad o hacia la feminidad, por qué no vivir en la androginia, por qué no podemos ser hoy esto y mañana aquello.

Los pensamientos judeocristiano y positivista (aun cuando parezca redundante) nos llevan a pensar que sólo hay una opción posible, pero si fuéramos realmente autoconstruidos, autodeterminados, sujetos plenos de derechos entenderíamos la importancia que tiene experimentar otras emociones, otras vivencias, otras explicaciones en las que el único límite es la felicidad.

La sociedad rechaza a quienes transitan ya sea en el género, en el cuerpo, en la orientación sexual o en sus expresiones comportamentales sexuales, porque estos seres autónomos y autoconducidos son/somos peligrosos por negarnos a aceptar el estatus quo de la sexualidad oficial, desde el que se pretende olvidar que el género es una construcción biopolítica y cultural.

Las situaciones de discriminación por las que pasa quien transita en el género se basan en el poder que se le otorga a la masculinidad. La sociedad acepta los tránsitos corpóreos cuando estos ratifican el imaginario popular del deber ser para el cuerpo-genero; por ello generalmente no sorprenden los tránsitos que ha hecho con sus tetas Pamela Anderson o el cuerpo machificado de Cristiano Ronaldo, pero por esa misma lógica tampoco ha de asombrarnos que ni los/as mismos/as LGB acepten los tránsitos de aquellos/as a quienes identifican/mos como “trans” o las diversidades de sus congéneres LGBTTTIQ.

Hay una multiplicidad de posibilidades en el cuerpo. Como afirma Beatriz Preciado, no hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales, cromosómicas, genitales, sexuales y sensuales. Algunos autores consideran que decidirse por una orientación sexual, un sexo, un género o por una forma específica de obtener placer sexual coarta la libertad para “estar siendo” lo que se desea ser. Yo me ubico en esta posición teórica y experiencial: para mí la identidad es cultural, política, relacional, por tanto móvil y se transforma en el tiempo, en el espacio, con el tipo de relaciones y re-descubrimientos que hacemos.

Desde la otra óptica, la lineal positiva, se considera que se es homosexual, lesbiana, bisexual o heterosexual y que se es para toda la vida; sin embargo, la sexualidad es tan móvil y tan única como el ser humano. En nuestro continuo “estar siendo” estamos en la posibilidad y en la necesidad de probarnos a nosotros/as mismos/as y esa permanente ansia de descubrir-se nos lleva a darnos cuenta de que aquello que creemos que somos puede dejar de serlo en un siguiente momento.

Los/as seres humanos somos deseantes… algunos estaremos siendo homodeseantes, bideseantes, heterodeseantes o lesbicodeseantes, pero no por estarlo siendo somos homosexuales, lesbianas, heterosexuales o bisexuales. La identidad de orientación sexual es una construcción en la que la persona va re-descubriendo-se poco a poco; algunas veces ese proceso se hace muy rápido, otras es demasiado lento, pareciera que hay un punto final en el que la persona conoce hacia quien orientar tus afectos, erotismo y genitalidad y que ya tiene definida su orientación sexual.

En dicho momento se considera que se han definido cuatro aspectos -deseo, erotismo, afectividad y genitalidad- que se conjugan hacia alguien del mismo sexo, y a partir de ello si a dicha persona se le ha identificado socialmente como mujer y se orienta por un hombre, entonces su orientación sexual será hetero y se le hetero-etiqueta heterosexual, pero si su sujeta es otra mujer entonces se asume que es lesbicodeseante, lesbicoafectiva, lesbicoerótica y lesbicogenital, y en consecuencia se le hetero-etiqueta lesbiana, pero aun esta persona tan solo se auto-identificara lesbiana hasta cuando se asuma identitariamente y para sí misma como tal. Igual sucede con un hombre al que se le hetero etiquete homosexual porque se le asume homodeseante, homoafectivo, homoerótico y homogenital, tan solo será homosexual hasta cuando él se asuma a sí mismo e identitariamente como tal.

Sin embargo no todos los seres humanos se auto-identifican bajo uno de los rótulos de las orientaciones sexuales, porque no se identifican como homosexuales, lesbianas, bisexuales o heterosexuales, sino que pueden experienciar-se en posibilidades tan diversas como por ejemplo, auto-identificarse bideseantes, homofectivos/as, bieróticos/as y heterogenitales
y ser auto y hetero-definidos como heterosexuales o simplemente, no auto-definirse en una orientación sexual determinada.

Entonces cabe preguntarse, por qué la necesidad de definirse homosexual, lesbiana, transexual, transgénero o bisexual. En algunos casos la necesidad pareciera ser mas externa que particular, en otros es a la inversa, en algunos mas no existe esa necesidad. Yo, por ejemplo, hay días en los que estoy siendo una mariquita, loquita, con plumas y algo femenina; otros días estoy siendo un maricón machificado, pero a la largo hay días en que ni siquiera estoy siendo algo concreto; es más, ni siquiera tengo tiempo, deseo o necesidad de hacerlo. Hay periodos, días o momentos en que permanezco de forma algo constante en un estar siendo aun cuando también tengo claro que me planteo una especie de horizonte, un querer ser, aun cuando también vislumbro que dicho querer ser igualmente está siendo móvil, tan móvil como yo mismo y mi identidad.

Cuando me he definido, por ejemplo homosexual sé que mi vivencia no es similar a la de otros que se asumen homosexuales, ello me lleva a comprender que no existe la homosexualidad como tal sino que hay tantas homosexualidades como personas se están asumiendo homosexuales, pues las homosexualidades, las lesbianidades, las heterosexualidades, las bisexualidades son construcciones conceptuales, emocionales y experienciales únicas y particulares.

Cuando se folla con alguien (o como se desee llamar a ese acto genital y algunas veces afectivo y erótico) se está construyendo una relación única que no repite experiencias previas, pero que si se basa en construcciones particulares edificadas a partir de referentes externos; nuestros orgasmos tan sólo pueden tener como referencia a nuestros propios orgasmos, en tal sentido la vivencia de la orientación sexual de cada sujeto es tan única como el sujeto mismo, aun cuando al explicación sea similar en algunos de sus elementos a las de otros en su entorno geopolítico.

La construcción identitaria es tan cultural, tan momentánea y tan ecosistémica como lo somos nosotros/as/es mismos as/es, pero queremos que el nombre y la explicación permanezcan, como si la identidad fuera la denominación y esta su explicación.

Analizar e interpretar la construcción de la identidad sexual ha implicado partir de la reconstrucción del texto sobre la sexualidad, que es elaborada básicamente por Psicólogos, especialistas en sexualidad, sexólogos y educadores sexuales como una manera de interpretar la realidad sexual y sobre todo poder clasificar a los/as/es usuarios/as de sus servicios o posibles pacientes en sus imaginarios particulares y profesionales.

Las denominaciones y las percepciones sobre las identidades igualmente son tan móviles como las vivencias particulares; solemos ver relaciones homosexuales en las ánforas y platos griegos, pero las relaciones entre los filósofos mayores y los jóvenes no se construían como muchos siglos después las imaginaba en su tiempo Karl María Kertbeny al acuñar en 1869 el concepto “homosexual”, tampoco como muchos de los traductores que suelen encontrar pasajes eróticos claramente “homosexuales” en los textos de la filosofía griega, como por ejemplo en “El Symposium” y “El Banquete” (Platón) o como lo explican la OMS, la Asociación Psiquiátrica Americana o las organizaciones LGTB en España, Argentina, Colombia, cualquier país asiático o africano, que a decir verdad, cada una lo explica de una manera única y particular, sin por ello lograr definir a quienes en sus espacios se ponen dicho rótulo.

[1] En España se usa maricón para denominar-se en masculino.
[2] Bollera es usado coloquialmente en España para designar-se lesbiana, no se considera despectivo. Originalmente si lo fue; la palabra proviene de bueyera, la mujer que cuida los bueyes, que era una actividad considerada “masculina”; en América Latina se identifica la palabra con la raíz “bollo” (un tipo de bizcocho) y lo asocian a “arepera” o “tortillera” (Torta circular y aplanada hecha con harina de trigo o de maíz), nombre despectivo con el que se denomina a las lesbianas.

sábado, 11 de julio de 2009

Por qué escribir sobre temas LGBTTTIQ-y-Yo

Por Manuel Antonio Velandia Mora
España, Julio de 2009


Apreciados/as amigos/as “Comunidad Colombia LGTB”, agradezco su ofrecimiento para escribir en su página Web, celebro que en Colombia crezca cada día más el interés por informar, educar, promover y defender los derechos de las minorías sexuales (LGBTTTIQ-y-Yo)[1] sin importar el rotulo bajo el cual se identifiquen o los identifiquen; en especial, atrae mi atención su intento de construir comunidad, porque entiendo que desde la misma creación del Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia MLHV (1976), construir común-unidad ha sido difícil.

El hecho de que los(as/es) seres humanos seamos únicos, irrepetibles, dinámicas, historiques e inclusive futuro, es el germen de la contradicción que es igualmente la epigénesis del desarrollo como personas y como parte activa/pasiva de un proceso de construcción ideológica, cultural, social, relacional, política y de muchos otros órdenes que escapan a nuestra posibilidad, pero que igualmente interafectamos, interdependemos, interrelacionamos y cuyas emergencias somos cada uno/a de nosotros/as/es.

Frente al mundo, la realidad, la cosa o cualquiera que sea el tema al que hacemos referencia lo hacemos desde la uni-versalidad, es decir asumiendo que un único verso (discurso, explicación, emoción, experiencia) es posible. Cada ser humano tiene su propia y única explicación y ello conlleva la multiversalidad, a la que debe sumarse la condición propia del lenguaje y es que genera mundos. Cada uno/a de nosotros(as/es) entiende y explica desde sus propios perceptores, herramientas somáticas y exo-somáticas, experiencias, emociones y construcciones conceptuales y lo hace bajo la creencia de que su explicación es verdadera, objetiva y la única posible.

La imposibilidad que muchos/as tienen/tenemos/tengo para aceptar otras explicaciones, vivencias y emociones dificultan la construcción de consensos, acuerdos, procesos comunes; de ahí que sea tan importante la construcción de unos mínimos éticos. La idea kantiana de la dignidad humana como algo valioso en sí mismo, la ética del diálogo basada en el valor del reconocimiento mutuo y un tercer principio fundamental en la actualidad para Occidente, como el valor de la naturaleza vulnerable, "constituyen un buen programa", en opinión de Adela Cortina, "para una ética de los ciudadanos del siglo XXI".[2]

Dignidad, hetero-reconocimiento y validación de nuestra propia vulnerabilidad y de la de los(as/es) demás, son tres principios claves en nuestro devenir actuante/discursante que pretende construir común-unidad. Al reconocernos/los a nosotros(as/es) y a los(as/es) demás como sujetos(as/es) vulnerables estamos validándolos/nos como sujetos(as/es) de derechos, obligaciones y como ciudadanos/as; igualmente reconocemos un horizonte común con los(as/es) otros(as/es) sin diferenciar que sean LGBTTTIQ-y-Yo.

El hetero-reconocimiento conlleva la aceptación del otro(a/e) como un autentico otro(a/e). Maturana[3] sostiene que la aceptación del/la otro(a/e) como un legítimo otro(a/e) es un requisito esencial del lenguaje, porque de no hacerlo el escuchar estará siempre limitado y se obstruirá la comunicación entre los seres humanos. Cada vez que rechazamos a otro ser humano limitamos nuestra capacidad de escucha.

Por su parte Echeverría[4], plantea que es necesario que el acto de escuchar se cimiente en el respeto mutuo, la aceptación legítima de los otros como diferentes a nosotros(as/es) y en la aceptación de su capacidad de tomar acciones en forma autónoma, independiente de nosotros(as/es).

Sin la aceptación del otro, no es posible que se dé el escuchar, en este caso estaríamos avocados a escucharnos sólo a nosotros(as/es) mismos(as/es), a proyectar en los otros nuestra propia manera de ser, y esto sucede cuando:
Se pone en duda la legitimidad del otro;
Se plantea una superioridad sobre el otro sobre la base de la religión, sexo, raza, jerarquía, estatus, etc.;
Se sostiene tener un acceso privilegiado a la verdad y a la justicia;
Se presume que su particular manera de ser es la mejor manera de ser; y
Se olvida de que se es sólo un particular observador dentro de un haz de infinitas posibilidades de observación.

Es así como se evidencia la importancia de desarrollar la capacidad de escuchar de manera efectiva si queremos convivir democrática y solidariamente, más aún si tenemos en cuenta que como seres humanos estamos comprometidos obligadamente con el mundo que vivimos y que no hay escuchar que no esté basado en el futuro de quien escucha.

La dignidad de la persona es el fundamento de los derechos humanos, la clave para ser miembro de la comunidad ética, moral y política. En palabras de Kant, “la persona es un fin en sí mismo y nunca un medio”. Dice Cortina que “No todas las opciones son respetables, sí lo son las que comparten los mínimos de justicia propios de una ética cívica, comprometida con la igual dignidad de las personas”.[5]

Mi llamado a quienes escriben sobre temas LGBTTTIQ-y-Yo es a que lo hagan sobre los tres principios ya citados; a cada uno/a corresponde asumirlos o no, pero sin unos principios éticos mínimos es imposible construir común-unidad.
[1] LGBTTTIQ-y-Yo: Lesbianas, Gay, Bisexuales, Transexuales, Travestis, Transgéneros, Intersexuales, Queers y aquellos otros(as/es) que prefieren asumirse sin rotulo). Colombia es el único lugar en el mundo, que yo conozco, donde se usa el concepto de transgenerista.
[2] http://andandosereno.blogspot.com/2008/03/adela-cortina-estamos-bajo-mnimos-de_09.html
[3] Maturana, H. y Varela –Zoller. (1994). Amor y juego, fundamentos olvidados de lo humano Instituto de terapia cognitiva. Gerda. Santiago.
[4] Echeverría. R. (3ª Ed.). (1996). Ontología del lenguaje. Dolmen Ediciones. Santiago, Chile.
[5] http://www.insumisos.com/lecturasinsumisas/Confesionalismo_laicismo%20y%20pluralismo.pdf